Miles de hermanos en el mundo entero, como cada año, de acuerdo a como se entienden las instrucciones establecidas por Dios en las SS.EE. nos reuniremos próximamente para conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo; sin lugar a dudas, cada grupo con los matices propios que tal vez nos muestran distintos a los ojos de la sociedad, dado nuestra condición humana que no nos ha permitido alcanzar la perfección, ni la santidad que Dios requiere de sus hijos; aun así, lo haremos como está escrito respecto a cada una de las Santas solemnidades establecidas en el reglamento de Culto (Levítico 23).

En aquella noche recordaremos un poco la historia del pueblo afligido por la impiedad de sus opresores, traeremos a nuestra memoria las maravillosas manifestaciones de Dios para darles la libertad del cautiverio egipcio, desde las plagas, pasando por el instante cuando les fuera abierto sendero para que cruzaran el mar en seco, hasta su gloriosa manifestación en el monte de Sinaí, no podrán estar ausentes esos momentos en la larga noche de vigilia que nos espera, pues de alguna manera fueron una suerte de simbología que nos mostraría el Plan de Dios, para señalarnos lo que sería el tránsito de la Iglesias desde su salida del mundo hasta el Reino Milenial. Menos podrá faltar el evocar los últimos días del Ministerio de nuestro amado Salvador, que concluyó tan dramáticamente con su muerte que nos ha permitido a nosotros vivir, conocerle y tener la oportunidad también de alcanzar el conocimiento de su Verdad.

Si bien es cierto «Los guardadores de la Ley» hemos dado un gran paso en la pretensión de restaurar la Verdadera Adoración, existía un propósito de nuestro amado Salvador que con mucha contrición declaró al Padre en oración, pocos días antes de entregar su vida por la humanidad: «…Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que también ellos sean santificados en verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para Que Todos Sean Una Cosa; Como Tú, Oh Padre, En Mí, Y Yo En Ti, Que También Ellos Sean En Nosotros Una Cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo, la gloria que me diste les he dado; Para Que Sean Una Cosa, Como También Nosotros Somos Una Cosa…«

La meta del pueblo de Dios siempre está un paso más delante de lo que nosotros creemos; la lectura de la historia de Israel, ilustra con claridad que debemos darnos cuenta que no nos debemos detener, la meta final es el Reino de Dios la puerta está en el trascender a la muerte, vencer el pecado en nosotros. Cuando Israel salió de Egipto, aun no estaba libre y la libertad absoluta no la iban a obtener si Dios no estaba con ellos; esta fue la única manera que les permitió el mar en seco: ¡Dios estuvo con ellos! y fueron libres una vez , después de largos años de angustia en el desierto por fin llegaron a la tierra prometida, el milagro de la caída de los muros de Jericó, nuevamente se debió a que ¡Dios estuvo Con ellos! no existe otra forma; pero para eso debemos contar con Dios, y para lograrlo, el consejo de su palabra nos enseña: Estad en mí, y yo en vosotros.»…Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto: Porque Sin Mí Nada Podéis Hacer..«. Nosotros debemos permanecer haciendo su voluntad; Varias cita, como el Salmo 50 del versículo 7 en adelante, nos señalan que no basta con Las Santas Convocaciones y naturalmente el propósito de nuestro Señor «…Que También Ellos Sean En Nosotros Una Cosa…» era una orden para con nosotros su Iglesia, para los que guardamos sus mandamiento y tenemos el testimonio de Jesucristo. En algunas partes de Europa, Estados Unidos, Centro y Sud América incluso, algunas Iglesias protestantes ya se han unido al catolicismo, respondiendo a un llamado el Papa, que cualquiera puede encontrar en Internet. La pregunta entre nosotros es ¿No pueden del mismo modo los líderes de las Iglesias Guardadoras de La Ley , considerar entre sus planes de trabajo bajarse de sus estrados y considerar este pensamiento de Nuestro amado Salvador?

En diferentes partes del mundo se están oyendo el pregón de La Verdad, pequeños grupos están surgiendo de manera impensada, muchas personas se están dando cuenta que han sido engañados y esto es obra de Dios, por esto es importante que dentro de las Iglesias surja al fin el propósito de nuestro Señor como una bandera de combate que nos dejemos de predicarnos a nosotros mismos, dejemos de sentirnos jueces de la sociedad y juntemos ahora a conversar de las cosas que nos unen y roguemos por nuestros ministros para que se atrevan a sentarse conversar de las cosas que han separado a nuestros grupos y aunque cada cual siga en su Iglesia; todas estas comunidades juntas hablen una cosa y seamos en verdad una cosa para Dios y delante de la sociedad. La Iglesia de Dios está en pie en el mundo entero unámonos para trabajar en restablecimiento de la verdad y como Cristo lo dijo: «…Para Que El Mundo Crea Que Tú Me Enviaste…» Obvio ¿No? Si no somos capaces de unirnos, de conversar entre nosotros de humillarnos bajo la potestad de su Palabra ¿Cómo creerá la sociedad en nuestra fe? ¿Cómo podrá verdaderamente manifestarse Dios entre nosotros?

Sin Comentarios

Comments are closed.