Aunque Ud. no lo crea téngalo presente (1°PARTE)

La Biblia es uno de los escritos más importantes de la literatura Universal. En la actualidad ha sido traducida a más de 2000 idiomas y dialectos, y por citar un ejemplo que corrobora la primera aseveración; la Sociedad Bíblica Americana fundada a comienzos del siglo XIX; había editado más de 7.500.000 de ejemplares de la Biblia; casi un ejemplar por cada habitante del Planeta; de acuerdo a estadísticas tomadas en la década del 80. Las Sagradas Escrituras comienzan a generarse en el desierto de Sinaí en los días que habiendo salido Israel del cautiverio egipcio marchaban en pos de la Tierra Prometida. Fue en esta ocasión, cuando Dios ordenó a Moisés establecer un registro escrito de todas las instrucciones que le estaba revelando (Éxodo 34:27); Sin embargo, a pesar de lo tardío de su aparición, respecto a su contenido, el relato bíblico comienza en el tiempo del ordenamiento de la tierra y el origen de la vida en el planeta, situaciones de la que Moisés obviamente no fue testigo; sin embargo, el Espíritu Santo de Dios que inspiró estos Escritos, le reveló las verdades para que la humanidad comprendiera los hechos desde el principio, asunto que confirma los propósitos de Dios para con sus hijos de acuerdo al texto de su palabra que dice que: “…Dios no dejara nada que no revelará a sus siervos los profetas…” Las SS.EE, a través del Apóstol Pablo en la carta a los Efesios en el primer estaba dispuesta la existencia del hombre, y es desde   ese momento en que Dios se dispone a ejecutar su plan; cuando Moisés inicia sus escritos en el libro del Génesis; que, antes de la fundación del  mundo capítulo; declara estableciendo que: “…En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas…” Desde una perspectiva más crítica de esta primera aseveración, corresponde aclarar algunas situaciones; pues siendo Dios perfecto, no pudo haber creado la tierra en un estado caótico y vacío, que son los términos usados en las escrituras hebreas cuando se refieren a este pasaje. Al buscar en ellas algún relato que nos señale con claridad si tal comienzo fue así; llegamos al diálogo de Dios con Job, cuando éste enfrentaba aquellos momentos de crisis que relata el libro que lleva su nombre.  En medio de esta dramática situación que le correspondió vivir; Dios lo enfrenta preguntándole: “… ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.  ¿O quién puso su piedra angular, cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios…? (Job 38:2-7)   Por cierto, en este momento, todavía no existía vida en nuestro planeta, y aquellas estrellas que alababan y los hijos de Dios que se regocijaban eran seres celestiales. Nadie puede discutir que todas las cosas descritas en que se manifestaban aquellos seres, correspondían al regocijo que sentían al ver una obra perfecta. Génesis, 1:1, se cita entonces, este momento; En cambio, el versículo 2 nos muestra la tierra en un estado de caos y confusión, que es cuando Dios comienza “El Período de ordenamiento de la Tierra”, con la aparición de “La Luz” entre las tinieblas en que se encontraba el planeta. En consecuencia, se originan espacios de tiempos determinados, estableciendo un paréntesis en medio de la eternidad cuando las Escrituras señalan que: “…fue la tarde y la mañana, un día…”; El primer día de una nueva era. El origen de la creación, se puede leer en el Libro de Nehemías capítulo 9:6. “…Tú, oh Jehová, eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, y toda su milicia, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas y los ejércitos de los cielos te adoran…” Desde el versículo 6 al 13 de Génesis 1, se revela que Dios ordenó, en medio de ese caos, los espacios físicos, para poder distinguir el cielo, el mar y la tierra. El salmo 104, que también aclara este asunto, comienza aludiendo el momento del origen de la tierra así: “…El fundó la tierra sobre sus bazas, no será jamás removida, con el abismo como vestido la cubriste…”  luego describe la situación planteada en el versículo 2 de Génesis y las siguientes acciones Dios, cuando se disponía a crear la vida en el planeta “…Sobre los montes estaban las aguas a tu represión huyeron, al sonido de tu trueno se apresuraron; subieron traspasarán ni volverán a cubrir la tierra…” Luego, ornamentó la tierra, dando vida al reino vegetal. Toda esta labor se desarrolló entre el tercer día, contabilizados de puesta de sol a puesta de sol.

Durante el cuarto día, el sol la luna y las estrellas resplandecieron en el firmamento por orden de Dios. Al llegar al quinto día, Dios genera la vida en las aguas y también las aves de los cielos, dándoles la potestad de multiplicarse sobre la faz de la tierra. En el sexto día, la vida animal surge en el planeta por la voluntad divina, y al final del mismo, Dios da curso a su objetivo final en el propósito de existencia del planeta; situación que Moisés narra de la siguiente manera:  “…Y dijo Dios, hagamos al Hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que andarás arrastrando sobre la tierra, y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo crio…”  Hasta este punto el registro bíblico no señala en qué lugar del planeta, Dios estaba llevando a cabo esta obra, sin embargo, al llegar al segundo capítulo aparece al fin una referencia al respecto: “…Y había Jehová Dios plantado un Huerto en Edén al oriente; y puso allí al hombre…” Aquí las SS.EE. Mencionan, la tierra de “Edén”; y luego explica que: “…salía de Edén un río para regar el huerto y de allí se repartía en cuatro ramales…” cuando la escritura menciona al río Éufrates entre los ríos que circundaban el Edén, nos encontramos en condiciones de ubicar el lugar geográfico del primer asentamiento humano; pues toda esta descripción sitúa el relato en lo que hoy conocemos como la región de Asia menor,  en las tierras de la antigua Armenia, Asiria y Babilonia De acuerdo a la información bíblica este fue el hábitat del hombre en  los primeros 16 siglos de la historia de la humanidad. Al crear Dios la humanidad, obviamente no era su voluntad que ésta se dividiera y que solamente algunos alcanzaran su buena voluntad.  Génesis 1:31 afirma que Dios observó todo lo que había hecho al tiempo de crear al hombre en la tierra y concluyó “… He aquí que todo era bueno en gran manera…”. Su propósito tal como lo invoca el versículo del capítulo 1 de Génesis es que el hombre alcance un día su propia semejanza, obviamente guardando las debidas proporciones; como lo atestigua Moisés, en el libro de Job 14:14: “…Si el hombre muriere, ¿volverá á vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi mutación…”., principio que compartió David, según Salmos 17:15, y como tan claramente lo expresara el Apóstol Juan en su primera carta, Cap. 3:2. Sin embargo, para llegar a este punto el Hombre debía recorrer un largo camino, y demostrar que era digno de tal distinción.

La razón que sustenta este principio tiene que ver con que, al leer las Escrituras, es fácil darse cuenta que el hombre no fue creado mortal ni inmortal. “El Árbol Del Bien Y Del Mal”, que les fue prohibido comer, y “El Árbol De La Vida”, estuvieron al alcance de su mano en un momento dado, sin embargo, la humanidad, representada en Adán y Eva; cayó bajo el influjo de Satanás y transgrediendo la orden de Dios comió del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal con las consiguientes consecuencias. Respecto a esta historia, el apóstol Pablo aclararía más tarde, “… así como el pecado entró al mundo por un hombre, y por el pecado la muerte; la muerte, entonces, pasó a todos los hombres, pues, todos los hombres pecaron…”  De esta manera el pecado y la muerte pasaron a ser parte del vivir de la humanidad. Como es de todos conocido, el juicio de Dios tras el primer pecado, determinó, además de la condena a Adán y Eva, la división de la sociedad, caso que se hace notorio en las Escrituras, en la descendencia inmediata de los primeros padres, pues, cuando Caín, al no ser aceptado su presente delante de Dios dió muerte a su hermano, luego de este triste acontecimiento, por mandato de Dios debió apartarse del lado de la casa paterna, y formar una familia alejado de  la fuente de información que se entiende de la relación de Adán con Dios, sin lugar a dudas, esta situación, dio lugar a una simiente alejada de los principios divinos que se extendió rápidamente durante la era antediluviana. Otra de las consecuencias del primer pecado, tal como le fuera señalado a Adán y Eva, se manifiesta  en la simiente de Set, su tercer hijo; En esa generación se dividió la sociedad, (Génesis 3:15 y  Cap. 4:26) entre “Hijos de Dios” (La simiente de la mujer), e “Hijos de los hombres” (quienes desobedeciendo a   Dios se convirtieron a la simiente de la serpiente (Satanás);  división que traería consigo una confrontación espiritual, que no se llevaría a cabo entre seres espirituales, sino en la propia humanidad, la que sería infiltrada y llevada a la desobediencia por Satanás, cuyos planes llevarían en un momento dado, a herir en el  calcañal a la simiente de la mujer.

 Algunos intérpretes de las Escrituras aseveran que la herida de la serpiente al calcañar, sería el supuesto triunfo de Satanás, cuando logra la muerte de nuestro Señor Jesús,  sin embargo, las Escrituras señalan con claridad que la muerte de Cristo  era parte de la planificación divina para la salvación de la humanidad dispuesta desde el principio, tal como lo señala el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 10: 5-10, de modo que será  necesario en el momento que corresponda, aclarar la predicción que encierra los términos expuestos en el Juicio de Dios tras el pecado de Adán y Eva en el Paraíso. Sin embargo, a pesar de la caída de los primeros padres y el posterior fratricidio en que perdió la vida Abel; Dios bendijo a la primera pareja con el nacimiento de Set su tercer hijo; a través del cual se proyectó la simiente de los Hijos de Dios. 

Los “Hijos de Dios”, algunos de los cuales con sus propios nombres los encontramos en los capítulos 5 y 11 del libro del Génesis; constituyeron “la Congregación de los Primogénitos” (Hebreos 12: 22 y 23), la que agrupó a todos aquellos fieles desde Adán a Abraham. De la simiente de quienes vivieron conforme a su propia voluntad; particularmente descendientes de Caín; en la primera parte de la Historia de la Humanidad, sabemos por el relato bíblico que murieron en el Diluvio (Génesis 7: 17-23)   En los tres primeros capítulos del Génesis, se relata entre otras situaciones el despertar del hombre al pecado, sin embargo, es importante retomar un poco la historia para comprender porque Adán llegó a pecar, pues si no existía ley, como se le podía imputar pecado. La existencia del “Árbol De La Ciencia Del Bien Y Del Mal”, señala que estos principios existían ya antes que el hombre fuera creado. La prohibición de Dios respecto a que nuestros primeros padres no comieran de él; tenía que ver, con que, aun cuando ellos tenían libre albedrío, era necesario que fueran instruidos en la Ley de Dios antes de disponer de su libertad para actuar. Huelga entonces dilucidar brevemente, cómo se originó el mal y porqué, cuando se entiende que todo lo que existe fue creado por Dios. La respuesta se encuentra en los escritos de los profetas Ezequiel e Isaías, comprendiendo previamente que en un principio cuando Dios creó los cielos creó, también los Ángeles entre los que se distinguen: Querubines, Arcángeles y Serafines. La situación la plantea el profeta de la siguiente manera; y sirve para aclarar el origen del mal: En los días de Ezequiel, (siglo V. A.C), era el pequeño Reino de Tiro, el puerto más importante de Fenicia, y según el relato bíblico, sus principales obraban pecaminosamente frente a Dios, esto acreditó su condena. El principal culpable, por lo que afirman las Escrituras; era su rey que obraba bajo la influencia de Satanás. Sin embargo, cuando Dios se dirige al rey de Tiro, lo nombra como “el príncipe de Tiro”, el que se había enaltecido a tal punto de creerse un dios. Luego reprende al instigador de todo esto que era por supuesto una autoridad mayor, al que nomina como el “Rey De Tiro”; a éste reprende diciendo que su grandeza en la tierra y su sabiduría eran desde el día de la creación y que, habiendo sido puesto por Dios en Edén, a causa de toda la grandeza con que Dios lo había distinguido se corrompió al punto de las Escrituras; era su rey que obraba bajo la influencia  Satanás.  Sin embargo, cuando Dios se dirige al rey de Tiro, lo nombra como “el príncipe de Tiro”, el que se había enaltecido a tal punto de creerse un dios. Luego reprende al instigador de todo esto que era por supuesto una autoridad mayor, al que nomina como el “Rey De Tiro”; a éste reprende diciendo que su grandeza en la tierra y su sabiduría eran desde el día de la creación y que, habiendo sido puesto por Dios en Edén, a causa de toda la grandeza con que Dios lo había distinguido se corrompió al punto de convertirse en su adversario (Satán). Es claro que un rey que existió históricamente poco más de quinientos años ante de Cristo, no podía haber vivido en Edén y estar vivo para ser el rey de Tiro. Isaías 14: 12, confirma esta aseveración cuando declara que Lucero, el querubín que se enalteció contra Dios, tuvo la idea de sentarse en el trono de Dios, pero finalmente fue arrojado a la tierra, al lugar que se le había asignado en el principio para que estuviera hasta el momento de la creación de la vida en la tierra, pero él no supo aguardar por esto y finalmente se reveló. Privado de la sabiduría para alcanzar el bien, ha estado siempre dispuesto a obstaculizar la obra de Dios y no tan solo se corrompió él sino que arrastró en su rebelión la tercera parte de los ángeles que habían sido puestos bajo su mando (Judas, ver.6) Al crear Dios al Hombre, Satanás, el enemigo de Dios, introducido en la serpiente, engaña a nuestros primeros Padres, incitándolos a desobedecer a Dios, comiendo del fruto del árbol prohibido, situación que trajo como consecuencia la expulsión de Adán y Eva del paraíso, tras el juicio en su  contra y también contra Satanás, el instigador. El cuarto capítulo del Génesis, luego de la salida de los primeros padres del Huerto de Edén, da cuenta que, ya antes de los primeros 130 años de vida del Hombre en la tierra, en la tercera generación de los descendientes de Adán, fue construida la primera ciudad en la región. En aquel entonces, contrario a las informaciones científicas que nos hablan de una época de un seudo hombre primitivo, balbuceante, habitando en cavernas y tratando de descubrir y comprender el ámbito que les rodea; existía ya una sociedad desarrollada donde la agricultura y la ganadería eran la forma elemental de existencia; se trabajaban los metales y se cultivaba la música. La lectura anterior destierra definitivamente la teoría evolucionista de la vida en la tierra, aunque esto, por cierto, no descarta la posibilidad de la existencia de grupos humanos aislados en estado de retraso cultural, como lo existen aún en la actualidad. Particularmente considerando que, ya la simiente de Caín se había apartado de la fuente de información, que era el hogar paterno, a causa de la muerte de su hermano, situación que había derivado finalmente en la corrupción absoluta de la sociedad; de manera que hacia el año 2470 A.C, es decir, a poco más de 15 siglos del origen de la vida en la tierra Dios determina raer la existencia de esa sociedad del planeta.  Así concluye en el año 2350 A.C, el primer capítulo de la historia del hombre en la tierra, cuando la humanidad enfrenta un nuevo juicio por parte de Dios y perece por el diluvio casi toda especie viviente; salvando con vida solamente Noe, su familia, y todos los animales que Dios había ordenado cobijar en el Arca para su futura preservación; la historia relatada en los capítulos 6,7 y 8 de Génesis concluye finalmente cuando el Arca se detuvo en el Monte de Ararat, en las cordilleras de Armenia en la misma primitiva tierra de Edén. Aun cuando muchos escépticos dan carácter de lecturas piadosas a los escritos del Génesis el relato de un Diluvio universal se encuentra en el rastro de muchas culturas antiguas como es el caso de la undécima tablilla de la epopeya Babilónica de Gilgamesh, que es parte de un tesoro arqueológico que se guarda hoy en el Museo Británico de Inglaterra; pero eso no es todo, esparcido en cada continente del planeta es fácil encontrar testimonios escritos de este suceso, como es el caso de  los Kolushos, en Alaska, los Pápagos en EE.UU. El relato de Nu-u Vanuatu, en Hawái, el códice de Chimalpopoca, en la cultura Maya; los Masáis en África, etc. El comienzo de la vida luego del diluvio, sitúa la historia en el mismo lugar donde Dios estableció al Hombre en el principio de la vida en la tierra. Cuando Noé y su familia desembarcaron del Arca en la región cordillerana específicamente, el Monte de Ararat, cerca del nacimiento del río Éufrates, necesariamente debieron emigrar al Sur-este para establecerse finalmente en Mesopotamia. El relato del capítulo 11 de Génesis, sobre la Torre de Babel, hace notorio que en esta área se desarrolló la sociedad post diluviana.

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