(DIOS EN LAS SS.EE. II)

La particularidad del uso del nombre en  la cultura primitiva hebrea es un hecho destacado en las SS.EE. que naturalmente requiere la atención de quienes estudiamos la Biblia, porque nos ayudará a comprender mejor las diferentes doctrinas de las Escrituras. En el tema que nos preocupa, la Palabra de Dios, muestra que el nombre estaba estrechamente ligado con el propósito de existencia del individuo y era, por lo tanto, una señal del carácter del nominado; así lo podemos comprobar al leer la Biblia desde los comienzos de sus relatos. Era tan importante este hecho, que las personas que de alguna forma se descalificaban por sus acciones, la amenaza era que su nombre iba a ser borrado de la memoria de la sociedad. Uno de los ejemplos más emblemáticos que podemos traer a colación, aunque no es el primero ni el único caso; lo podemos leer en Génesis 17  sobre Abran y Sarai que, al entrar en comunión en los planes de Dios,  sus nombres fueron cambiados por los de Abraham y Sara. Entre otras situaciones que refuerzan este principio está la de Jacob, cuyo nombre fue cambiado por Dios a Israel (Gen. 49: 2, 7, 24), o el caso de Oseas que fue cambiado a Josué (Números 13:16).

También en las escrituras griegas existen casos de nombres cambiados de algunos discípulos, cambios que fueron realizados por nuestro propio Señor Jesús como, por ejemplo el de los hermanos Jacobo y Juan (Marcos3:17), o el de Pedro (Juan 1:42) etc.

Bajo este principio universal debemos entender también el de los nombres del Hijo de Dios; en el libro de Juan aparece una gran revelación a partir del versículo 1 del primer capítulo, que señala que: «…En el principio ERA EL VERBO, y el Verbo ERA CON DIOS Y EL VERBO ERA DIOS…»  Luego el versículo 14; nos dice que (…) AQUEL VERBO fue hecho carne y habitó entre nosotros

¿Cuál es la importancia de esta revelación?  No hay que hacer un gran esfuerzo intelectual para entender lo que nos revela la Palabra: EL VERBO ERA EL HIJO DE DIOS. Entendiendo  que no es una conclusión antojadiza, sino lo que nos dicen las Escrituras textualmente, retomemos el  relato del versículo 1, de acuerdo a lo que nos aclaró el versículo 14 respecto a que Jesús es el Verbo. Entonces, la lectura quedaría así: «… EN EL PRINCIPIO ERA JESÚS, Y JESÚS ERA CON DIOS, Y JESÚS ERA DIOS…».  Aquí está escribiendo el Apóstol Juan inspirado del Espíritu Santo, la  revelación que recibió de cómo fueron los sucesos en el principio. El relato dice que en el principio el Hijo de Dios estaba presente, pues Él era el VERBO y este VERBO ERA DIOS. No dice que era un ángel  u otro tipo de ser viviente, la cita bíblica dice que ERA DIOS y nosotros no podemos decir otra cosa. El versículo siguiente lo reafirma con mucha claridad. Ahora debemos entender ¿por qué en el principio se le llama al Hijo de Dios el VERBO y no JESÚS?

Es aquí donde entra en juego la necesidad de entender la situación del uso  del nombre en la cultura hebrea antigua. Esto es absolutamente comprobable con el nombre bíblico y, particularmente notorio, en el caso del Hijo de Dios. A través de la historia de la humanidad, El Hijo de Dios ha cumplido diferentes roles de acuerdo a la voluntad de su Padre. El término «VERBO», corresponde a la traducción de la voz griega LOGOS (el idioma en que fue escrito la totalidad del Nuevo Testamento), que se traduce en términos filosóficos como una declaración profunda acerca de la naturaleza y función del Hijo de Dios, entendida como la razón que causa que todo exista, que tiene la autoridad de regir el universo, que hace posible que el Universo exista (función creadora) y dispone las reglas que lo controlan, entonces podemos entender la dimensión de este nombre y sus atributos inherentes: “El Creador” y la PALABRA que proviene de Dios el Padre, el conocimiento que se nos declara a través de Su Hijo; pues ésta es, exactamente, la función que en el principio de los tiempos de la humanidad le correspondió asumir al Hijo de Dios. Estaba escrito que el hombre mortal en su pecado, no podía ver a Dios, el Padre, ni oirá su voz (Juan.   5:37) de modo que su Hijo, como nosotros le conocimos más tarde, sería quien nos haría oír las disposiciones divinas para  la humanidad. Nuestro propio Señor habría de declararlo: «EL QUE HA VISTO AL HIJO HA VISTO AL PADRE…» (Juan. 14: 7-9)  El relato bíblico lo nomina EL VERBO, porque a esta altura del tiempo le corresponde ser LA VOZ DE DIOS, EL  MENSAJERO DEL PADRE, para la humanidad.

En el nacimiento de  la historia de Israel se nos presenta un relato que  origina el problema siempre presente de las traducciones bíblicas desde sus idiomas originales; en la traducción al español del capítulo 3 del libro del Éxodo, nos plantea  la siguiente situación: El pasaje escrito por Moisés inspirado por el Espíritu Santo de Éxodo 3:2, en español se lee así: “…Y apareciósele el Ángel de Jehová en llama de fuego en medio de una zarza…”  Analicemos este verso de la misma perspectiva que es visto por quienes no aceptan reconocer la presencia del Hijo de Dios, como Dios en esta aparición, ni en general en las Escrituras Hebreas, según lo cual: quién se aparece en este relato, es “un Ángel de Jehová”, ¡no Jehová!, sino, “Un Ángel de Jehová”, en medio de la zarza.  Luego, en el versículo  6, el “Ángel de Jehová”, le dice a Moisés: “YO SOY DIOS, el Dios de tus padres. ¿No parece extraño que un ángel”, se autodenomine Dios? Luego, en el versículo 14 se identifica para Moisés como: “YO SOY, EL QUE SOY”,  que como se sabe, resulta de la traducción del hebreo a nuestro español, El Ángel  le estaría diciendo a Moisés QUE  ÉL HA EXISTIDO POR SIEMPRE, Y QUE SU NOMBRE ES YHVH,  entonces le pregunta que huelga es: ¿Quién verdaderamente hablaba con Moisés? Vistas las declaraciones desde esta  perspectiva saltan a la vista tres contradicciones que  desacreditan todo el valor de la Palabra de Dios, que establece que:

  1. La Divinidad, es una forma de vida diferentea los ángeles.
  2. La existencia sempiterna, sólo es una virtud de Dios,no de los ángeles, de manera que, de acuerdo a las Escrituras, no hay ángel que haya existido eternamente.
  3. La declaración de este ser, en consecuencia, si es un Ángel, contradice la Palabra de Dios, pues  la Divinidad es la única forma de existencia que tiene la capacidad de generar vida de la nada. 

Esto no puede pasar desapercibido para alguien que estudia las Escrituras guiado por el Espíritu Santo: ¿Cómo puede un ángel atribuirse virtudes que solo a Dios pertenecen? Esto requiere una explicación y la explicación es que la palabra  “Malaj” traducida del hebreo (Malak) significa Mensajero; y fue traducida incorrectamente al español como “ángel”. Ahora bien, si volvemos a revisar estas mismas Escrituras ateniéndonos al principio donde aparece la nominación “El Ángel de Jehová” leemos “El Mensajero de Jehová”, tendríamos la misma declaración de la siguiente manera: “…Y apareciósele “El  Mensajero de Jehová” en llama de fuego en medio de una zarza…”  Siendo esta una declaración correcta, de acuerdo a la Biblia, también requiere de otras precisiones, como por ejemplo, que el artículo El que antecede a la palabra “mensajero” determina la singularidad del mismo, de otra manera Moisés hubiera escrito  “apareciósele un  mensajero de Jehová”. De manera que debemos concluir que este “Mensajero de Jehová”, era un ser singular que se presenta en esta ocasión descrito por Juan en el primer capítulo de su libro y que se presenta a Moisés para entregarle la misión específica  de conducir a  Israel a la libertad.

Corroborando todo esto, en el capítulo 6 del libro del Éxodo, estando ya Moisés en Egipto, nuevamente Jehová, el Mensajero, vuelve a comunicarse con él, en los siguientes términos: “…Habló todavía Dios a Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ;   Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi         nombre JEHOVÁ no me notifiqué a ellos.  Y también establecí mi pacto con ellos, para darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron extranjeros, y en la cual peregrinaron.   Y asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios,  y heme acordado de mi pacto.  Por tanto dirás a los hijos de Israel: Yo JEHOVÁ; yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes:  Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios: y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os saco de debajo de las cargas de Egipto:   Y os meteré en la tierra, por la cual alcé mi mano que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob: y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ…” A partir de entonces comienza ahora actuar Dios en la historia bíblica bajo su Nombre Divino.

Tras todo lo que hemos visto sujetos a la revelación bíblica, se establece en las SS.EE, que desde el principio mismo  cuando el Padre decide habilitar la tierra para la existencia de la humanidad (Génesisi1); el Hijo de Dios estaba presente y no como un simple espectador o colaborador, según lo revela el apóstol Pablo en su carta a Timoteo, en la Iglesia de Colosas hablando sobre el Hijo De Dios: “…El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten….”  A muchas personas les puede parecer equívoca o extrañas estas declaraciones,  sobre todo cuando estamos afirmando que Jehová obrando en el período del Primer Pacto sea el Hijo y no el Padre, principio que corrobora la siguiente situación bíblica:

En el capítulo 17 del Éxodo, Moisés relata el  momento que el pueblo de Israel tras la décima jornada en el desierto llega a Rephidim y se revela contra Moisés por la carencia de agua; entonces Moisés presenta la situación delante de Jehová: “… Y Jehová dijo a Moisés, pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel;  y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río y ve: HE AQUÍ QUE  YO ESTOY DELANTE DE TI   allí sobre la Peña de Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas y beberá el  pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel…”  Aquí estuvo Jehová-Dios, delante del pueblo tal como le fuera dicho a Moisés, que les habría de acompañar en toda su travesía hasta llegar a la Tierra prometida; veamos ahora como toca tangencialmente este momento, el apóstol Pablo en el capítulo 10 de la 1ª Carta a Los Corintios: “…Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron la mar; Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar;  Y todos comieron la misma vianda espiritual; Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, Y LA PIEDRA ERA CRISTO. Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto…”

Indudablemente, no podemos ignorar que, hoy por hoy, las iglesias con poder económico suficiente y  sin el Espíritu de Dios, están editando sus propias versiones de la Biblia, según se dice para modernizar y aclarar los términos de la Palabra revelada: pero finalmente resulta que estas supuestas aclaraciones hacen cada vez más difícil entender que sea Dios el inspirador de las SS.EE. pues el resultado es confusión y ocultamiento de la Verdad de Revelada

En el tema que nos preocupa,  ha resurgido la antigua discusión respecto a QUÉ y QUIÉN es realmente  el Hijo de Dios.  En el capítulo 1º del evangelio de Juan, los Sacerdotes, levitas y fariseos conscientes de la existencia de la profecía que hablaba del advenimiento del Mesías, mandaron a  preguntar sobre Juan Bautista;  Quién era realmente él; y la respuesta no se hizo esperar:”… Y sacerdotes y levitas, enviaron de Jerusalén que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?  Y confesó, y no negó; confesó que no era el Cristo.  Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú profeta? Y respondió: No. Le dijeron: ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo Soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta…” (Juan 1:19-23) ¿Cómo expresó originalmente, esto mismo el profeta Isaías? Veámoslo luego en el capítulo 40:3, de su libro: …Voz que clama en el desierto; barred camino a Jehová, enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios…”

En la respuesta de Juan Bautista a los enviados del Sanedrín, él se identifica como La Voz que clama en el desierto” y declara que su labor era preparar el camino para el Señor que vendría detrás de él: El profeta Isaías habla de “La Voz que clama en el desierto” pero no habla de preparar el camino a un señor, sino dijo específicamente: “Barred el camino a  Jehová, nuestro Dios. 

Es impensable imaginar que Juan Bautista estuviera asumiendo un nombre en la historia que a él no le perteneciera, pues esto significaría que el advenimiento del Hijo de Dios no tenía nada que ver en el mensaje de Isaías: Juan Bautista, Él era la Voz, anunciada por Isaías, y el Hijo de Dios, anunciado como Jehová era entonces el Hijo de Dios, en esta nueva etapa de su existencia eterna ahora como Jesús ¿Qué error puede haber en esta declaración para no aceptar la verdad?

Por supuesto esa no fue la única profecía de Isaías respecto del advenimiento del Hijo de Dios: En otra revelación respecto a su nacimiento y posterior reconocimiento principalmente por la gente humilde de Jerusalén,  el  profeta Isaías anuncia  quién era El Mesías y el momento de su aparición (Isaías 9: 6) quien en su pregón dijo: «Un niño nos es nacido; Hijo nos es dado; y llamarase su nombre Admirable, Consejero, DIOS FUERTE, Padre Eterno, Príncipe de paz…» Algunos enseñadores explican que esta profecía se refiere a Zorobabel; y es posible que Zorobabel, gobernador de Jerusalén en el tiempo del yugo Persa, pueda haber sido llamado Admirable, Consejero y aún Príncipe de paz, pero pensar que fuera llamado DIOS FUERTE o PADRE ETERNO por  un profeta de Dios o por los propios Judíos es simplemente una aberración, por decir lo menos, de modo que esta profecía no puede referirse a Zorobabel.

Otro antecedente importante que nos entrega la Palabra de Dios respecto a la sempiterna existencia de nuestro Señor Jesús fue revelado al profeta Miqueas, contemporáneo de Oseas e Isaías, que brevemente en su profecía revela el lugar de nacimiento: » Mas tú Betelehem  Ephrata pequeña para ser en los millares de Judá, de ti saldrá el que será Señor de Israel, Y SUS SALIDAS SON DESDE EL PRINCIPIO; DESDE LOS DÍAS DE LA ETERNIDAD (Miqueas. 5:2)  Lo particular de esta declaración es que el profeta señala el lugar donde nacería el Salvador de la humanidad y luego destaca su origen sempiterno. No existe en el relato bíblico otro personaje  que calce con estas condiciones anunciadas como no sea nuestro propio Señor Jesucristo. 

Siglos más tarde en el momento de la aparición del ángel Gabriel a María (Lucas 1:26), el relato bíblico dice textualmente: «…Y llamarás su nombre Emmanuel que declarado es CON NOSOTROS DIOS…” El ángel enviado del Padre estaba revelando a María que EL HIJO que nacería por obra del Espíritu Santo, sería DIOS en medio de la humanidad. Más tarde, el Apóstol Juan declararía: «…empero sabemos que el HIJO DE DIOS es venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero en su Hijo Jesucristo. ESTE ES EL VERDADERO DIOS y la VIDA ETERNA. Hijitos, guardaos de los ídolos (1ª-Juan 5:20)

Debemos aceptar que en esta cita el apóstol no se está refiriendo al Señor Jesús en forma tangencial, pues a partir del cap. 4 está refiriéndose directamente a la necesidad de aceptar al Señor Jesús como el HIJO DE DIOS ENVIADO, cosa que le costaría bastante aceptar a los Judíos y concluye exponiendo textualmente que JESÚS ES VERDADERO DIOS, aun cuando en jerarquía, naturalmente, es inferior a DIOS EL PADRE.

De este modo las SS.EE. afirman que JESÚS ES DIOS. Por otra parte, la cita de Éxodo cap.3, determina las tres características que distinguían al Dios Verdadero, de los «demás dioses del mundo pagano»: YHWH EL DIOS ES INCREADO, CON EXISTECIA ETERNA, Y CON EL PODER DE LA VIDA EN SÍ MISMO. Pues bien, el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 7:1-3 Y 17 dice textualmente acerca de nuestro Señor Jesús: «…Sin padre (en su función de Melchisedec), sin madre, sin linaje; QUE NO TIENE PRINCIPIO DE DÍAS, NI FIN DE VIDA…».

Juan el Teólogo, inspirado por el Espíritu Santo, escribe lo que le fuera revelado por el Hijo de Dios al presentársele en las visiones del libro de Apocalipsis, estando preso en la isla de Patmos, con las siguientes palabras: «YO SOY ALPHA Y OMEGA, PRINCIPIO Y FIN, QUE ES, QUE ERA Y QUE HA DE VENIR…» (Apocalipsis 1: 8 Y 11)

Entre otras muchas escrituras al respecto, estas dos últimas citas nos muestran que el Señor Jesús poseía esta cualidad que SOLO ES PROPIA DEL GENERO DIOS, esto es, LA VIDA ETERNA; tal como Él mismo lo declarara cuando dijo: «Yo soy el camino la verdad y LA VIDA…» (Juan.14: 6) El Apóstol Juan más tarde da cuenta de otro testimonio de Jesús frente a los fariseos que procuraban matarlo:«… Vendrá hora y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y LOS QUE OYEREN VIVIRÁN; porque COMO EL PADRE TIENE VIDA EN SÍ MISMO, ASÍ DIO TAMBIÉN AL HIJO QUE TUVIESE VIDA EN SÍ MISMO  (Juan. 5:26)

Tenemos entonces que JESÚS ES DIOS,  como lo demuestran las Escrituras, Él posee las cualidades distintivas que sólo en el Género de vida de la Divinidad se dan y éstas son: UN SER INCREADO, QUE TIENE VIDA EN SÍ MISMO Y QUE HA EXISTIDO POR SIEMPRE. A pesar de los claro de estas escrituras algunos enseñadores sostienen que la cita del Apóstol en Colosenses cap.1-15  prueba  que Jesús es un ser creado, pues se le denomina el PRIMOGÉNITO de toda criatura. De acuerdo a un análisis semántico, si primogénito «es quién abre la matriz» Jesús lo fue sobre todos sus hermanos carnales; indudablemente, Él fue el primogénito de su familia carnal, pero cuando el Apóstol Pablo habla de su primogenitura, particularmente en la carta a los Colosenses, lo está haciendo respecto a la familia espiritual. Por esto afirma que Jesús es el primogénito de todos nosotros. ¿De qué manera es el Señor Jesús el primogénito si antes que él hubo tantos fieles? La respuesta la da el propio Apóstol Pablo cuando explica en  el versículo 15,  que Jesús es el PRIMOGÉNITO y más adelante aclara que el Hijo de Dios levantado de entre los muertos es EL PRIMOGÉNITO DE LOS RESUCITADOS A VIDA ETERNA.  Esto es lo que enseñan las Escrituras: Jesús es EL PRIMOGÉNITO DE LOS MUERTOS QUE RESUCITARÁN PARA VIDA ETERNA… «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con el Padre por la muerte de su Hijo; mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su resurrección…»  (Colosenses 2:18)

Otros antecedentes al respecto se señalan textualmente en muchos pasajes de la Biblia, como por ejemplo: «…Él (Nuestro Señor Jesús) es antes de todas las cosas y por Él todas las cosas subsisten (Colosenses 1:16-17) Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que es hecho fue hecho (Juan 1:3) Porque por Él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado POR Él y PARA Él…»

El Espíritu Santo en la Divinidad.

 La apropiación de la iglesia romana de la forma y el contenido que encierra la historia del “cristianismo” proveniente del establecimiento del Nuevo Pacto establecido por Dios con la humanidad  tras la muerte de nuestro Señor Jesucristo; ha traído  consigo una serie de conceptos y doctrinas que poco o nada tiene que ver con la herencia teológica heredada de La Iglesia Primitiva; y claramente establecidos en las SS.EE. Entre estas enseñanzas está el concepto que se tiene sobre el Espíritu Santo,  que habla de éste como una tercera persona de la Divinidad; una doctrina que se hace necesario analizar de la verdadera fuente de la revelación divina.

Lo más básico es  comprender el término “Espíritu Santo” tanto desde la perspectiva etimológica como  de la perspectiva teológica contenida en las SS.EE.   Desde la etimología podemos extraer diferentes definiciones de este concepto de acuerdo al contexto donde encontramos la palabra, en algunos casos, por ejemplo, se habla del carácter de alguien en relación al espíritu, estado de ánimo o sentimiento, también es posible encontrarlo en enología como el espíritu del vino, o el espíritu de algunos destilados.ets.

En teología vamos a referirnos específicamente al Espíritu Santo; el don sobrenatural que Dios concede a algunas personas, o la virtud que  alienta al ser humano converso,  a obrar de acuerdo a la santidad en todos los aspectos de su vida. En las escrituras hebreas el término  que se usa para “espíritu” es “Rûach”, y aparece 377 veces en ellas,  en la mayoría de los casos se traduce como «espíritu», «viento» o «aliento» (Génesis. 8:1), En las escrituras neotestamentarias la palabra griega utilizada es “Pneuma”, para designar al Espíritu de Dios, y obviamente tiene los mismos significados acordes con el hebreo (Juan 20: 11 y12; 1ª Co. 2:11 y 12;  He. 2:4; 1ª Pedro 1:12; 2ª Pedro.1:21; etc.). Uno de los principios bíblicos importantes a considerar es que la manifestación material del Espíritu Santo en las escrituras,  lo muestra como llamas de fuego, como viento (Hechos 2 1-3), como voces(Juan 12:27-30) como una fuerza física sin precedente (Jueces14:6), como entrega de sabiduría para determinada labor (Jueces3:10); pero nunca como una persona, de manera que esto hace caer definitivamente la enseñanza de La Divinidad  representada por tres personas distintas (o  Trinidad) esto naturalmente no significa que estemos diciendo que éste no exista, pero debemos entender que  no podemos hablar de una persona perteneciente a la divinidad, y la diferencia con el Padre y el Hijo radica en que siendo ambos Espíritus(Juan 4:24) ambos tienen la capacidad de materializarse como personas. La importancia de entender la doctrina de la Divinidad, particularmente en  lo que concierne al Espíritu Santo, fue revelada   por nuestro propio Señor Jesús en el capítulo 16:1-14 de los escritos de Juan, sin embargo, uno de los principios más relevantes  lo podemos finalmente leer en el capítulo 12:31 y 32 de Mateo en las propias palabras de nuestro Señor: Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres: mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada a los hombres. Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero.

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