EL LIBRO DE EZEQUIEL Parte I.

Los profetas fueron un grupo especial de hijos de Dios que fueron elegidos para transmitir su mensaje.  No eran una clase hereditaria como la monarquía o el sacerdocio; cada uno recibió un llamamiento directo de Dios, algunos desde su nacimiento, otros desarrollaban una vida normal como, por ejemplo: Jeremías y Ezequiel eran sacerdotes; quizás también Zacarías. Isaías, Daniel y Sofonías eran de sangre real, Amós era pastor, no se sabe lo que hayan sido los demás, pero lo fundamental es que el objetivo de los profetas de Israel, fue recordarle al Pueblo su Alianza con Dios, y llamarlos a la fidelidad.  (Os 6,4-6). La palabra profeta en hebreo es «nabí»; así, al conjunto de libros que se clasifican como proféticos se denominan «Nebim». 

La palabra «nabí» significa vidente, o «inspirado por Dios», tal como describe su ocupación el profeta Samuel (1 Sam 10:10) incluso en algunas ocasiones, cuando proclamaban su mensaje, lo hacían hablando como si lo hiciera Dios en primera persona. Hay evidencias posteriores de escuelas de profetas que pasaban por trances y las profecías eran acompañadas por música o danzas, algunos causaban gran temor cuando el pueblo los veía aproximarse, como en el caso de Elías, Eliseo o Samuel quien era además sacerdote y juez sobre Israel.  Ellos fueron notables hijos de Dios, algunos registraron la revelación que habían recibido y otros no escribieron nada absolutamente. Sus ministerios fueron de grandes milagros como en el caso de Elías o de muchos sufrimientos como Jeremías y Ezequiel, sólo Dios podía determinar cómo daría a conocer su mensaje, por ello exigía total devoción.

La profecía entonces es un mensaje inspirado, una revelación o proclamación de la voluntad de Dios, que incluye hechos futuros, sin duda, pero revelados por Dios y con un propósito. Podemos concluir que los profetas fueron hombres o mujeres (Hechos 21: 8-9) que dieron a conocer la voluntad de Dios ya sea como una oportunidad de arrepentimiento, una sentencia o la revelación de conocimiento sobre hechos por venir.

 El evento histórico que evocó la obra de los profetas fue la aparición misma del género humano, pues la primera profecía aparece en Génesis, cuyo autor fue Moisés para declarar que el propósito del Hombre es alcanzar la semejanza de Dios.  Antes de él se menciona la profecía de Enoc, de la que no quedaron registros excepto la mención que hacen el apóstol Pablo y Judas.

El principal motor de las profecías fue la idolatría, pero no el único, aunque con el tiempo provocó el definitivo alejamiento entre Dios y su pueblo, los israelitas abandonaron sus principios y se entregaron a la perversión de las naciones vecinas, y el nombre de Dios desapareció de sus corazones, fue en este momento crucial cuando apareció con más fuerza la actividad profética.

De los profetas cuyos testimonios fueron escritos por orden divina, se dividen “profetas mayores y menores”. Esta clasificación se basa en el tamaño de los libros. Cualquiera de los libros de Isaías, Jeremías o Ezequiel, por sí solos son más extensos que todos los doce profetas menores juntos.

El origen de la escritura de estos libros fue principalmente la decadencia de los Reinos de Israel y Judá, pero su temática en general, considerando todas las SS.EE, apunta a tres ejes fundamentales:

*Israel

  • División. Caída, dispersión cautiverio, redención.

 

*El Mesías

  • Nacimiento, Vida, Muerte, Ministerio,

Resurrección, Segunda Venida, Rey.

*El Fin

  • Escenario, naciones involucradas,

Circunstancias, poderes, personajes.

 

Como ya señalamos, el reavivamiento de esta actividad tiene relación con la caída de Israel, iniciando este periodo el hito de la separación del pueblo elegido en dos reinos en muchos momentos, antagonistas.  Los profetas que recibieron la orden de escribir sus visiones aparecen alrededor del siglo VIII y IX a. C.

Este período de los profetas abarcó, poco más o menos, 400 años, (800-400 A.C.) siendo el evento céntrico del período, la destrucción de Jerusalén, que ocurre en el año 607 a. C. (año 3.397 de la C.B.) Con este hecho, de una o de otra manera, se relacionan cronológicamente siete de los profetas escritores: Jeremías, Ezequiel, Daniel, Abdías, Nahúm, Habacuc y Sofonías. Aunque Dios mismo decretó la destrucción de Jerusalén, hizo cuanto pudo para evitarla, a través de las continuas advertencias que señalaban una y otra vez que la caída de la nación elegida no significaba el fin de los planes de Dios; que después de un tiempo de castigo habría una restauración para Israel.

Los Profetas, aun cuando ellos mismos no siempre comprendían del todo el significado pleno de algunas de sus visiones porque parte de ellas estaban enfocadas a los últimos tiempos, la gran mayoría de éstas han sido reveladas a sus hijos a través de la historia.

Cuando el reino de Judá es castigado y llevado en cautiverio, se destacan paralelamente, estos tres profetas: Daniel, Ezequiel y Jeremías.  Así se inicia el llamado “tiempo de los gentiles”, periodo que se extendió por 2.520 años aproximadamente, como lo indica el libro de Daniel cap. 4, hasta que existiera la posibilidad concreta de conformar nuevamente la nación de Israel, hecho que se lleva a cabo a mediados del siglo XX.

En este lamentable momento del reino de Judá, Daniel, un  noble de no más de 17 años fue conducido a Babilonia con  otros jóvenes de linaje real junto al rey Joaquim por orden de Nabucodonosor para ser instruido en el idioma y la sabiduría caldea aproximadamente el año 605 a. C. tal como lo había profetizado Isaías al rey Ezequías (II Reyes 20:12 – 19), en tanto Jeremías, un profeta de 40 años, se quedó en Jerusalén y fue la voz de Dios para instar al pueblo a someterse al dominio de los babilónicos.

Hablaremos ahora del ministerio menos conocido y comentado de un joven sacerdote, Ezequiel, que en estas circunstancias tenía   25 años y ejerció su ministerio entre el año 595 y 570 a.C. aproximadamente, durante el cautiverio en Babilonia, ocho años después de la llegada de Daniel.  Su nombre significa “Dios es mi fortaleza”, fue hijo de Buzi y la mayor autoridad espiritual del grupo de los principales de Judá que es llevado también al cautiverio, diez años antes de la destrucción definitiva

de Jerusalén, cuando Nabucodonosor dejó como regente a Sedequías, tío del rey Joaquim. El grupo de cautivos a los que pertenecía Ezequiel se asentó en Tel – abib, junto al río Chebar cerca de Nipur en Caldea.  El joven sacerdote fue la figura más prominente del grupo, quienes le consultaban continuamente sobre su futuro porque albergaban torpes esperanzas de volver a Judá.  En general siempre resistieron el mansaje de Ezequiel, fue su triste tarea decepcionarlos y confortarlos posteriormente con la promesa de la futura restauración de Israel.

Ezequiel, el profeta mudo. –A la edad de treinta años, al quinto año de su cautiverio, Dios lo llama para ser su profeta, cargo que ejerció durante 22 años, sus escritos pueden resumirse en tres grandes apartados:

Ezequiel da cuenta de su llamado con bastante detalle y escribe que vio visiones de Dios, de su trono y de los querubines que estaban a cargo de transportarlo, allí recibe la misión de ser la voz de Dios en medio de “los hijos de Israel, gente rebelde, de duro rostro y empedernido corazón y, aunque no escuchen, no podrán decir que no hubo profeta entre ellos”.  Entonces recibe un rollo que tuvo que comer y que era dulce como la miel, debía digerir este mensaje que traería algo bueno finalmente para su pueblo. Fue tanta su impresión por esta visión y el anuncio de su ministerio, que estuvo mudo siete días.  Luego de los cuales Dios le habla nuevamente sobre el deber que conlleva ser su atalaya.

Vamos a comentar dos de las visiones de Ezequiel que han sido analizadas en muchas ocasiones por las repercusiones que tienen para nuestro tiempo.

 

Tercera gran visión del profeta, El valle de los huesos secos.

Dios transporta en visión a Ezequiel a un valle lleno de huesos secos y le pregunta ¿vivirán estos huesos?, Ezequiel no tiene la respuesta y recibe la orden de profetizar que Dios pondrá espíritu en ellos y vivirán, a pesar de haber perdido toda esperanza de redención, cap. 37:11- 14“he aquí ellos dicen: nuestros huesos se secaron y pereció nuestra esperanza y somos del todo talados.  Por tanto, profetiza y diles: así ha dicho el Señor Jehová, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.  Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros, y os sacaré de vuestras sepulturas pueblo mío.  Y pondré mi espíritu en vosotros y viviréis y os haré reposar sobre vuestra tierra y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová…”. Sin duda que el cautiverio en Babilonia fue terrible para Judá, sin embargo, a través del relato de Jeremías y lo que se deduce de la vida en cautiverio relatado en los libros de Daniel y Ezequiel, esto no fue tan terrible, muchos de los judíos se asentaron cómodamente en Babilonia, tanto   que cuando Ciro permite volver a Jerusalén, a los transportados guiados por Zorobabel, muchos se quedan en Babilonia.  Por lo tanto, esta profecía que describe a un pueblo agónico y a punto de desaparecer de la faz de la tierra, corresponde a la persecución que promovió el movimiento nazi en pleno siglo XX, al finalizar el periodo de los siete tiempos determinados por Dios como duración del llamado “tiempo de los gentiles” relatados en el libro de Daniel cap. 4, cuando la simiente de los hijos de Dios estaría bajo el poderío de dominios extranjeros hasta que Dios se acordara de su pueblo.

También existe la interpretación que concluye que esta profecía aún no se ha cumplido, pero si leemos atentamente, estos “huesos fueron cubiertos de nervios y de carne y, luego Dios da la orden al espíritu para que sople y vivan” esta descripción no corresponde a la transformación espiritual de Israel, se describe un renacimiento netamente físico como nación, no espiritual.

A partir del verso 16 del mismo capítulo, comienza otra profecía sobre la futura unión en un solo pueblo de Israel y Judá, a través de la figura de dos palos que el profeta debe unir en su mano, con símbolos diferentes que claramente señalan la vida luego de la resurrección, cuando efectivamente Israel vuelva a ser uno por voluntad de Dios, según lo dicho en el ver. 24, en el milenio: “mi siervo David será rey entre ellos y a todos ellos será un pastor y andarán en mis derechos y mis ordenanzas guardarán y las pondrán por obra”, lo que corresponde a la resurrección en adelante.

Capítulo 38 y 39 de Ezequiel, profecía contra Gog y un conjunto de pueblos y naciones al cabo de los días.

Uno de los episodios más renombrados y analizados de Ezequiel es el contenido del capítulo 38 y 39.  Antes de explicar el conocimiento que nuestra Iglesia tiene sobre la profecía de estos capítulos, debemos tener presente que las visiones de Ezequiel y otros profetas no son, necesariamente cronológicas, no siguen un orden, tal como ocurre también en Apocalipsis, por ellos es de suma importancia comprender que los acontecimientos del tiempo del fin fueron entregados a varios profetas y su lectura conjunta y reordenada nos permitirá conocer cómo se van a desarrollar estos hechos finalmente.

  1. Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo: 2.Hijo del hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe de la cabecera de Mesech y Tubal, y profetiza sobre él.3. Y di: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo á ti, oh Gog, príncipe de la cabecera de Mesech y Tubal.4. Y yo te quebrantaré, y pondré anzuelos en tus quijadas, y te sacaré á ti, y á todo tu ejército, caballos y caballeros, vestidos de todo todos ellos, grande multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas:5. Persia, y Etiopía, y Libia con ellos; todos ellos con escudos y almetes:6. Gomer, y todas sus compañías; la casa de Togarma, á los lados del norte, y todas sus compañías; pueblos muchos contigo.7. Aparéjate, y apercíbete, tú, y toda tu multitud que se ha reunido á ti, y séles por guarda.
  2. De aquí a muchos días serás tú visitado: al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron para asolamiento: mas fué sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente.9. Y subirás tú, vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú, y todas tus compañías, y muchos pueblos contigo.10. Así ha dicho el Señor Jehová: Y será en aquel día, que subirán palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento;11. Y dirás: Subiré contra tierra de aldeas, iré á gentes reposadas, y que habitan confiadamente: todos ellos habitan sin muros, no tienen cerrojos ni puertas:12. Para arrebatar despojos y para tomar presa; para tornar tu mano sobre las tierras desiertas ya pobladas, y sobre el pueblo recogido de las gentes, que se hace de ganados y posesiones, que mora en el ombligo de la tierra.
  3. Seba, y Dedán, y los mercaderes de Tarsis, y todos sus leoncillos, te dirán: ¿Has venido a arrebatar despojos? ¿has reunido tu multitud para tomar presa, para quitar plata y oro, para tomar ganados y posesiones, para tomar grandes despojos?
  4. Por tanto profetiza, hijo del hombre, y di á Gog: Así ha dicho el Señor Jehová: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habitará seguramente, ¿no lo sabrás tú?15. Y vendrás de tu lugar, de las partes del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, grande reunión y poderoso ejército:
  5. Y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días: y te traeré sobre mi tierra, para que las gentes me conozcan, cuando fuere santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.”

Los pueblos mencionados en esta profecía para los tiempos del fin y que van a actuar durante la gran tribulación y el Día de la ira de Dios, ya habían sido identificados en el libro de Génesis cap. 10 en las generaciones posteriores al diluvio universal.  Todos ellos son descendientes de Japhet.

Es interesante notar que etimológicamente, “Japhet” significa “expandir”, puesto que su descendencia efectivamente, pobló el norte de Asia, parte de África e incluso de Europa. Para descubrir quiénes son en la        actualidad,        es necesario investigar estos asentamientos humanos y llegaremos a una idea no exacta, pero sí aproximada de su ubicación geográfica.  Lógicamente, las nominaciones en las SS.EE no consideran las fronteras del siglo XXI, por tanto, debemos deducir esta información.

La mayoría de los estudios acerca de esta profecía coinciden en que “Gog” corresponde a un Gobernante fuerte y poderoso capaz de liderar un ejército formado por muchas naciones y que proviene de la tierra de Magog cuyos   habitantes se les relaciona con los escitas, avecindados al norte del mar negro y las montañas del Cáucaso.  La traducción más acertada del versículo 2 “príncipe de la cabecera” es “príncipe soberano”, debemos sumar a esto que la palabra “soberano” es una imprecisa traducción de un nombre propio hebreo: “Rosh”, este nombre, sorprendentemente coincide con la forma en que antiguamente se nombraba a la actual Rusia. Entonces podemos concluir que este líder ruso comandará una gran conflagración de pueblos y naciones unidas por objetivos comunes como la oposición a Israel, al orden político imperante (La Bestia de Apocalipsis 13) que ya se pueden visualizar como: China, India, Turquía, Giorgia, Ucrania que ya fue anexada, es decir, las naciones ubicadas en las inmediaciones del mar negro.  Este poder militar y económico será más extenso y poderoso que la extinta Unión Soviética. Mesec y Tubal mencionados a continuación, son hermanos y, generalmente, aparecen juntos en los asentamientos y corresponden geográficamente a Turquía y Giorgia.

En el verso 5 se nombra a Persia, Cush y Phut.  Persia fue un reino conocido y registrado en la historia y cuyo seguimiento geográfico se asocia, fácilmente, a Irán.  Cush y Phut nombrados en Génesis 10 están ubicados en el norte de África y corresponden a Etiopía y Sudán y Libia, pero debemos considerar que muchos de ellos migraron en la antigüedad hacia lo que conocemos hoy como India, por lo tanto, no debería sorprendernos si dentro de estos pueblos y naciones, India también forma parte de este gran ejército y que tiene a su haber, como Rusia y China, un gran poderío nuclear.

En el verso 6 se nombra a Gomer y Togarma, hay algunos que quieren identificar a Gomer con Japón o incluso con Francia en la actualidad, pero no hay bases suficientes para ello, aunque no se desestima el hecho que, entre eses muchos pueblos, esté Japón.  Togarma corresponde a los territorios de Armenia y Capadocia, específicamente la región montañosa a orillas del mar Caspio y Gomer corresponde al territorio que hoy es Rumania. Ya identificadas las naciones que conformarán este inmenso ejército debemos saber qué hará y cuándo.

En primer lugar, tal como lo leemos, Dios los hará venir desde los confines del norte a Israel en un momento en que estará pacificado y prosperando económicamente para que la humanidad reconozca a Dios.

Ahora bien, ¿Cuándo ocurrirá este enfrentamiento? Durante los años previos a la instauración del Gobierno de Dios en la tierra, lo que denominamos como el tiempo del fin, van a comenzar a desarrollarse una serie de eventos catastróficos que someterán a la humanidad en un caos total producto de la apertura de los primeros sellos y que facilitará el posicionamiento de un poder militar y económico conocido como la bestia o el rey del norte como lo llama Daniel,  (un conjunto de naciones lideradas probablemente por Alemania) pero si bien establece un tipo de gobierno universal  como lo dice Apocalipsis 13: 7 – 8: Y le fue dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fue dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente. Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”.

 Habrá naciones que no estarán conforme con este poder y lo enfrentarán como este ejército de los confines del norte dirigidos por Gog y también el rey del sur (conjunto de naciones islámicas).

A la altura del quinto sello o “la gran tribulación” sabemos que Israel y unido a él la Iglesia de Dios, vivirán tiempos de gran aflicción, sobre todo los últimos tres años y medio que será el tiempo del ministerio de los dos testigos. El profeta Zacarías aclara estos momentos y cuál sería el punto de partida.  “He aquí yo pongo a Jerusalén por vaso de temblor a todos los pueblos de alrededor cuando estén en el sitio contra Judá y contra Jerusalén y será en aquel día que yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos que se la cargaren, serán despedazados, bien que todas las gentes se juntarán contra ella”.  

 

No es desconocido que la gran esperanza de Israel es tomar control de Jerusalén para reconstruir el Templo, tales pretensiones no tienen apoyo político y deberá obtenerlo por la fuerza, puesto que ello implicaría una confrontación directa con las naciones islámicas ya que en este monte está la Cúpula de la Roca (lugar en donde el islam sitúa el sacrificio de Isaac) y la Mezquita de Al Aqsa.  Sin embargo, por arriesgado que parezca para la estabilidad del Medio Oriente, según el libro de Ezequiel, Israel construirá un tercer templo y se volverá al sacrificio de animales (cap. Finales) Entonces el hecho que marcará el inició de la debacle será la ocupación del monte del templo por la fuerza; ello desencadenará la ocupación  de Israel, fuente de todos los conflictos según lo dicho por Zacarías, ¿por quién? por “el hombre de pecado, el hijo de perdición (Un dirigente religioso mundial) tanto que se siente en el templo de Dios haciéndose parecer Dios” mencionado en II Este dato nos sitúa en los últimos tres años y medio ya mencionados, previos al gran día de la ira de Dios, otra serie de eventos catastróficos que culminarán con la instauración del gobierno de Dios. de Estos hechos contextualizan lo que Juan escribe en Apocalipsis capítulo 11 y Zacarías en el capítulo 14:2; el apóstol Juan debe medir el templo de Dios con una caña y no debe medir el patio porque le será dado a los gentiles que hollarán la ciudad santa por 42 meses. Tesalonicenses 2:3y4.  Recordemos que tras este personaje está el poder político y económico descrito en Apocalipsis 13, como la bestia de siete cabezas y diez cuernos.

En el sexto sello, además de producirse catastróficos eventos cósmicos, se produce un paréntesis en donde Dios señala a 144.000 de las tribus de Israel y a la Iglesia alrededor del mundo, previo a la apertura del siguiente sello que corresponde al Día de la ira de Dios. Apocalipsis 16:12-14:  Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de él se secó, para que fuese preparado el camino de los reyes del Oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos á manera de ranas: Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir á los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso”.

En la apertura del séptimo sello se despliegan siete ángeles, cada uno con una trompeta. La primera consiste en granizo y fuego que elimina a la tercera parte de la vegetación de la tierra.  La segunda trompeta hace caer un meteorito sobre el mar que elimina a la tercera parte de la vida del mar y las naves que están en él.  La tercera trompeta, un meteorito que tiene por nombre “ajenjo” cae sobre la fuente de aguas dulces y contamina la tercera parte de ellas. Al sonido de la cuarta trompeta se oscurece en una tercera parte el sol, la luna y las estrellas. En la quinta trompeta se abre la puerta del abismo que permite el ascenso de un gran ejército comandado por Satanás que dañará a los seres humanos por cinco meses con una especie de armamento biológico y que entendemos es la fuerza militar de la Bestia que corresponde también al primer “ay” que etimológicamente corresponde traducir como “gran terror” en un intento de tomar el control de la tierra frente al caos imperante.

La sexta trompeta o segundo “ay” corresponde a la intervención de este gran ejército descrito por Ezequiel en el cap. 38 y 39, que se opondrá al ejército anterior porque se da una clara referencia geográfica, en Apocalipsis 9:14 desata a los cuatro ángeles que están atados en el gran río Éufrates y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban apa rejados para la hora, día, mes y año para matar la tercera parte de los hombres. Y el número del ejército de los de a caballo era 200 millones. Y oí el número de ellos (…) De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, humo y azufre”.

En primer lugar, cuando Juan profetiza, ni siquiera la humanidad de ese entonces alcanzaba una densidad de 200 millones, sin embargo, al analizar los integrantes del ejército de Gog (Rusia, China, India, Turquía y una multitud de pueblos y naciones no identificadas) fácilmente se entiende que pueden proveer un ejército de esa magnitud y la referencia geográfica es clave si, al saber la identidad de los principales pueblos que se le unirán, los  relacionamos con la ubicación del río Éufrates de la antigüedad.  Debemos considerar que este ejército comienza a actuar en este momento y realizará un recorrido funesto tras el cual habrá muerto a la tercera parte de la humanidad, probablemente con armamento nuclear que Juan describe como las plagas de fuego, humo y azufre, hasta llegar a los montes de Jerusalén, a la altura del derramamiento de la sexta copa de las últimas plagas en Apocalipsis 16: 12 al 16.

Como especifica Ezequiel, estos ejércitos rodearán a Israel lo que se conoce como el Armagedón nombrado en Apocalipsis, Israel podría ser borrado de la faz de la tierra, sin embargo, el profeta Joel en el cap. 3 aclara que efectivamente estas naciones llegarán al valle de Josafat y allí Dios los enjuiciará por su pueblo de Israel, por haberlos dispersado y dividido su tierra. El profeta Zacarías agrega, en el cap. 14: 2 en adelante, y dice que en ese momento saldrá Jehová y peleará con esas gentes y los destruirá dando inicio con ello al periodo Milenial.  En el cap. 39 el profeta describe estos momentos y señala que por siete años habrá gente encargada de dar sepultura a este gran ejército y limpiar la tierra de sus muertos.  De aquí en adelante, el desarrollo de los hechos siguientes está descritos en Zacarías cap. 14.

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