ALGUNAS CONSIDERACIONES PARA EL ESTUDIO DE LAS SS.E.E.

Los tiempos que vivimos han sido denominados como “la sociedad del conocimiento”, una época de innovación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, donde el incremento en las transferencias de la información modificó en muchos sentidos la forma en que se desarrollan las actividades en la sociedad moderna. En palabras simples, podemos acceder a una enorme cantidad de información sin mayor esfuerzo, todo tipo de conocimiento está al alcance de nuestra mano.

En estos momentos en que estamos impedidos de reunirnos con maestros de las SS.EE., todo creyente debe entender con claridad que debemos instruirnos, conocer y comprender los principios de Dios revelados en las SS.EE., porque son tan importantes que Jesús mismo dijo respecto de ellas, “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Esto quiere decir que, si queremos vivir una vida exitosa como fue el propósito de Dios en un inicio para la humanidad, hay que aprender sus principios con el fin de aplicarlos a nuestra manera de vivir.

Aprender, como se define comúnmente, es un proceso voluntario a través del cual se modifica la conducta y se adquieren habilidades, destrezas, conocimientos y valores.  Entonces la pregunta es ¿Por qué el estudio personal de las SS.EE no es una prioridad?

Aquí debemos resaltar al menos dos ideas: aprender implica un cambio en la conducta y es un proceso voluntario.

Debemos leer y estudiar la Biblia porque este aprendizaje nos permite distinguir la verdad del error y, lo más importante, nos revela cómo es Dios y cuál es su voluntad para cumplirla.   No podemos simplemente conformarnos con ser parte de una audiencia que escucha silenciosamente los sermones en cualquiera sea la congregación a la que pertenezcamos.  El aprendizaje de las SS.EE. no está mediado, necesariamente, por pastores, maestros o doctores; puede estar al alcance de cualquier persona que desee saber.

¿Cuál es el propósito de estudiar las SS.EE?

La Biblia no es sólo un libro de lectura, sino que es un libro de estudio, a fin de poder aplicar lo que aprendemos. Recordemos las palabras de Jesús cuando dijo:  “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, ¿y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46).  Jesús nos aclara el propósito de ser hijos de Dios y el papel fundamental que juega el estudio de su palabra: estudiamos las SS.EE. para hacer lo que se nos exige en ellas, si no se llega a este paso, estamos rebajando a la Biblia a un mero libro de entretención, de la que podemos ser, incluso, expositores teóricos, pero sin el Espíritu, vacíos, porque pretendemos servir a Dios, pero Él no nos reconocerá como sus hijos hasta que no hagamos lo que nos pide en sus escritos.

Entonces podemos afirmar que en la medida que nos adentramos en el estudio necesario y constante de las SS.EE., lo hacemos para aprender a hacer lo que es correcto y hacerlo, realizar un cambio conductual y comprometer toda nuestra fuerza de voluntad en lograrlo, a esto le llamamos en lenguaje bíblico el acto de la conversión.

 ¿Cómo podemos comenzar el estudio responsable y humilde de las SS.EE?

En primer lugar, no tenemos que ser eruditos para dimensionar la dificultad que implica comprender un texto como la Biblia que comenzó a escribirse en el año 1529 antes de la era cristiana y cuya redacción finalizó en el siglo I de nuestra era. Su antigüedad nos indica que la lectura no va a ser un proceso fácil y que debemos abocarnos a esta tarea siendo conscientes que debemos recomponer un mensaje de Dios en un momento de la historia que requiere considerar: el autor, el contexto, el idioma y sus traducciones, las licencias literarias y finalmente, su contenido.

Entonces, la lectura de la Biblia que es el primer paso, nos va a enfrentar a varias dificultades que vamos a resolver si tenemos presente lo siguiente:

  1. Las Fuentes: Ahora que existe la facilidad de acceder a todo tipo de información, es importante tener en cuenta que nada que venga de una fuente extrabíblica será más importante que lo que la Biblia establece, es decir, cualquier información estará supeditada a lo que la Biblia declara.

  1. Contexto Semántico:

No es un criterio a considerar, el uso de versículos de forma aislada porque la Biblia no fue escrita de esa manera, la división en capítulos y versículos data del siglo XI de nuestra era, aun cuando fue aceptada por los judíos de entonces, sólo facilita el uso de citas de sus diferentes autores o la ubicación de algún texto.  Las afirmaciones o principios bíblicos pertenecen a un contexto semántico en el cual fueron enunciados que se debe considerar para comprender su significado completo.

A continuación, analizaremos un típico ejemplo de descontextualización de un versículo que ha sido usado para validar el uso de la barba y la prohibición de cortarse el cabello, por algunas congregaciones judaizantes.  Se toma como mandato, el versículo 27 del capítulo 29 de Levíticos en donde se indica lo siguiente: “ No cortaréis en redondo las extremidades de vuestras cabezas, ni dañarás la punta de tu barba.” Así expuesta la lectura no deja lugar a dudas que este es un mandamiento a observar; sin embargo, si leemos la idea completa que continua en el versículo siguiente, cambia bastante el enfoque: “Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová”.  En primer lugar, el versículo 28 comienza con una conjunción “y”, la que ya indica “unión” de ideas y, luego, entendemos que lo que aquí se plantea es la prohibición de hacer este tipo de actos como muestra de duelo.

  1. Contexto histórico: Se denomina contexto históricoa las circunstancias y las incidencias que rodean a un suceso. Tanto los discursos o mensaje como las acciones están unidos a una época, por lo tanto, aportan a la comprensión de las SS.EE.  Ya dijimos que si queremos comprender los textos bíblicos debemos estar plenamente conscientes que estos hechos ocurrieron hace más de veinte siglos, por ello es fundamental reconstruir el momento histórico en el que aparecen para que no nos induzcan a error.

A modo de ejemplo citaremos el sacrificio de Isaac mencionado en las SS.EE. Hay grupos agnósticos o ateos que toman este hecho para afirmar que el judaísmo, bárbaro en sus inicios, permitía los sacrificios humanos; sin ir más lejos, Israel durante el periodo de los jueces y la Monarquía realizó sacrificios humanos, por ejemplo, para adorar a Baal. Sin embargo, el sacrificio de Isaac exigido por Dios a Abraham, no tiene relación con la adoración propiamente tal, era una prueba a la obediencia de Abraham quien sería la base del pueblo de Israel en su conformación.  Entendemos que el sistema de adoración basado en el sacrificio de animales, a ojos del siglo XXI, puede parecer bastante bárbaro, pero existió con el fin de simbolizar el futuro sacrificio de Jesús, el hijo de Dios para salvar a la humanidad que estaba condenada irremisiblemente a la muerte, puesto que el principio que subyace a esta sentencia es que la paga del pecado es la muerte.

  1. Contexto idiomático: Todos sabemos que la Biblia es un compendio de libros escritos en oriente, principalmente en Asia, parte de Europa y el norte de África, que debido al momento de la revelación y a quienes fue encomendada, se escribió en varios idiomas: hebreo antiguo, arameo, caldeo y griego koiné.

Muchas veces, el tema de los idiomas permite dilucidar contradicciones bíblicas aparentes o doctrinas erróneas que no vamos a poder explicar fácilmente, pero por lo menos, debemos tener presente que el tema del idioma se debe considerar como una explicación probable a nivel teológico debido a su complejidad:

Por ejemplo; la traducción más extendida sobre las últimas palabras del Señor Jesús es bastante controversial:

A eso de las tres de la tarde, Jesús clamó en voz fuerte: “Eli, Eli, lama sabactani”que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Este versículo es bastante conocido, pero la discusión se centra en ¿Por qué el Hijo de Dios que hizo la voluntad de su Padre, que había comprendido mejor que nadie Su voluntad pensaría que su Padre le había abandonado? La explicación tiene relación con las circunstancias idiomáticas. Marcos hizo el evangelio para la comunidad griega, escribió el texto en griego Koiné; pero la exclamación de Jesús la transcribió en el idioma original que era el arameo, con el tiempo también se tradujo esta expresión, pero utilizando el griego común y quedó tal como la conocemos hoy.  Sin embargo, la traducción correcta de la expresión en arameo de Jesús, según el griego koiné es “DIOS MÍO, DIOS MÍO PARA ESTE PROPÓSITO FUI ELEGIDO” que parece ser más congruente con el momento que vivía el Hijo de Dios, saber que había podido cumplir el propósito que su Padre le había encomendado.

  1. Características literarias: La Biblia tiene muchos estilos de escritura y también presenta el uso de diversos recursos literarios lo que significa que el lenguaje no está usado de manera directa, hay que entender primero qué figura literaria es y luego será más fácil su interpretación. Este tipo de lenguaje se usa en las visiones proféticas y en los libros sapienciales.

  1. Intertextualidad: Es cuando dos textos escritos por autores diferentes, en momentos históricos distintos dialogan entre sí, uno se refiere a otro.  Un caso bien conocido es la cita de Marcos 1:3 “Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; Enderezad sus veredas.

    El evangelista está citando el libro de Isaías 40:3 “Voz que clama en el desierto: Barred camino a Jehová: enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” que es una referencia clara a Juan el bautista y a Jesús, el primero como el que prepara el camino para la aparición de Jesús y, Jesús como Dios entre los hombres, según lo dicho por Isaías que corresponde a una de nuestras doctrinas fundamentales: la Divinidad de Jesús.

Lo que debemos recordar entonces que es necesario estudiar las SS.EE. para aprender los principios de Dios y que la lectura de la Biblia es fundamental, aunque no sea una tarea fácil, y, para eso, necesitamos considerar estas claves.

Luego que seamos capaces de hacer una lectura profunda de la Biblia, y aprender los principios de Dios, recién podemos dar el siguiente paso que es la enseñanza de las S.S.EE.; si bien la Iglesia tiene la obligación de predicar o “enseñar” el evangelio, no puede realizarse este mandamiento sin primero aprender que, como ya sabemos, es un proceso más complejo que requiere un cambio de conducta importante y es totalmente lógico puesto que las personas que enseñan representan a la Iglesia y a Dios y sus principios, entonces requiere de un gran esfuerzo, dedicación y, sobre todo, conversión para que por medio del Espíritu Santo se haga  llegar la Palabra de Dios a quienes Él elija.

Claramente no es algo para tomar a la ligera o sin tener la preparación suficiente, pero tenemos la esperanza que Dios nos considere, tal como lo dice Jeremías 33:3 “Clama a mí y te responderé y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes”. No hay una edad de inicio ni tampoco de término, los avances científicos de la neurobiología nos han enseñado que el cerebro nunca termina de aprender, lo hace a lo largo de toda la vida; pero siempre el aprendizaje será un acto de voluntad personal y sobre esto, comprendamos que deberemos responder según los dones que Dios nos haya otorgado.

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