El apóstol Pablo y sus epístolas.

Introducción.- No podemos comenzar a comentar los escritos de Pablo, sin antes hacer una breve mención a un hombre excepcional dentro de las SS.EE.  Saulo Pablo nació en Tarso una  ciudad de Cilicia en la provincia de Mersin, en la actual Turquía que fue en su momento una provincia romana.  De padres judíos, perteneciente a la tribu de Benjamín (Efe. 1:1, Filipenses. 3:5) y de situación acomodada, tempranamente abandona su ciudad de origen para estudiar en la prestigiosa escuela de Gamaliel en Jerusalén en la cual pasa varios años de su vida, dedicado completa y celosamente al estudio de las llamadas Escrituras hebreas, un hecho sobresaliente para quienes eran admitidos como sus estudiantes por largos veinte años.  Su ciudad natal le permitió ostentar una doble nacionalidad (Hechos 22:27-29) y su condición de “erudito”, dominar varias lenguas necesarias para su época y ministerio posterior: el griego, el arameo – hebreo y el latín.

 Aparece en el relato bíblico en el llamado martirio de Esteban consintiendo en este hecho ya que su celo por cumplir y salvaguardar la Ley, así se lo señalaban.  Siendo contemporáneo del Señor Jesucristo, no lo conoció personalmente sino sólo hasta el momento de su extraordinario llamado para dar inicio al ministerio de los gentiles, tal como lo manifiesta en la carta a los Efesios cap. 3.  Previo a este hecho memorable relatado por Lucas, quien le acompañó en su ministerio y fue parte de su equipo ministerial, Pablo fue conocido como tenaz perseguidor de la Iglesia naciente por parte del Sanedrín, Consejo nacional y religioso que tenía potestad sobre estos asuntos y podía apresar a los seguidores de Cristo, por considerarlos blasfemos en cuanto lo reconocían como el Hijo de Dios y pregonaban su resurrección.

El libro de los Hechos es un correlato obligado para comprender las cartas Paulinas, se centra en un  periodo crítico del inicio de la Iglesia primitiva, que había visto ascender a su maestro y, la vida y obra de los dos apóstoles más relevantes de este periodo: Pedro y Pablo.  Luego de la predicación de Pedro en el día de Pentecostés, muchos judíos de la diáspora que asistieron a Jerusalén a participar de dicha fiesta anual de peregrinación, escucharon su mensaje y aceptaron a Cristo como el mesías prometido; de este momento crucial en adelante, en el seno de la Iglesia surgen problemáticas a las que deberán enfrentarse los apóstoles, ahora dirigidos por Jacobo, hermano del Señor Jesucristo y que serán temas reiterativos y motivadores de varias de las epístolas:

  • la divinidad del Señor Jesucristo, 
  • la aceptación de los gentiles en igualdad de condiciones y 
  • la caducidad de la circuncisión.  

Muchos de aquellos que habían oído el mensaje de Pedro, volvieron a sus ciudades y hablaron de lo vivido, naciendo entonces nuevos grupos de judíos y gentiles que, fuera de Jerusalén, necesitaban de la predicación del evangelio.  Como ya sabemos, una de las primeras comunidades importantes de “cristianos” fue Antioquía de Siria.  Pablo, luego de su conversión y bautismo, fue perseguido por el Sanedrín y visto como un traidor y blasfemo; sin embargo, tampoco contaba con la confianza de la iglesia de los apóstoles debido a su pasado.  Por ello, Pablo demoró al menos tres años en reunirse con Pedro en Jerusalén.  Bernabé un hombre esencial en la Iglesia fue designado a Antioquía y, al ver la magnitud de la obra, decidió convocar a Pablo a este lugar, pues ya era conocida su conversión y dedicación a la obra (Hechos 11:19 – 27). Con esta acción comienza a ponerse en movimiento la inclusión de los gentiles a la Iglesia apostólica.

Como todo lector sabe, el apóstol Pedro fue designado a la predicación del evangelio a la casa de Israel y, por medio de visiones, aceptó a los gentiles a partir de la conversión de Cornelio y su familia.  El testimonio de Pedro en el Concilio de Jerusalén hizo que Pablo fuese autorizado por Jacobo para atender a los nuevos miembros, dándosele cartas con algunas recomendaciones.

16.000 Km. en total son recorridos en los tres viajes misioneros del Apóstol Pablo a partir de ese momento y usó todos los medios romanos, como, por ejemplo, el correo, para lograr atender con eficiencia a las congregaciones que iban siendo fundadas a partir de estos viajes.  Así nace, la escritura epistolar, luego, la redacción de los evangelios y las epístolas de los restantes autores.

No podemos ignorar la controversia nacida a partir del siglo III d. C. para arrogarse el estatus de ser la Iglesia seguidora de Cristo cuando tales disensiones no se advierten en el relato bíblico, sino más bien Pablo hace referencia a algunos que quisieron usufructuar de la fe como Alejandro, el candelero, Himeneo y Fidelio por sucumbir a falsas doctrinas, nótese el episodio de Simón el mago y el apóstol Pedro, pero que tempranamente fueron marginados por su mal proceder. La principal cuestión es establecer que ya en los tiempos de los apóstoles, la Iglesia naciente conocía y valoraba la correspondencia de sus líderes, así lo da a conocer claramente el apóstol Pedro en su segunda carta, capítulo 3:14 – 16: … “Por lo cual, oh amados, estando en esperanza de estas cosas, procurad con diligencia que seáis hallados de él sin mácula, y sin reprensión, en paz.  Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también; Casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos é inconstantes tuercen, como

también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos. 

Algunas consideraciones sobre la lectura de las cartas del apóstol Pablo.

Como todo estudiante de las SS.EE., debemos contar con un método de estudio que nos permita comprender la revelación, evitando las particulares interpretaciones, tal como lo señalaba tempranamente el apóstol Pedro, por ello es necesario resaltar algunos principios básicos de análisis de textos.

Una carta es un texto de comunicación que surge por una problemática específica, tiene un emisor manifiesto y un receptor previsto.  Es una unidad no muy extensa que debe ser leída de principio a fin  para comprender su propósito y, sin duda, considerar el contexto en el cual aparece y su intertextualidad (relación de su contenido con otros textos del mismo autor o de otros autores del canon bíblico) que afianzará su pertinencia y hará coherente sus planteamientos dogmáticos, en cuanto consideramos como principio básico que la Biblia no se contradice, por la unicidad de la revelación proveniente de Dios  a la humanidad.

Existen tres cartas dentro de la correspondencia paulina que han sido mayormente cuestionadas y/o tergiversadas con el objetivo de acomodar el evangelio del Señor Jesús a una nueva visión bastante más permisiva, que no tiene otro fin que hacer de la fe algo sencillo y populista, estas son:

  • La carta a los Romanos
  • La carta a los Gálatas
  • La carta a los Hebreos

En el canon de las Escrituras Griegas, tempranamente conocido y utilizado en las congregaciones cristianas de oriente, las cartas del apóstol Pablo estaban ordenadas de forma decreciente según su extensión: primero las cuatro grandes cartas a los Romanos, a los Corintios, y a los Gálatas, después las cartas de la cautividad, y al final, las cartas a los Tesalonicenses. Más tarde se les agregaron las cartas a Timoteo y a Tito y la carta a los Hebreos.

LA CARTA A LOS ROMANOS

El imperio romano había barrido con las ambiciones de las naciones al absorberlas totalmente e intervenirlas en su administración, dejando un vacío e inestabilidad en donde crecerían las preocupaciones religiosas. Se interesaban por todo lo que afectaba a las personas y buscaban entre las diversas creencias de una sociedad politeísta, alguna “fe” que funcionara como un mecanismo para escapar a la cruel realidad de una existencia sin libertad, de ahí la relevancia del evangelio de Cristo.  La carta a los Romanos fue escrita alrededor del año 58 de nuestra era por Pablo (el emisor) que se encontraba en ese momento en Corinto, quien quiere adoctrinar a una congregación en Roma, compuesta por judíos y romanos (el receptor probable) para conminarlos a la correcta apreciación del Ministerio de Jesucristo siendo Él mismo judío (Romanos 1:3) y sujeto a la Ley, Gálatas 4: 4 – 5…

Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito á la ley,  para que redimiese a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos…”

Contexto temático

Su preocupación mayor es   responder a las preocupaciones de la congregación romana respecto de su inclusión en el Israel espiritual dadas las dificultades que significaba no provenir de Israel versus la postura de “primado” que ostentaban los judíos conversos.  Para los judíos creyentes resultaba muy difícil aceptar su nueva condición ante Dios después de la profunda transformación que significó el advenimiento del Mesías como

sacrificio perfecto dejando sin efecto alguno la Ley de los ritos para la justificación de los pecados, de nuestro Señor Jesús en adelante.

La carta a los Romanos es en gran parte una exposición sobre la necesidad de zanjar las diferencias profundas entre cristianos provenientes del mundo gentil y judíos conversos.  Leemos en ésta, una serie de argumentaciones de Pablo que demuestran su erudición, producto de un rigor aprendido en la escuela de Gamaliel, recurriendo constantemente a su visión de la fe que proviene de Cristo mismo.

Pablo en esta carta se dirige a personas de orígenes muy diversos; unos, conocedores y practicantes aún de la ley judía y, otros, que, por no serlo, necesitan de explicaciones para entender lo que deben hacer y cuál es su estatus. Para la comprensión de la carta a los Romanos como para todas las demás, es necesario tener presente algunos temas recurrentes en sus escritos, porque ellos mismos reflejaban la problemática general de la Iglesia primitiva:

 

  • El concepto de fe
  • El concepto de Ley
  • El concepto de gracia

Pablo se detiene en esta Carta sobre el problema del pueblo judío versus la aceptación de los no judíos por ello plantea fuertemente que Israel no ha sido desechado (Romanos 11:1-2) y exhorta a los gentiles conversos a no jactarse de su condición pues  Israel tiene una gran relevancia para Dios (Romanos 9:4) … “que son israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y el pacto, y la data de la ley, y el culto, y las promesas;  Cuyos son los padres, y de los cuales es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén…”

El apóstol hace un llamado claro a entender el lugar que cada pueblo – tanto los judíos como los gentiles – tiene en el Israel espiritual… Romanos 11: 25… “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles…”. 

Aclarada la principal temática de la carta, sería poco aconsejable continuar sin mencionar la importancia que ha tenido este escrito para el mundo protestante.  Es ampliamente conocido el hecho que Martín Lutero fraguó su reforma del catolicismo en la carta a los Romanos, nunca tuvo otra intención que buscar la purificación de la Iglesia católica, respecto de los grandes males que le aquejaban por la insoslayable corrupción de su clase eclesiástica, sin embargo, hay que señalar que su interpretación de ella es, a lo menos antojadiza.

El principio clave de la controversia entre el protestantismo y lo que Pablo argumenta está cifrado en Romanos 1: 17… “Porque en él la justicia de Dios se descubre por fe y para fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe”.  Tomando interpretativamente esta idea, el protestantismo pretendió dejar sin efecto la Ley, sosteniendo que sólo se es salvo al creer y aceptar a nuestro Señor Jesús.  Sin embargo, el mismo apóstol Pablo en su carta a los Hebreos, cap. 11 da una definición de fe ampliamente conocida, pero también incomprendida… “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”.   El concepto de fe asociado a solo creer es absolutamente impropio, ya en la Carta a Judas 1:3 y en los evangelios escritos posteriormente, se explicita que el término “fe” es más amplio y conlleva una demostración a través de las obras y se refiere al sistema doctrinal que orienta, estructura y relaciona al hombre con Dios, no sólo el sistema de justificación del pecado. La sustancia o lo “esencial” por lo que los antiguos patriarcas alcanzaron relevancia son su sistema de creencias, sus dogmas.  Sin ir más lejos, el padre de la fe, Abraham, fue llamado por Dios como fundador de Israel y un conjunto de naciones y dentro de esta bendición también incluyó la promesa de la aparición del Mesías.  Este hombre justo, para alcanzar este estatus, lo hizo a través de la demostración de su fidelidad por el cumplimiento de leyes instituidas por Dios mismo: … por cuanto oyó Abraham mi voz y guardó mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes…”, luego el mismo apóstol Pablo en Romanos cap. 3:31 señala… “¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley”.  Para tomar la Carta a los Romanos como prueba que la ley del pueblo de Israel ha sido invalidada, necesariamente invalidamos también los dichos de nuestro Señor Jesús: Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido…” (Mateo 5:18) y desconocemos el funcionamiento y estructuración de la Ley durante el primer Pacto, cuestión que aclara el mismo apóstol en la carta a los Hebreos cap. 9.  La ley de los ritos o santuario mundano fue una parte de la ley de Dios, destinada a proveer de un mecanismo de justificación o paga por los pecados, que era “figura” en términos de Pablo o símbolo de lo porvenir y cuya corrección por parte de Jesús, estaba contemplada desde el principio, como se explicita en la bendición hecha a Abraham (Génesis 22:18, Gálatas 3:16) …“y en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”.  Esta parte de la ley está contenida en el libro de Números y no podía hacer perfecto al hombre.  Lo que llamamos Ley es mucho más que eso y tenía relación con el culto de adoración descrito en Levítico que el mundo protestante desconoce tal como lo hizo su raíz, el catolicismo, y su propósito fue claro desde sus orígenes, baste mencionar solamente la temática a tratar en el Concilio de Laodicea en el año 363-4.

Ningún creyente puede desconocer la funcionalidad de la ley en cuanto muestra qué es el pecado, (Romanos 3:20) porque el pecado es la transgresión de ella (I Juan 3:4) … “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado…”, entonces ¿cómo alcanzamos la justificación?, a partir de la “gracia”, en primera instancia.

El concepto de “gracia”, es el tercer dogma que debemos comentar, tal como Pablo lo señala en Romanos 3: 23 – 25:… “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…” 

El apóstol Pablo establece que la “gracia de Dios” es el perdón de los pecados cometidos previo al conocimiento de la verdad de Dios, a través de la sangre de Su Hijo, ello no significa que Dios nos considerará justos aunque nada cambie en nosotros, a partir del compromiso de pertenencia al pueblo de Dios a través del bautismo, comienza el enjuiciamiento de cada persona para recibir el don de la vida eterna, I Pedro 4:17.  Además, el apóstol agrega en esta carta, en el cap. 6: 15 – 18 … ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le sois siervos de aquel á quien obedecéis, o del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?  Empero gracias a Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina a la cual sois entregados;  Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia”.  Indudablemente es más provechoso atraer a adeptos a una fe cuando no se exige nada, pero no es lo que señalan las SS.EE. y es ahí en donde radica la nula respuesta de Dios a sus plegarias, Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Carta a los Gálatas. – Galacia fue una provincia romana situada en la región central de Asia Menor, parte de la actual Turquía. Sus habitantes eran descendientes de los celtas que habían migrado desde Galia hacia el sur de Asia menor, siglos antes.  En la Carta a los Gálatas, el apóstol Pablo se dirige a varias ciudades en las cuales había predicado y fundado comunidades cristianas de origen mayoritariamente gentil.  El apóstol expresa su gran cariño por las congregaciones de Iconio, Listra, Derbe y Antioquía de Pisidia.  En Gálatas 4: 13 y 14, Pablo alude al hecho de haber pasado una temporada con ellos a causa de una enfermedad: … “Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús…”

Esta Carta fue escrita alrededor del año 52 d. C. desde Corinto con el propósito de frenar a los grupos judaizantes que se mezclaban con los cristianos y cuyo fin era conminarlos a la Circuncisión, en primera instancia y, retomar, por ende, la ley de los mandamientos en orden a ritos (problemática central).  De ahí que Pablo (emisor) haga mención a lo tratado durante el Concilio de Jerusalén mencionado en el libro de los Hechos, cap.15.

El apóstol recuerda los inicios de su ministerio manifestando rápidamente su preocupación por el proceder de la hermandad hacia un “evangelio diferente” al enseñado por él que no lo recibió de hombre alguno sino del Hijo de Dios.  Les relata su tardío acercamiento a los apóstoles, su viaje a Jerusalén junto a Bernabé y a Tito luego de catorce años de haber iniciado su labor pastoral , y el apoyo que tuvo de Jacobo, Pedro y Juan, en este momento menciona el punto principal de discusión con los gálatas:  … “Mas ni aun Tito, que estaba conmigo con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud…” (Gálatas 2: 3 y 4),  Aquí Pablo señala que la Iglesia en Jerusalén dirigida por los propios apóstoles no tuvo ninguna intención de obligarlos a circuncidar a Tito, como ejemplo gráfico de la comprensión que existía sobre este asunto en la Iglesia nuclear.

Para comprender esta carta se debe volver a insistir en la necesidad de leerla de principio a fin dado que incluso la división en capítulos y versículos es muy posterior a la redacción de las SS.EE.  En el cap. 5, verso 2 clarifica nuevamente el propósito de su llamada de atención y falta grave de los Gálatas… “he aquí, yo Pablo os digo que, si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley…”  ¿Qué ley?, la circuncisión era parte de la ley ritual y su propósito en este caso específico era hacer una marca en el cuerpo que señalaba la pertenencia al pueblo de Dios.  El Señor Jesús instauró para estos efectos, el bautismo y resultaba totalmente lógico que al aceptar la circuncisión y revalidar la ley del santuario mundano, se desechaba a Cristo del cuál era figura hasta su venida.

 Durante las primeras décadas de la Iglesia fundada por Cristo, estuvo continuamente acechada e infiltrada por judíos que trataron de crear desconfianzas respecto de Pablo.  Las alusiones hechas en la carta indican que tales personas querían obligar a los gálatas a someterse a la ley de ritos y sacrificios, y especialmente a aceptar la práctica de la circuncisión (6.12-13). El apóstol Pablo, celoso de la fe, comprendía cabalmente que ello minaba la esencia del reconocimiento de la relevancia de Jesucristo y el llamado universal del nuevo Pacto (Gálatas 3:28).  Sin embargo, nuevamente las interpretaciones personales y parciales de esta Carta apuntan hacia la abolición del culto de adoración, otra parte esencial de la Ley de adoración y de carácter perpetuo, usando para este efecto, Gálatas cap. 4:9-11 “…cómo os volvéis de nuevo a los flacos y pobres rudimentos en los cuales queréis volver a servir? Guardáis los días, los meses y los tiempos y los años .Temo de vosotros que haya trabajado en vano en vosotros” 

Sabemos a ciencia cierta que lo aludido en este pasaje es el reglamento de culto, consignado en el libro de Levítico y con esta declaración Pablo lo invalida por completo, sin embargo, las versiones más antiguas de las SS.EE., como por ejemplo, la Reina – Valera antigua dice: … “Mas ahora, habiendo conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los flacos y pobres rudimentos, en los cuales queréis volver a servir? guardáis los días, y los meses, y los tiempos, y los años. Temo de vosotros, que no haya trabajado en vano en vosotros.

 Este simple adverbio de negación cambia radicalmente el sentido de lo dicho por el apóstol, aquí en realidad reconoce como una virtud las prácticas de los Gálatas referentes al Reglamento de culto.  El sistema de Satanás, sin duda, no descansa para ocultar la Verdad de Dios revelada a los hombres, pero en esta era de la información, nos cabe a nosotros escudriñar con responsabilidad y descubrir cuál es y seguirla, recordemos lo señalado por el profeta Daniel acerca de estos tiempos… “La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será más grande que todos los otros reinos, y á toda la tierra devorará, y la hollará, y la despedazará.  Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será mayor que los primeros, y a tres reyes derribará.  Y hablará palabras contra el Altísimo, y á los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en mudar los tiempos y la ley…”

Carta a los Hebreos.

La Epístola a los hebreos más allá de su temática, la discusión está centrada en su autoría, aun cuando es incluida en todas las versiones de la Biblia, en la actualidad no existe consenso entre los estudiosos bíblicos sobre el hecho que Pablo sea su autor.  Ya al inicio de este breve estudio hemos comprobado que las iglesias de Oriente, en donde se instituye la Iglesia verdadera, tal como lo menciona el apóstol Pedro, tenían conocimiento de las cartas de Pablo durante el primer siglo y eran éstas un material  invaluable  para su formación, por tanto también lo es para nosotros, cabe señalar de igual forma que no es una carta, sino más bien un discurso,  es decir, se redactó para ser leído en voz alta, por esto abundan los verbos en todas sus conjugaciones de: digo, hablo, etc. lo que permite no utilizar las estructuras formales de carta oriental u occidental que usaba el apóstol indistintamente, de ahí la ausencia de dedicatoria y autoría. A pesar de su nominación, está dirigida a todas las comunidades en general que tengan a judíos conversos y según su análisis lexicológico y teológico, coincide plenamente con la escritura del apóstol Pablo.  Su temática fundamental es establecer la divinidad de nuestro Señor Jesús, para ello cita continuamente las escrituras hebreas para que por medio de ellas se establezca Su supremacía, lo que implica que sus receptores probables son judíos, quienes necesitaban para su conversión, aceptar a Jesús como el Hijo de Dios, sino recordemos la causa del martirio de Esteban.  No deja de mencionar a Cristo en su función eterna de Sumo Sacerdote y la importancia de su sacrificio.

Como ya hemos visto, a lo largo de todo su ministerio, Pablo tuvo que defenderse de las ideas judaizantes tanto cuando lo atacaban personalmente o cuando se infiltraban en las congregaciones de cristianos de origen gentil o no judío, con el objetivo único de sembrar confusión.  Cabe hacer notar que la Iglesia y sus apóstoles no tenían dudas respecto de la divinidad de su Maestro.  (Juan 1:1-14)

La controversia sobre este asunto surgió con fuerza siglos más tarde cuando Arrio (256-336) de Alejandría , probablemente de origen libio y sus discípulos  colaboraron en el desarrollo de una doctrina, que sostenía que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios, lo que se denominó arrianismo.  Como ya sabemos, el Imperio Romano no tuvo como finalidad inicial perseguir al cristianismo incipiente, este era un problema para los judíos, no aun para el Imperio; fue años más tarde cuando algunos de sus emperadores se arrogaron el estatus de dios y exigieron a las provincias que le adorasen diariamente, cuando comienza la prosecución de los cristianos por parte de Roma, pues se negaron a esta idolatría.  El origen del catolicismo en el seno del imperio romano, también es ampliamente conocido y tal como lo hicieron con el helenismo politeísta en su momento, Constantino vio en el “cristianismo” un mecanismo de unión para el Imperio que se debilitaba en luchas internas, pero que distaba mucho de ser la Iglesia fundada por Cristo y que conocía su mensaje, pues se fusionó en esta nueva religión el paganismo imperante y una visión parcial del evangelio de nuestro Señor Jesús.

Hubo una serie de debates y reuniones o Concilios para determinar las doctrinas de esta nueva religión y acaso el más importante punto a  debatir  fue el tema de la divinidad de Cristo, luego que el emperador Constantino concediera la libertad de culto para la población romana.

El arrianismo fue rechazado en el Primer Concilio de Nicea (325) y, tras varias discusiones, fue definitivamente declarado herético en el Primer Concilio de Constantinopla en el año 381. No obstante las luchas entre nicenos y arrianos, se mantuvo como religión oficial de algunos de los reinos establecidos por los godos en Europa tras la caída del Imperio romano de Occidente.

El arrianismo es definido como aquellas enseñanzas defendidas por Arrio opuestas al dogma de la “Trinidad” determinado en los dos primeros concilios en donde se fraguó el catolicismo y mantenido en la actualidad por éstos, las Iglesias ortodoxas orientales y  el protestantismo que no se aleja mucho de su influencia. Los testigos de Jehová y los adventistas como un ejemplo más cercano, se adhieren a la idea de Jesús como un ser creado y con limitaciones en relación a su divinidad.  Para esta corriente de pensamiento como para la nueva religión que se formaba en el siglo III después de Cristo, que no tenía claridad respecto de lo que adoraban, la carta a los Hebreos del apóstol Pablo no era para nada conveniente, por tanto, que menos dificultoso que dudar de su autoría cuando era contraria a las ideas de Cristo como creatura.  Lo que debemos entender es, finalmente, que, pese a la fuerza del sistema contrario a la voluntad de Dios, la verdad prevalece para siempre y para quien busque a Dios, deberá encontrarla tarde o temprano. El apóstol Pablo trabajó afanosamente hasta su muerte en Roma, por fortalecer el evangelio de Cristo predicado a los gentiles, labor que continuó, sin duda, el apóstol Juan, el más longevo de ellos.  Todos ellos con una dedicación exclusiva al ministerio, dieron su vida por la Iglesia y son ellos y sus escritos nuestra principal fuente de información, en el siglo presente, sin duda que la información histórica resulta de fácil acceso, pero debe ser revisada y comparada con las SS.EE., lo mismo que los diferentes credos que se han originado a partir de muy diversas interpretaciones, por esto mismo tomamos las palabras sabias de Pablo a su discípulo más querido, el joven Ministro Timoteo, a quién dirige sus últimas misivas… “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad…” (II Timoteo 2: 15 – 16)

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