De Saulo a Lutero, un asunto de contextualización.

Saulo de Tarso y Martín Lutero, dos grandes líderes religiosos, trascendentales en el ámbito del cristianismo y separados por más de XV siglos, sus seguidores han dejado la visión de la fe en una verdadera nube oscura y densa, principalmente, para quienes creen servir a Dios y leen las Escrituras en calidad de turistas, o para aquellos que buscan en Dios suplir una necesidad emergente o para aquellos que solo les importa especular con Dios en pro de sus bolsillos, y de su gloria personal.

Antes de aclarar esta afirmación, les quiero invitar a recordar algunos aspectos importantes de sus vidas y de sus obras, para luego entrar al tema propiamente tal.

Comencemos recordando algunos momentos de la vida de Saulo de Tarso:  nació entre los años 5-10 D.C. en una familia judía residente en Tarso, Cilicia (actual Turquía, bajo el dominio Romano entonces).

Fue educado en la rígida escuela farisaica terminando sus estudios en Jerusalén, en la afamada escuela de Gamaliel, convirtiéndose a corta edad en un fariseo que dominaba varios idiomas y, por cierto, gran conocedor de las Escrituras. De ese modo, entró a las fuerzas militares del Sanedrín, convirtiéndose en un connotado perseguidor de la Iglesia Primitiva, que se expandía con rapidez, según el propósito de Dios, convirtiendo al mundo gentil. Uno de los hechos más criticables en esta etapa de su carrera fue haber consentido y presenciado la muerte de Esteban, lo que provocaría más tarde una gran desconfianza y resistencia en la comunidad apostólica y tal vez, esto haya tenido que ver con la forma en que desarrolló su ministerio, no muy cercano a los apóstoles.

En estas lides fue su encuentro con Dios, según lo relata el apóstol Lucas, en el capítulo 9:1-9, el Libro de los Hechos de la siguiente manera: Y Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, Y demandó de él letras para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos hombres o mujeres de esta secta, los trajese presos a Jerusalén, Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: ¿Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer. Y los hombres que iban con Saul, se pararon atónitos, oyend o a la verdad la voz, mas no viendo a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie: así que, llevándole por la mano, metiéronle en Damasco; donde estuvo tres días sin ver, y no comió, ni bebió.

De Saulo de Tarso, algo menor que nuestro Señor Jesucristo, no ha sido posible encontrar, hasta hoy, ningún indicio bíblico, ni histórico que indique que haya conocido en persona a nuestro Señor Jesucristo durante Su ministerio terrenal; de manera que, habiendo destacado como furibundo fustigador de la iglesia de Dios en su juventud, la milagrosa aparición de Jesús convirtió a Saulo de Tarso, en el más ardiente y esforzado defensor de la Verdad.

Saulo, el fiero enemigo de los propósitos de Dios, luego de haber sido sanado por Ananías y bautizado, viajó de Damasco a Arabia, posiblemente en un viaje para reconsiderar esta gran experiencia, que habiéndole permitido conocer  a Dios, le obligaba ahora a reformular toda su forma de ver la vida.

Tres años más tarde, habiendo retornado a Damasco, decide viajar a Jerusalén para conocer al Apóstol Pedro con quien estuvo medio mes y donde también pudo contactar al Apóstol Santiago.

Un principio bíblico nos enseña que del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua.  El temido perseguidor de la Iglesia en pocos años se convirtió en nuestro apóstol Pablo y

la horrorosa muerte de Esteban lejos de acallar la voz de la Iglesia, permitió que muchas personas fuera de Jerusalén entraran en el camino de la verdad.  Catorce años más tarde, por fin, Pablo junto a Tito visita nuevamente Jerusalén, donde la Iglesia nació y se desarrolló, fundamentalmente judía en sus comienzos.

Pero la misión de Pablo era dar a conocer los principios de Dios al resto del mundo conocido, y aunque la inminente y prolífica adhesión de los gentiles a la Iglesia trajo nuevos problemas a la misión del Apóstol, éstos se resolverían, finalmente, con los acuerdos logrados en el primer Concilio de la Iglesia de Dios en Jerusalén.

Así describirá, más tarde, Pablo en una carta dirigida a los Gálatas en el capítulo 2: 1-9, los acuerdos más importantes de ese encuentro: Después, pasados catorce años, fui otra vez a Jerusalén juntamente con Bernabé, tomando también conmigo a Tito.  Empero fui por revelación, y comuniquéles el evangelio que predico entre los Gentiles; mas particularmente a los que parecían ser algo, por no correr en vano, o haber corrido. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo griego, fué compelido a circuncidarse.  Y eso por causa de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre; A los cuales ni aun por una hora cedimos sujetándonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. Empero de aquellos que parecían ser algo (cuáles hayan sido algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), á mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron. Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión, (Porque el que hizo por Pedro para el apostolado de la circuncisión, hizo también por mí para con los Gentiles;) Y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros fuésemos a los Gentiles, y ellos a la circuncisión.

Luego de este evento, naturalmente  se esperaba que la Iglesia siguiera su ritmo de desarrollo en paz, sin embargo, no iba a ser fácil, la Iglesia Primitiva era una invasión a los territorios de Satanás y la defensa para él, sería el celo judío, ya que con gran trabajo muchos habían aceptado a Jesús, como el Hijo de Dios, se habían olvidado de la autoridad del Templo y el sacerdocio; pero  aún  creían firmemente que la circuncisión era parte de las obligaciones paraquienes  se estaban integrando a la Iglesia,  por eso, solapadamente, algunos judíos trataban de imponerle a los nuevos creyentes este rito, además del rechazo  que les producía tener que aceptar a los gentiles hablando de igual a igual con ellos y que lo pudieran hacer sin haberse circuncidado. Esto, finalmente obligó al apóstol Pablo, que había hecho de Antioquía su hogar, interviniera en el asunto. Leamos esto a partir de un incidente no menor, que se dio estando Pablo, Pedro y Bernabé entre otros, en Antioquía, a la llegado de algunos hermanos judíos venidos de Jerusalén, a partir del versículo 11 del capítulo 2 de la carta a Los Gálatas: “…Empero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y a su disimulación consentían también los otros judíos; de tal manera que aun Bernabé fué también llevado de ellos en su simulación. Mas cuando vi que no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los Gentiles y no como judío, ¿por qué constriñes a los Gentiles a judaizar? Nosotros judíos naturales, y no pecadores de los Gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera”.   

 Este tema de la apertura de la iglesia primitiva al mundo gentil, es un tema que comprenderemos luego de la siguiente información, respecto al otro líder que ocupará nuestra atención en seguida.

El padre del mundo evangélico, Martín Lutero, nació el 10 de noviembre de 1483 en el pueblo alemán de Eisleben. Sus padres fueron Hans Ludher y Margarita Ziegler, que fundaron un modesto hogar con un total de siete hijos. El padre de Lutero, hijo de campesinos, poco después del nacimiento de Martín se traslada a Mansfeld, con el fin de mejorar la situación de su familia como contratista de minas de cobre. Y ya en 1491, la familia se cuenta entre las más respetadas de la ciudad de Mansfeld. La madre de Lutero, Margarita Ludher, tuvo que criar a una numerosa prole y fue una estricta educadora de su hijo. Martin, asistió a la escuela de latinidad, donde todavía reinaba una pedagogía brutal y medieval. Lutero es descrito como un estudiante callado, reservado, intimidado por la rígida disciplina, pero también muy dotado. A la edad de 14 años Lutero se traslada a Eisenach, a la casa de parientes, y ahí asiste a la escuela parroquial municipal de la ciudad. La situación económica de la familia permite que Lutero siga estudiando en la universidad de Erfurt a partir de 1501. El padre Juan Hans Luther desea que su hijo siga derecho, lo que más adelante le permitiría una holgada existencia como jurista. La universidad de Erfurt, fundada ya en 1392, era en aquel tiempo una de las más prestigiosas universidades alemanas   Esta puede haber sido la razón por qué el padre de Lutero eligió esta casa de estudios para su hijo. El orgulloso padre esperaba que los estudios de derecho serían igualmente exitosos y su hijo pronto ocupará un respetado cargo como jurista. Sin embargo, Un hecho singular de acuerdo a algunos biógrafos relata un suceso que cambió profundamente la vida de Lutero, y terminó en un sueño con los propósitos de su padre, cuando el 17/07 del mismo año, Lutero ingresa al Monasterio Negro de Erfurt y se hace fraile.

En 1510, Lutero fue enviado a Roma en una misión de la orden de los Agustinos. Este viaje acabaría siendo fundamental en su vida. En aquel momento la Curia pasaba por dificultades financieras provocadas por la costosa construcción de la Basílica de San Pedro. Para conseguir dinero, los líderes eclesiásticos introdujeron la venta de indulgencias. El perdón de los pecados se podría lograr de dos formas: o bien obrando de forma correcta, o bien pagando a la Iglesia. El precio del perdón se fijaba de acuerdo a los ingresos, e incluso los que habían muerto podían ser rescatados de las llamas del infierno si sus parientes pagaban unas pocas monedas. Por cierto, esta no fue una de sus mejores experiencias y nunca estuvo de acuerdo con ella. Hacia el 1512 ya era un catedrático muy respetado por sus colegas y superiores. A pesar de ello, se seguía preguntando qué hacer para lograr la aceptación de Dios. Ningún ritual o norma de la Iglesia fue capaz de contestar a esa cuestión.

Continuó leyendo fervientemente la Biblia y se sintió especialmente atraído por la carta del apóstol Pablo a la joven iglesia romana, en la que justificaba la sangre de Jesucristo. El teólogo entendió gradualmente lo que acabaría siendo el núcleo de la Reforma: Dios no es sólo un juez justo, sino también un padre que ama a las personas que él mismo creó y que envió a su hijo a vencer al pecado, que es lo separa a los hombres de Dios. Leyendo la Biblia, Lutero descubrió que cualquiera que crea en Dios y su hijo Jesucristo recibe el don gratuito de la justificación ante el Todopoderoso. El monje por fin había    su pregunta. La salvación se alcanza por gracia divina y solo a través de la  fe.  Al llegar a octubre de 1517, Lutero invitó a un debate sobre la práctica de vender indulgencias. Como nadie participó en la discusión, decidió enviar sus tesis directamente al cardenal Alberto de Brandeburgo, elector y arzobispo de Maguncia. Al mismo tiempo, se dice que clavó sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos, que en aquel momento servía como una especie de valla publicitaria, donde los vecinos anotaban avisos y noticias. La medida desató un debate que sacudió los fundamentos de la Iglesia Católica Apostólica Romana; pero con la ayuda de la relativamente recién inventada imprenta, Martín Lutero pudo difundir su mensaje rápidamente.

 El día 31 de octubre de 2020 se cumplió el aniversario 503 de la publicación del Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias de Lutero; desde entonces se realizan exposiciones y eventos para celebrar el acontecimiento que provocó la Reforma y el nacimiento del protestantismo en Europa. Después de clavar las 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg, una serie de acontecimientos siguieron pronunciando el inminente distanciamiento entre Martín Lutero y la Iglesia Católica. La publicación de al menos 3 obras contra el papado, y otros escritos contra las indulgencias, llevaron a Roma a declararlo como hereje al mismo tiempo que fue excomulgado.

Fue así como Lutero tuvo que comparecer ante la asamblea convocada por el recién asumido emperador Carlos V, en donde se le pidió retractarse de todos sus escritos, evidenciando que probablemente no los conocían, al incluir dentro de esas obras, escritos sobre la fe y la piedad.  La Dieta fue un intento del Sacro Imperio Romano por reivindicar la imagen del papado y la iglesia alemana.

La reunión se llevó a cabo en la ciudad de Worm, Alemania y el 21 de enero de 1521, Lutero tuvo que hacer su defensa ante el emperador y ante 6 electores, 28 duques, 11 marqueses, 30 obispos, 200 príncipes y unas 5.000 personas más para ser juzgado. Por cierto, el intento fue en vano, Lutero no se retractó y finalmente bajo todas las penas del infierno, dividió el catolicismo dando lugar al nacimiento de la Iglesia Luterana, los evangélicos de Europa.

Volvamos ahora  a Pablo; La carta a los  Gálatas junto a las dos cartas a los Tesalonicenses, son las primeras epístolas de Pablo fechadas en los años 49-52 D.C y particularmente la primera y otras como Romanos y Hebreos, nos dejan  frases y términos a considerar como: Fe- Gracia, Ley, las Obras de la Ley,   las mismas que usaría  Lutero 15 siglos más tarde, en su argumentación contra el catolicismo, pero descontextualizadas y tergiversadas por éste para hacerlas base de su nueva teología religiosa, desatendiendo las motivaciones que tuvo el apóstol para redactarlas y  la problemática de fondo a la que pretendía apuntar Pablo dadas las circunstancias históricas que pasaba la Iglesia Primitiva en algunos lugares de Asia.

La razón de recordar estas  biografías  radica en  la importancia de cada una de ellas en la historia del cristianismo; pues cuando la  una nos ha permitido preservar la verdad, la otra  hizo posible el nacimiento de una forma de religión que ha cautivado a millones de personas en el mundo de la misma manera que ha permitido a muchos falsos profetas enriquecerse a costa de la simpleza de las personas más humildes y, a otros, les ha alentado a erigirse como paladines de la biblia; sin darse cuenta  que muchos términos  usados por el apóstol Pablo, como la Fe, la Gracia, la Ley, las obras de la ley, la justificación por la Fe; más tarde tergiversados por Martin Lutero, no servirán  para nada más, como no sea execrar la  verdad.

 Hoy más que nunca se hace necesario recorrer los caminos que nos lleven a entender plenamente el significado de al menos algunos de estos términos comenzando entonces con el concepto fe. A cualquiera que se le pregunte qué es la fe invariablemente cita Hebreos 11:1 «Es pues la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven«. ¿Porque esta declaración resulta tan compleja de explicar cuando parece que de lo que más se habla y enseña en la sociedad cristiana es, precisamente de la Fe?

Un pequeño ejercicio de compresión lectora nos puede ayudar a internarnos en la ruta de este conocimiento: ¿Qué idea se le viene a la mente al pensar solo en las cuatro primeras palabras de esta proclama “Es pues la fe?  Responder a esta pregunta nos va a permitir encontrar la clave para entender esta axiomática declaración:

Primero: El término, pues, indica que aquí comienza una conclusión de algo que ya se ha estado hablando. Luego con la declaración que seguirán al uso de la conjunción mencionada se comenzará a unir las declaraciones siguientes con lo que se viene tratando desde el principio. Para entender el principio, debemos clarificar que estamos leyendo una carta, una carta muy singular; que viene de un hombre que siendo fariseo hoy está en otro frente y quiere que los hebreos connacionales y hermanos de raza y espíritu puedan comprender la etapa que les ha tocado vivir porqué tienen que creer y cambiar; recordemos algunos conceptos que antecedieron a esta declaración y recordemos por qué Pablo concluye con este capítulo.

Vamos a Hebreos 8:1y2, 13: Así que, la suma acerca de lo dicho es: Tenemos ahora un Pontífice que se asentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos; Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre diciendo, Nuevo pacto, dio por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.  Y aquí comienza el apóstol Pablo a argumentar para sus connacionales respecto a una nueva visión de la fe, que se instaló para Israel y la humanidad a partir del ministerio y el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, sigamos leyendo el conocimiento que Dios le dio al apóstol al respecto en el capítulo 9:1- 8-11 de su carta a los hebreos: Tenía empero también el primer pacto Reglamentos del Culto, y santuario mundano. Dando en esto a entender el Espíritu Santo, que aún no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie.  La adoración tenía carácter dual y esto hacía posible sostener un vínculo entre una sociedad pecadora y Dios. De otra manera, no era posible la vida mientras existiera el pecado y el Santuario Mundano con toda su estructura física y legislativa que, por voluntad de Dios, permitía el relevo de la muerte del pecador mediante la ley de los sacrificios por el pecado. Sin embargo, aunque los sacrificios permitían seguir con vida nunca la puerta de entrada a Dios iba a estar abierta para el hombre, entonces Pablo sigue explicando, sobre esta forma de adoración:

“…Que era solo una figura para aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios que no podían hacer perfecto, cuanto, a la conciencia, al que servía con ellos; consistiendo sólo en viandas y en bebidas, y en diversos lavamientos, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de la corrección. Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es a saber, no de esta creación…” Siendo entonces una forma compuesta por elementos externos al espíritu, la conciencia y la voluntad del hombre, cuyos pensamientos son de continuo solamente al mal, pero provista por Dios y que tenía un tiempo de duración determinado. Luego continúa la carta en el capítulo 10, explicando las razones del Nuevo Pacto: “… Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se allegan. De otra manera cesarían de ofrecerse; porque los que tributan este culto, limpios de una vez, no tendrían más conciencia de pecado. Entonces dije: Heme aquí (En la cabecera del libro está escrito de mí) Para que haga, oh Dios, tu voluntad. Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron, (las cuales cosas se ofrecen según la ley,) Entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero…” 

Así llegamos al capítulo 11:1 de la carta que nos habla de la Fe,   que por su evidencia resulta ser innegable, pero que en el desarrollo de este capítulo, deja ver dos puntos importantes, el primero, es que si hay algo que en el cristianismo no se entiende y que solo la biblia nos lo puede aclarar como lo veremos más adelante, comienza a entenderse en la medida que damos lectura al resto del capítulo 11 de la carta de Pablo a los Hebreos, que nos  muestra definitivamente qué es en esencia la Fe, que en el ámbito de nuestra relación con Dios debe tener  una forma concreta y palpable como nos lo mostraron todos estos héroes de la fe, que aparecen en el capítulo, y que  tuvieron en sus vidas el mismo denominador: hicieron siempre, todo lo que Dios les mandó, para estar en este listado en el primer Pacto, leámoslo en el resto del capítulo, aquí solo mostraré  algunos casos, pero ellos en su vida se hicieron cargo y respondieron con obediencia las órdenes de Dios: No Fue Solo Creer.

1)Por la fe Enoc fué traspuesto para no ver muerte, y no fué hallado, porque lo traspuso Dios. Y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado á Dios. Este testimonio bíblico nos muestra que lo de Enoc: No Fue Solo Creer.       

 

2)Por la fe Noé se expuso al sarcasmo y al vituperio, con temor aparejó el arca como Dios mandó sin quejarse de las burlas y las molestias de sus vecinos impíos: No Fue Solo Creer.

3)Por fe las mujeres recibieron sus muertos por resurrección; unos fueron estirados, no aceptando el rescate, para ganar mejor resurrección; Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y cárceles; Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; No Fue Solo Creer.

4) Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba. Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en cabañas con Isaac y Jacob, herederos juntamente de la misma promesa: No fue solo creer.

5)Por fe ofreció Abraham a Isaac cuando  fué probado, y ofrecía al unigénito el que había recibido las promesas, habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente: No fue solo creer. Si somos hijos de Abraham a causa de la Fe no podemos predicar Solo creer, porque la Fe sin obedecer es fe muerta

El apóstol Judas es claro en su carta inspirada por el Espíritu Santo donde escribió advirtiéndonos: Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros de la común salud, me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que una vez ha sido dada a los Santos. Porque algunos hombres han entrado  encubiertamente, los cuales desde antes habían estado ordenados para esta condenación, hombres impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución   impíos, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución.

Ahora bien, ¿Quiénes eran aquellos santos, de los cuales habla Judas? La Palabra de Dios responde en Deuteronomio 7:6-9, responde, refiriéndose a Israel: “… Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os han querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos: sino porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró á vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano fuerte, y os ha rescatado de casa de siervos, de la mano de Faraón, rey de Egipto. Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones…”

¿Y qué fue lo que se les entrego? No queramos nosotros entregar nuestra manera de pensar dejemos que sea nuevamente la Palabra de Dios que responda: “… Sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos: Y notificásteles el sábado tuyo santo, y les prescribiste, por mano de Moisés tu siervo, mandamientos y estatutos y ley…”  Nehemías 9:13.

Volvamos ahora al consejo del Apóstol Judas: “me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que una vez ha sido dada a los Santos.

 La fe que les fue entregada a Israel y por la que es necesario contender es la Ley de Dios y nuestro Señor Jesucristo no señala: “… No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas…”

Nada ha terminado de la Ley de Dios sino ya no habría ni cielo ni tierra, lo afirmó nuestro Señor Jesús y fue el mismo quien dijo que lo que Él enseñaba no eran palabras del Él, sino las palabras de su Padre que estaba en los cielos. Aun así, la influencia de la teología nacida con la Reforma y las muchas divisiones del mundo “evangélico” nos enseñan que hoy hay múltiples manifestaciones de Fe para servir Dios, sin embargo, debemos comprender que Pablo escribió inspirado por el Espíritu Santo de Dios y de esta forma nos entrega su apreciación al respecto, en la carta a los Romanos hablando de la Fe¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.

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