Cada Día Trae Su Afán

Nadie puede dudar de los diferentes cambios que ha experimenta la sociedad en    estos últimos dos años a raíz, primero, del levantamiento social en el mundo entero, sumado a los estragos de la pandemia del COVID-19, que vino a continuación; han cambiado el sistema de vida, el modo de trabajar, el sistema de educación, lo que nos ha obligado a encerrarnos en nuestras casas y, por ende, nuestro mundo se ha restringido. No hay sistema social que no haya sido alterado producto de esta inesperada realidad y, por cierto, la religión no ha estado ajena a nueva realidad, los grandes “apóstoles” de la tv y los que viven del enriquecimiento ilícito, han visto vulneradas sus arcas y han tenido que cambiar sus discursos.

Hoy me quiero referir a un asunto puntual de una nueva interrogante, para la fe, que ha traído consigo el covid19; pues, en muchos lugares en el mundo, han sido tantas las muertes causadas por la pandemia que se han agotado los lugares de sepultación  y, por orden de diferentes  gobiernos, se ha determinado  quemar los cadáveres para evitar un mal mayor que es la descomposición de los cuerpos sin vida; y es aquí que cristianos con diferentes visiones de la fe han concurrido a sus dirigentes para obtener una respuesta: ¿Es bíblico cremar nuestros muertos? 

En capítulo 3: 16-19 del libro del Génesis que trata del juicio de Dios en el Huerto de Edén, tras el primer pecado,  la condena recibida por Satanás y los primeros padres fue: Al hombre Dios dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo, No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado.  Luego   en el mismo libro, en el capítulo 2: 7, en estos versículos se indica que Dios formó al hombre del polvo de la tierra y determino que en ese estado deberá concluir el Hombre sus días. A pesar que esto es claro en las SS:EE, muchos enseñadores explican que como la biblia no prohíbe la cremación, esto indica, que debe considerarse como una posibilidad. En la biblia ciertamente, aparecen casos de incineraciones humanas, sin embargo, la contextualización histórica de estos relatos bíblicos, no necesariamente, indica la voluntad de Dios para que nosotros aceptemos voluntariamente la cremación como un acto instituido en las Escrituras para nuestra realidad.

 Debemos aprender a hacer diferencia entre incineración y cremación. Cuando hablamos de incineración nos referimos a un sistema por el que un residuo orgánico, mediante la aplicación de altas temperaturas y un tratamiento térmico adecuado, pasa a convertirse en cenizas debido a la combustión. La cremación se diferencia cuando este proceso físico se aplica sobre una persona que ha fallecido, con el objeto de reducir el cadáver a cenizas.

En el primer libro de Samuel en el capítulo 31, se relata la derrota de los israelitas a manos de los filisteos, la batalla se desarrolló en el Monte Gilboa, allí murieron tres hijos de Saúl. El rey herido y suponiendo que sería capturado por los filisteos, le pidió a su escudero que lo matara, pero éste se negó, por lo que Saúl se mató con su propia espada. Al día siguiente, los filisteos encuentran los cuerpos de Saul y sus tres hijos, los despojan de sus armas y les cortan la cabeza.  “Y los enviaron a tierra de los Filisteos al contorno, para que lo noticiaran en el templo de sus ídolos, y por el pueblo.
Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron sus cuerpos en el muro de Beth-san
. 

Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los Filisteos hicieron a Saúl, Todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Beth-san; y viniendo a Jabes, quemároslos allí. Y tomando sus huesos, sepultáronlos debajo de un árbol en Jabes, y ayunaron siete días”. 

Naturalmente quemar los cuerpos de Saúl y sus hijos, no era una forma tradicional de proceder con los cadáveres en el pueblo de Israel, la incineración debió hacerse porque a estas alturas de los días, estos cuerpos debieron  estar en un estado de  descomposición muy avanzada, a pesar de eso, sus cuerpos fueron finalmente sepultados y todavía la historia de sus destinos  continúa hasta que finalmente el rey David hace exhumar estos cadáveres y junto a otros tres hijos de Saúl que murieron ahorcados, son  trasladados a una sepultura en Jerusalén (2 Samuel 21:1-14) de manera que malamente pueden conectarse estos hechos con lo que se conoce como la cremación legalizada, pues esto en las Escrituras no existe.

Para muchos enseñadores como la biblia no dice nada respecto a la cremación ellos enseñan que esto indica que esa posibilidad es viable para la iglesia, sin embargo, debemos considerar que la biblia no dice nada respecto de la cremación, pero dice con toda claridad que:  del polvo fuimos tomado y al polvo debemos volver.

 Respecto a la preocupación de algunos creyentes por la resurrección de los muertos que fueron incinerados, como así mismo, el caso de las más de 300.000 personas desintegradas por las bombas de Hiroshima y Nagasaki o los que fueron quemados en los hornos crematorios del fascismo alemán o los muertos por el napalm en la guerra de Vietnam, etc., etc.,  ¿Cómo será definitivamente la resurrección de ellos y para los que hayan sido cremado y sus cenizas fueron esparcidas en el mar o en lugares indefinidos?

Para poder extraer la respuesta bíblica comenzaremos leyendo la primera carta a los Corintios en el capítulo 15:12- 58; Esta carta fue escrita debido a la incredulidad de los griegos respecto a la resurrección y encontraremos aquí la respuesta que muchas personas buscan sobre la cremación.

“ Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?  Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó: Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado a Cristo; al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres”.
 En estos primeros siete versículos Pablo, aclara que Cristo resucitó y si alguien no acepta esa verdad definitivamente la gran mayoría de la humanidad se perderá al fin de los tiempos.

Leamos los siguientes    versículos desde el 20 al 28:

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho, Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin; cuando entregará el reino a Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. Porque es menester que él reine, hasta poner todos sus enemigos debajo de sus pies.
Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte.
Porque todas las cosas sujetaron debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a él todas las cosas.
Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos”.

Aquí Pablo insiste en el mismo tema, parte recordando que Cristo fue el primer ser resucitado y que ha subido al seno del Padre, refutando las ideas de que haya justos en el reino de los cielos ya y refuerza la idea de la resurrección entendiendo que como el pecado de Adán trajo consigo la muerte, este no era el destino  del hombre al ser creado por Dios. Dios al entregar a su Hijo y luego resucitándolo de entre los muertos, abre la esperanza de resurrección para la humanidad. Luego desde el versículo 34 al 38, la Palabra de Dios nos hace una advertencia, y aquí entramos a las respuestas que busca la gente hoy respecto a los que han muerto incinerados o los que han optado por la cremación: “Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios: para vergüenza vuestra hablo. Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes.  Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano:
Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo”.
El apóstol no puede ser más claro:  si siembro un carozo de durazno, por ejemplo, no sale otro carozo, este va a ser destruido por efecto de la tierra y la humedad y aparecerá con el tiempo una planta, por cierto, diferente en su estructura. Y aquí lo más notable de esta declaración: Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano: Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo.

Cristo murió, su cuerpo mortal fue crucificado y resucitó de los muertos como lo había dicho; en eses momento, según las SS.EE. era perfectamente reconocible por sus discípulos, no se veía ninguna diferencia, podían verse sus heridas, se podía tocar su cuerpo y sentirlo, pero ese cuerpo de apariencia normal era diferente, con ese cuerpo el atravesaba una puerta sin abrirla, Jesús, el hijo de Dios resucitado, con ese cuerpo, podía aparecer y desaparecer.

 Los versículos a partir del versículo 39 al 41, dicen lo siguiente: “Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves”.  Todos los seres vivientes tenemos un cuerpo físico con una estructura ósea que lo sostiene, sin embargo, teniendo toda esta misma configuración, somos diferentes, hay algo que es superior: “Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres”: La excelencia de Dios y su grandeza es inalcanzable para todos los seres vivientes. La grandeza de los ángeles es superior, en el presente, al género humano, aunque el capítulo1 de hebreos, señala en el versículo 14 que los ángeles son enviados para el servicio de los hombres. Dios le dio autoridad al género humano, para situarse sobre toda la obra viviente de la creación, pero no puede hacerlo sobre el sistema planetario, por ejemplo, como lo señala el versículo 41: “Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de     la luna, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente de otra en gloria”. Esto, acota, Pablo, debe servirnos para comprender mejor el Plan de Dios para la humanidad: “Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción, Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo”. 

Si un hombre mortal muere sirviendo a Dios, su cuerpo corruptible vuelve a la tierra y se convierte en tierra, pero resucitará en un cuerpo espiritual incorruptible, como resucitó Jesús: “Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adam en ánima viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante.
Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo   espiritual. El primer hombre, es de la tierra, terreno: el
segundo hombre que es el Señor, es del cielo.
Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales”.

El Propósito de Dios para la Humanidad, indica Pablo, es que tal como Adán, la humanidad  nacería propensa al pecado, pero al final, los que resuciten al sonido de la trompeta y han sido hombres fieles resucitarán como Cristo propensos absolutamente al bien. Y como cuando nacimos trajimos la imagen física de Adán en la venida de Cristo seremos corporalmente como lo fue nuestro Señor Jesús luego de su resurrección, pues el principio es: “como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial. Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados.  Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita:  Sorbida es la muerte con victoria”.

La SS.EE. nos enseñan que los seres humanos nacemos limpios y puros, más tarde tenemos acceso al Espíritu del Hombre que paulatinamente se va formando en cada uno, con él comenzamos a conocer el bien y el mal, poseedores ya del libre albedrío, llevaremos nuestras vidas según escojamos y cuando morimos, el espíritu del hombre vuelve a Dios que lo confirió y esta será la morfología del cuerpo de nuestra resurrección, la resurrección corporal excluye la idea de una reconstrucción del cuerpo corrompido. Aunque, actualmente, hay quienes piensan que en el día del Juicio Final la resurrección operará sobre los restos materiales del cadáver (o sobre las cenizas, en caso de cremación). Esta afirmación no pertenece al contenido de la fe en la doctrina de la resurrección. Es un grave error identificar “cuerpo” con “cadáver”. El cadáver, en sentido estricto, ya no es “cuerpo” sino un conjunto de elementos orgánicos (que en su momento formaron parte del “cuerpo”) en proceso de descomposición. El cuerpo de la persona viva es más que la exterioridad física objeto de observación. El cuerpo resucitado pertenece a otra dimensión, no está sujeto a los límites del espacio y tiempo y a las leyes de la física.

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