La verdad sobre El Origen del Mal

Las personas pueden creer o no respecto a que  las citas de Isaías 12, o Ezequiel 27, en lenguaje figurado explican la rebelión del Arcángel Luzbel, pero lo cierto es  que nadie puede negar que con  su rebelión aparece el concepto del mal en la historia que nos presentan las SS.EE. Comenzar a leer la Biblia, es poner en orden muchos principios y conceptos   con que Dios trazó el camino para que el Hombre pudiera llegar a la meta diseñada como razón de su existencia.

“El cristianismo actual” ha sustentado muchos de sus dogmas de fe en las  enseñanzas del catolicismo romano que llegó a América, junto con el descubrimiento y la conquista española y por cierto levantó la figura de Satanás como el culpable de nuestros pecados y maldades.

Las primeras imágenes del mal que nos entregan las Escrituras las encontramos en Génesis 2: 15-17, cuando Dios establece la primera pareja humana en el Jardín del Edén:”…Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás…” 

Cuando Adán y Eva llegan al Paraíso se comienza a tener noción de la vida, como una potencialidad accesible, representada en el árbol que estaba en el medio del huerto; y el bien y el mal representado simbólicamente en otro; sin embargo, es necesario tener claro cómo se desarrollaría la confrontación de esta suerte de fuerzas cósmicas antagónicas que han marcado por siglos el devenir de la humanidad. En el libro del Génesis, Moisés en el capítulo 3:1 al 11, aclara los siguientes hechos:”…Empero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto?  Y la mujer respondió a la serpiente: del fruto de los árboles del huerto comemos; mas del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal…” 

La Biblia entrega  el relato de la trasgresión de los primeros padres, obviamente bajo la intervención de Satanás; y todos de una u otra manera, con esta visión, hemos convertido a Satanás en el culpable de nuestros errores y pecados, olvidándonos  que hemos  sido dotados del libre albedrío y que las razones y consecuencias de nuestras decisiones no son más que nuestras. Esto aunque mirado aquí desde una perspectiva simple, obviamente se proyecta a toda la humanidad, en todos sus estratos sociales y  nos ayuda a entender el caótico mundo en que vivimos, donde Dios tiene muy poco o ningún lugar, en la mente de las personas.

La prueba de esta aseveración la encontramos en el diálogo de Dios con Adán y Eva, en Génesis 3, cuando escondidos y enfrentados a su realidad, burdamente trataron de evadir su responsabilidad culpándose entre los tres: Leamos la cita: “…Y dijo Dios al hombre: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí…”

Lamentablemente para  ellos, y como lección para nosotros, Dios actúa de manera diferente: recibieron una orden, la comprendieron y luego escucharon la voz del mal y tomaron una decisión incorrecta, pero al momento de enfrentar las consecuencias, cada uno sintió que no tenía la culpa; pero Dios no aceptó sus excusas. Siglos más tarde, los dirigentes religiosos de Judá, que tenían mucho que ver con la corrupción del pueblo, miraban a los discípulos de Jesús comer pan sin lavarse  las manos, y eso para ellos era un pecado venial; entonces Jesús los puso en su lugar, y luego  le explicaría a los discípulos  lo que ellos no alcanzaban aun

a comprender con las siguiente palabras “…Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que de él sale, aquello es lo que contamina al hombre. Si alguno tiene oídos para oír, oiga… Dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre…” (Marcos 7)

Nadie mejor que Jesús para entender la existencia y responsabilidad de Satanás en el origen del mal en el universo, Él conocía todos los hechos, lo que corrompió a la tercera parte de los ángeles (Apocalipsis 12:9) y a Luzbel mismo.  Satanás se presentó ante Jesús en los días de su ayuno momentos antes de comenzar su ministerio y no pudo hacerlo claudicar. En los hechos que relata Marcos,  nuestro Señor Jesús, enfrentando a los fariseos y sus secuaces, nos deja  claro que las trasgresiones a la Ley de Dios en que caemos  tanto en lo que respecta a la Ley de la adoración, como en las leyes sociales y morales  tienen que ver, no con Satanás, sino con lo que cada uno es en esencia, por sobre nuestras apariencias  e ínfulas de santidad. Más tarde así como Jesús planteó esta verdad tan elemental entre los discípulos que serían la base de la Iglesia en el Nuevo Pacto, el Apóstol Pablo  dirigiéndose a la Iglesia en Roma,  resume la historia del origen del mal y sus consecuencias diciendo: “…así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así pasó la muerte a todos los hombres, pues todos los hombres pecaron…”

Pablo el siervo de Dios, encargado de abrir la puerta para hacer fluir la sabiduría de Dios encerrada en el pueblo de Israel a la humanidad entera;  fariseo de fariseos, como el mismo lo dijo; pudo comprender perfectamente la gran revelación que tiene que ver con el mal en su exacta dimensión y trágica carga que había recaído sobre el Hombre no como una piedra fácil de esquivar en su camino, sino como parte  de su propia esencia y lo hace terminar   confesando con mucha honestidad: “… Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? …” (Romanos (7:18-24).

Cuando los ojos de toda el mundo creyente indica a Satanás como culpable de todos los males de la humanidad y de sus propios pecados, el apóstol  Pablo, sin estar haciendo una apología sobre el demonio; y partiendo de conocerse a sí mismo, nos está señalando el camino correcto, para que nadie tenga más alto concepto de sí que el que corresponda y que si bien Satanás es el origen mismo del mal, cada persona con el libre albedrío que Dios ha concedido, deberá buscar el camino correcto teniendo en sus manos las SS.EE., el manual que lo señalará , sin temor a equivocarnos.

Se puede creer o no en la Palabra de Dios, más aun, se puede creer o no en Él, y Dios lo entiende y nos abre la posibilidad de descubrirlo cuando nos dice en su Palabra: “…Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables …”  (Romanos 1:20)

Cuando Dios declara su condena a Eva a causa de su desobediencia le dice: “…Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos…”  ¡Cuánto se ha desarrollado la ciencia hoy en día, y particularmente la medicina, pero cada vez que nace un niño en el mundo ahí se cumple la sentencia de Dios!

Otro testimonio importante de su existencia y el cumplimiento de su Palabra surgirá para nosotros al comparar la historia de un pueblo y un relato de las SS.EE.:

En el año 1945, termina la segunda guerra mundial y después de esta catástrofe, la humanidad entera pudo conocer la realidad vivida por 6.000.000 de judíos: ancianos, niños mujeres y hombres. Por cierto hubo muchas víctimas más, de muchas nacionalidades, pero por alguna razón especial, los ojos del mundo se fijaron en el remanente del pueblo de Dios; porque así estaba profetizado que pasaría por su rebelión desde los días de Moisés y la humanidad entera lo iba a conocer: “…Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano… Y tendrás tu vida como colgada delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida. Por la mañana dirás: ¡Quién diera fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos…”

Estas cosas pasaron tal como estaban escritas, pero no fue todo lo que Dios anunció, también dijo: “…Mi lengua se pegue a mi paladar, Si de ti no me acordare; Si no ensalzare a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría…” Israel hoy con una superficie no mayor que la región más grande del norte chileno, pudo convertir el desierto que le asignara la ONU en un vergel y  hoy es una de las naciones pioneras en tecnología agrícola, en educación, en medicina, etc. a pesar de toda la odiosidad que le rodea cada día que amanece: “…Porque la boca de Jehová lo ha dicho…”

 

                             

Sin Comentarios

Comments are closed.