¿EXPLICAN LAS ESCRITURAS QUE ES DIOS?

Naturalmente que sí. Muchas personas estiman irreverente que simples mortales estemos elaborando conceptos para referirnos a la Divinidad; sin embargo, su palabra nos enseña que todo el conocimiento revelado nos pertenece; y éste es un conocimiento que está declarado en las Escrituras.

La primera persona que tuvo que enfrentar el problema de conocer al Dios Verdadero fue Moisés cuando le fue encomendada la misión de libertar a Israel. Para aquel entonces, Israel ya llevaba poco más de un par de siglos de cautiverio y, por supuesto, tenía un conocimiento muy vago del Dios de sus antepasados; podía entender con más claridad la cultura de su medio; como lo era el politeísmo egipcio con sus dioses: Amón-Ra, Apis, Isis, Min, That, Horus, Hegt, Pat; entre otros. No había, sin embargo, entre estos dioses un DIOS DE LA VIDA. Podían sus, según la creencia egipcia, cuidar de la vida y sus diferentes aspectos, pero NO GENERARLA. A esos hebreos tenía que ir Moisés y notificarles que debían obedecer, y dejar la tierra que por tanto tiempo les había cobijado, para ir en busca de la tierra desconocida.

A esta altura del relato bíblico, Moisés, de 80 años aproximadamente, vivía al oriente de Egipto en la Comarca de Madián, al este del golfo de Akaba. A este lugar había huido hacía ya 40 años, cuando se le apareció Dios para entregarle la gran comisión de libertar a su pueblo (Éxodo. 3:7 -10), como se lo había prometido a Abraham. Moisés, por supuesto, que

De ahí la pregunta del cap. 3 verso 13 del Éxodo «… si ellos me preguntaren cuál es tu nombre, ¿qué les responderé?». El versículo siguiente, nos entrega la respuesta de Dios: «…YO SOY EL QUE SOY… así dirás a los hijos de Israel; YO SOY, me ha enviado a vosotros…». El grado infinito de nuestra ignorancia, el paso de los siglos, la alteración de los escritos en las traducciones y, por qué no decirlo, la falta de conversión hace de este gran postulado una declaración intrascendente para los «teólogos» modernos y vacíos del Espíritu de Dios:   Moisés, sin embargo no tenía ninguna duda respecto de con quien estaba (Éxodo 3: 1-6); pero, nada de esto habían visto aquellos a quienes ahora estaba siendo enviado: Dios le había revelado por su intermedio a la humanidad entera, Quién era, pero el paso de los siglos, la alteración de los escritos en las traducciones y, por qué no decirlo, la falta de conversión ha hecho de este gran postulado una declaración intrascendente para los «teólogos» modernos y vacíos del Espíritu de Dios: «YO SOY EL QUE SOY». Moisés‚ preguntaba tal vez confundido, o lleno de temor ¿Quién me envía? y el Dios Verdadero respondía: «YO SOY» te envía. Con estas palabras Él le estaba revelando a Moisés la esencia de su INDIVIDUALIDAD; «YO SOY EL QUE SOY» significa, en nuestro idioma EL QUE EXISTE POR SIEMPRE. Aún no le decía su nombre, pero con esta frase le estaba mostrando una de sus cualidades que lo hacía ÚNICO por sobre todos los dioses que Israel podía haber conocido y adorado en Egipto. Estaba Moisés frente al Dios ETERNO, y eso debía decirle a Israel: «EL Eterno (YO SOY) me ha enviado a vosotros…» (Éxodo.3: 13 15)

Han pasado, aproximadamente, tres milenios y medio que Moisés en su idioma y con su puño y letra anotó, por orden de Dios esta frase, así: «YO SOY». El no escribió «yo soy» sino, con caracteres notorios «YO SOY». El Espíritu Santo le guio para que así consignara esta información, pues este «YO SOY» así escrito, indicaba la existencia singular del Dios Verdadero. Pasarían siglos, se completaría la revelación divina de la Palabra de Dios, más tarde sería traducida a otros idiomas y se editarían millones de Biblias en los más diversos idiomas y dialectos en el mundo entero y todas iban a llevar esta declaración, con el mismo carácter: «YO SOY». En dos pasajes de las SS.EE. aparece este «YO SOY», en el momento oportuno comentaremos la otra cita, ahora es importante continuar con el relato.

Hemos aclarado que cuando Dios le dijo a Moisés «… así le dirás a Israel, YO SOY me envía a vosotros…» le estaba diciendo que debía explicar a Israel que EL DIOS QUE EXISTE POR SIEMPRE le enviaba. Luego de esto le dijo su nombre «… JEHOVÁ el Dios de vuestros padres…». JEHOVÁ es la traducción universalmente aceptada del tetragrámaton: YHWH, que es el nombre que aparece en las escrituras hebreas, como el NOMBRE QUE DIOS REVELÓ, para sí, como propio. Su nombre, significa El QUE CAUSA QUE LLEGUE A SER, o de otra forma: EL QUE TIENE LA VIDA EN SÍ MISMO.  Entendiendo nosotros ahora el significado de los nombres y su revelación, podemos volver a retomar el relato de Éxodo 3:13-15 y la réplica de Moisés a YHWH «…He aquí yo llego a los hijos de Israel y les digo, el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; si ellos me preguntaren ¿cuál es su nombre?, ¿Qué les responderé? Después de analizar el significado de la respuesta de Dios, ésta quedaría de este modo: Así dirás a los hijos de Israel:«…EL QUE EXISTE POR SIEMPRE (YO SOY EL QUE SOY) ME HA ENVIADO A VOSOTROS…EL QUE TIENE LA VIDA CONSIGO (YHWH, JEHOVÁ), el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob me ha enviado a vosotros, este es mi nombre para siempre por todos los siglos…»

 

Nosotros podemos suponer que, frente a todo este cuadro, Moisés no tenía objeciones, pero en Egipto sí las iba a encontrar; si no entre los hebreos, sí en Faraón. Para la cultura egipcia este Dios no existía; UN DIOS ETERNO Y AUTOR DE LA VIDA, ausente en su Panteón era difícil de aceptar (Éxodo. 4:1) Moisés replica ante Dios ¡No ME CREERÁN! Entonces Dios convierte la vara de Moisés en una serpiente para luego dejarla normal y en el propio cuerpo de Moisés le muestra su poder, cubriendo su mano con lepra y luego sanándole. De esta forma queda revelado para la humanidad el principio del conocimiento sobre la esencia de La Divinidad. Estos dos milagros probaron a Moisés lo que Dios le había revelado: La vara que estaba en la mano de Moisés no tenía vida; pero Él pudo darle vida porque Él era EL DIOS DE LA VIDA. Y luego lo de la lepra, el más grande e incurable de los flagelos, en ese entonces, estaba bajo su dominio. Él podía manejarlo sin que a Él le hiriera: Él era EL DIOS ETERNO, la muerte no podía con Dios. Esta era la respuesta divina. La humanidad, extraviada de la verdad, a través de Moisés preguntaba ¿QUÉ ES DIOS? y él respondió claro y luego lo probó:

ES DIOS EL SER QUE EXISTE POR SIEMPRE SIN PRINCIPIO NI FIN DE DÍAS.

ES DIOS EL SER QUE TIENE LA VIDA EN SÍ MISMO

REVELANDO CON ESTO SU IDENTIDAD A LA HUMANIDAD

LA PALABRA «DIOS» NO ES UN NOMBRE PERSONAL.

ÉL “LA DIVINIDAD” ES UNA FORMA SUPERIOR DE VIDA.

 

Todo lo que hemos visto hasta esta parte, analizando los términos ELOHIM y JEHOVÁ nos han permitido establecer estos cinco principios doctrinales, basados absolutamente en la palabra de Dios que nos ha sido revelada en las escrituras hebreas (Antiguo Testamento), particularmente en el Pentateuco. Las escrituras hebreas concluyen con el libro de Malaquías. A través de su lectura nos damos cuenta que este libro fue escrito unos tres siglos y medios A.C cuando ya Jerusalén estaba reconstruida, entonces los judíos eran regidos por gobernadores persas (Nehemías.10:1) presumiblemente, en la parte final del gobierno de Nehemías. Es importante hacer notar que los judíos que retornaron del cautiverio babilónico, hablaban el arameo y el siríaco preferentemente, y ya les costaba entender el arameo bíblico. Prueba de ello es el hecho que se registra en Nehemías 8-8; donde los levitas que leían públicamente el Libro de la Ley, debían explicar diligentemente su significado para ser entendidos por su auditorio. Estas interpretaciones de las Escrituras a otros idiomas, para aquel tiempo, se le conoce con el nombre de «Tárgum», y fueron el fenómeno que marcaron el inicio de las traducciones bíblicas y que naturalmente va a traer algunas complicaciones para el entendimiento de la doctrina que estamos tratando.

Después del periodo del dominio de los Medos-Persas, que es la época en que sucedió este hecho que comentábamos, viene el periodo del dominio griego; total y absolutamente gravitante en el asunto lingüístico que va a afectar el estudio de las SS.EE, a tal punto que alrededor del año 280 A.C., llevó a que las Escrituras fueron traducidas en Egipto al griego (la famosa Versión de los Setenta); y en el tiempo del Señor Jesús, era éste el idioma universal que unía los pueblos del Imperio Romano.

ELOHIM Y YAHVÉ EN LAS ESCRITURAS GRIEGAS.

 

 La base fundamental de nuestra fe debe ser la absoluta certeza en el poder de nuestro Creador y el origen divino de sus Santas Escrituras. Ni una jota ni una tilde serían cambiadas de ellas si no es por su voluntad, pues la Palabra de Dios fue revelada con la virtud de poder permanecer para siempre (1°-Pedro. 1:24-25)

Ahora bien, existen muchas tradiciones y teorías respecto a los nombres divinos que dificultan la comprensión del elemento fundamental de este asunto; pero en el aspecto cultural, el NOMBRE, tenía en el principio la importancia de contener en sí, de alguna manera, la información de la esencia intrínseca del nominado.  El caso más relevante y que tiene

desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes.

relación directa con la injerencia de la tradición, lo encontramos en el propio nombre de Dios. Ninguna fuente de información, ningún credo religioso y ningún erudito lingüístico puede estar seguro de la correcta pronunciación del nombre de Dios, porque en el hebreo de las SS.EE. se omitieron, las vocales, conservándose la fonación en el uso cotidiano. De este modo, el nombre que reveló Dios a Moisés quedó escrito así YHWH, cuando el tiempo se desarrolló la superstición de creer que era pecado pronunciar el nombre de Dios y comenzaron a usarse términos sustitutos, hasta que la pronunciación original se perdió absolutamente. La palabra preferencial para los judíos en la actualidad para no pronunciar alguna forma del nombre divino es ADHONAY. De la intercalación en el tetragrámaton YHWH, de las vocales de ADHONAY; (A, mayúscula=E; o= O, y a= A) surgió el término castellano “Jehová”. Cuando llegamos al tiempo de la traducción de las SS.EE. al griego, surge la voz griega THEOS para traducir el término hebreo ELOHIM y como el tetragrámaton YHWH había derivado a ADHONAY; YHWH es traspasado a la voz griega KURIOS. Lo más importante de todo esto, es no perder la idea que ello es parte de la historia de la Biblia.   Ocurrió de acuerdo a la voluntad del Dios Verdadero, de modo que como Él inspiró las Escrituras primitivas desde Moisés a Malaquías; también su inspiración divina acompañó a los ocho escritores que dieron vida a las escrituras griegas (El Nuevo Testamento), como así mismo, ha sido su voluntad la que ha permitido la traducción de su Palabra a la diversidad de idiomas y dialectos que se edita en la actualidad. Es así como en nuestro idioma, Dios es sinónimo del hebreo ELOHIM y del griego THEOS y SEÑOR es la traducción al español del hebreo YHWH y del griego KURIOS, particularmente en el Nuevo Testamento: Cualquiera de estos términos que usemos y los muchos más que puedan usarse a través del mundo entero por cualquier nación, tribu o lengua donde sea conocido nuestro Dios, nunca va a cambiar lo sustancial de la doctrina revelada en las SS.EE. La Divinidad es la forma superior de existencia universal: DIOS ES EL SER QUE EXISTE POR SIEMPRE Y TIENE LA VIDA EN SI MISMO.

 

 EL VERBO EN EL PRINCIPIO. – Millones de personas que militan en el cristianismo y que dicen adorar a Dios, no tienen una comprensión clara sobre este particular e importante tema. La información, la encontraremos en la reconocida antífona “Bendito sea Jehová Dios de Israel, de eternidad a eternidad” (1Crónicas 16:36), una declaración que nos revela, que la eternidad volverá a ser, luego que termine este ciclo iniciado en la desobediencia de nuestros primeros padres, que trajo consigo el pecado y la muerte, para los seres humanos.  En este momento histórico ubicamos al Hijo de Dios en la función del Verbo, Él sería la Palabra de Dios, el Padre, para la humanidad; en el comienzo (El principio) del desarrollo de la historia de la humanidad, cuando la eternidad fue suspendida, para dar lugar al ordenamiento de la tierra, la obra creadora de Dios Padre: la generación de la vida en general y del Hombre en particular con un propósito determinado por Él (Génesis 1:1 y 26)

Las SS.EE. nos muestran que al hombre en su condición de pecado no le es posible ver al Padre en su grandeza y  que solo a través de Hijo podríamos conocer  sus mandamientos y voluntad y esto perduraría hasta los días  del sonido de la Séptima Trompeta  que traerá consigo la aparición de nuestro Señor Jesucristo: La cual a su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores; Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver: al cual sea la honra y el imperio sempiterno. (2 Timoteo 6: 14-16) 

Recordemos lo que nos enseñan las Escrituras ahora respecto al Hijo de Dios: «…En el principio ERA EL VERBO, y el Verbo ERA CON DIOS y el Verbo ERA DIOS…»  El versículo 14 del mismo capítulo; nos dice que AQUEL VERBO FUE HECHO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS. ¿Cuál es la enseñanza?: En el principio existió “El Verbo”, que estaba con Dios y a su vez era un Dios. Aquí no hay ninguna interpretación, lo expresan las Escrituras textualmente. Luego señala que el Verbo se hizo carne y habitó entre los humanos. No hay que hacer un gran esfuerzo mental para entender lo que nos revela la Palabra: EL VERBO fue revelado a la humanidad primero como Jehová en los principios de la  humanidad, y más tarde como Jesús, para establecer el Nuevo Pacto, en los días de Juan el Bautista, cuando el Hijo de Dios, iniciaba su ministerio terrenal   Entendiendo que no es una conclusión antojadiza, sino lo que nos dicen las Escrituras, retomemos el relato del versículo primero, de acuerdo a lo que nos aclaró el versículo 14 respecto a que Jesús es el Verbo. Entonces, la lectura quedaría así:

«… EN EL PRINCIPIO ERA JESÚS, Y JESÚS ERA CON DIOS, Y JESÚS ERA DIOS…».  Aquí está escribiendo el Apóstol Juan inspirado del Espíritu Santo, la revelación que recibió de cómo fueron los sucesos en el principio. El relato dice que en el principio el Hijo de Dios estaba presente, pues Él era el VERBO y este VERBO ERA DIOS. No dice que era un ángel  u otro tipo de ser viviente, la cita bíblica dice que ERA DIOS y nosotros no podemos decir otra cosa. El versículo siguiente lo reafirma con mucha claridad. Ahora debemos entender ¿por qué se le llama en el principio al Hijo de Dios el VERBO y no JESÚS?

Explicamos en párrafos anteriores que, por regla general, el nombre en la cultura antigua encerraba la revelación de la esencia de cada individuo. Esto es absolutamente comprobable con los nombres bíblicos y, particularmente notorio, en el caso del Hijo de Dios. A través de la historia de la humanidad, El Hijo de Dios ha cumplido diferentes roles de acuerdo a la voluntad de su Padre. El término «VERBO» es la traducción de la voz griega LOGOS, el idioma fue escrito casi la totalidad del Nuevo Testamento, que significa PALABRA; pues esta es, exactamente, la función que al principio de los tiempos de la humanidad le correspondió asumir.

Estaba escrito que el hombre mortal en su pecado, no podía ver a Dios, el Padre, ni oirá su voz (Juan.   5:37) de modo que su Hijo, como nosotros le conocimos más tarde, sería quien nos haría oír sus disposiciones y conocerle. Nuestro propio Señor habría de declararlo: «EL QUE HA VISTO AL HIJO HA VISTO AL PADRE…» (Juan. 14: 7-9) La respuesta, entonces a la pregunta  que encabeza este párrafo es clara. El relato bíblico lo nomina EL VERBO, porque a esta altura del tiempo le corresponde ser LA VOZ DE DIOS EL PADRE para la humanidad. Venido el cumplimiento del tiempo, vendría en carne como JESÚS (Salvador) para cumplir su rol de SALVADOR DEL MUNDO. En todo caso, no perdamos el sentido de nuestra búsqueda y dejemos establecido que esta cita confirma lo dicho anteriormente respecto a la divinidad de nuestro Señor Jesús. En el tiempo de los Profetas, pueblo de Israel esperaba su venida en carne y le anunciaban como El MESÍAS. Sin embargo, hubo un profeta que le fue revelado quién era realmente el Mesías y el momento de su nacimiento (Isaías 9: 6), éste fue el profeta Isaías quien en su pregón dijo: «Un niño nos es nacido; Hijo nos es dado; y llamarase su nombre Admirable, Consejero, DIOS FUERTE, Padre Eterno, Príncipe de paz…»Algunos enseñadores explican que esta profecía se refiere a Zorobabel; es posible que Zorobabel, gobernador de Jerusalén en el tiempo del yugo persa, pueda haber sido llamado admirable, consejero y aún príncipe de paz, pero pensar que fuera llamado DIOS FUERTE o PADRE ETERNO por los Judíos es simplemente una aberración, por decir lo menos, de modo que esta profecía no puede referirse a él. En el momento de la aparición del Ángel del Señor a María (Mateo 1:2), el relato bíblico dice textualmente: «…Y llamarás su nombre Emmanuel que declarado es CON NOSOTROS DIOS…” El Ángel enviado del Padre estaba revelando a María que SU HIJO que nacería por obra del Espíritu Santo, sería DIOS en medio de la humanidad. Más tarde, el Apóstol Juan declararía: «…empero sabemos que el HIJO DE DIOS es venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero en su Hijo Jesucristo. ESTE ES EL VERDADERO DIOS y la VIDA ETERNA. Hijitos, guardaos de los ídolos (1ª-Juan 5:20Esto nos permite afirma de forma categórica que en esta cita el apóstol no se está refiriendo al Señor Jesús en forma tangencial, pues a partir del cap. 4 está refiriéndose directamente a la necesidad de aceptar al Señor Jesús como el ENVIADO DE DIOS, cosa que le costaba bastante aceptar a los judíos y concluye exponiendo textualmente que JESÚS ES EL VERDADERO DIOS, aun cuando en jerarquía, naturalmente, es inferior a AL PADRE. De este modo nos damos cuenta que las SS.EE. afirman que JESÚS ES DIOS. Por otra parte, cuando examinamos el pasaje de Éxodo cap.3, concluimos que había dos características que hacían a Dios diferente a los «demás dioses» y éstas eran: DIOS ES INCREADO, EXISTE ETERNAMENTE, y  además, POSEE LA VIDA EN SÍ MISMO. Pues bien, el apóstol Pablo en la carta a los Hebreos 7:1-3 Y 17 dice textualmente acerca de nuestro Señor: «…Sin padre (en su función de Melchisedec), sin madre, sin linaje; QUE NO TIENE PRINCIPIO DE DÍAS, NI FIN DE VIDA…».

En nuestra próxima entrega más información Respecto a la vida y el Ministerio de nuestro Señor Jesucristo, el Mesías esperado por Israel.

 

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