La Huella De La Iglesia Verdadera

“…El reino de los cielos es semejante a la levadura

que tomó una mujer y escondió en tres medidas

de harina, hasta que todo quedó leudo…”

(Mateo 13:33.)

El vocablo “Iglesia” tal como nosotros lo conocemos en la actualidad, deriva del griego “Ekklesía” que, a su vez, corresponde a la traducción de la palabra hebrea «gahal”. Literalmente, ambos términos apuntan a la idea de “llamar”, “convocar” o “congregar”. En el contexto bíblico, que es lo que a nosotros nos preocupa, se usan para identificar al grupo de fieles que han servido a Dios, desde el principio de la existencia del hombre en la tierra, como La Congregación de los Primogénitos desde Adán a Abraham.  (hebreos 12; 22 y 23). Después de estos  en el Antiguo Testamento, el título de Iglesia o Congregación de Dios es adjudicado a la nación de Israel; finalmente, tras la muerte de nuestro Señor Jesucristo,  la  Iglesia la constituyeron todos aquellos fieles  que siguieron  a  Jesús en su ministerio terrenal, y que se agruparon en lo que hoy se conoce como la Iglesia Primitiva (Hechos 2:47; Cap. 11:22, Cap. 12:1) En nuestra sociedad occidental,  cuando se habla de “Iglesia”, en forma espontánea, el pensamiento se reporta al tiempo del nacimiento del “cristianismo”. Sin embargo, es necesario comprender que esta es la respuesta condicionada del subconsciente, por una cultura religiosa desarrollada en dos mil años de engaños, propiciados por Satanás.  Satanás ha tendido un manto de bruma sobre cuatro milenios de historia de la adoración y de la relación de los hombres con Dios, a partir del origen de la vida de la humanidad; de manera que hoy,

ni siquiera el concepto “Cristiano” o “Cristianismo” responde una correcta realidad histórica.

Desde otro punto de vista, filósofos y evolucionistas incrédulos, respecto a la relación primigenia del hombre con Dios; hablan en teorías, sobre un hombre prehistórico, descendiente de formas de vida inferiores, que atemorizado del desconocido medio ambiente que le rodea, crea sus primeros fetiches y conjuros para autoprotegerse, originando así las primeras formas de lo que más tarde llamaríamos “religión”. Luego ésta irá desarrollándose paulatinamente con el correr de los siglos, en la medida que se lo exija su propia sobre vivencia y la convivencia con sus pares. De este modo, los conceptos del mal, el bien, el pecado la moral, etc. llegarán a integrarse   a sus creencias más elementales, para convergir al monoteísmo posterior, en algunos pueblos más desarrollados.

Todo esto por supuesto no guarda relación con las enseñanzas de las SS.EE.  éstas nos señalan que el origen del hombre en la tierra, obedeció a un propósito preconcebido por Dios, aún antes que existiera nuestro planeta (Efesios 1: 3 y 4) Entretanto, el  origen del instinto religioso, característica  exclusiva de la humanidad; y que hoy resulta ser el gran interrogante para el mundo científico; se subentiende, en las Escrituras, por la naturaleza  del hombre cuando fue creado, pues ellas nos indican que: “… Formó  Jehová Dios al Hombre del polvo de la tierra, Y ALENTÓ EN SU NARIZ, SOPLO DE VIDA, y fue el Hombre en ánima viviente…”  (Génesis 2:7) Es este el hecho que justifica la expresión de Pablo, cuando declara ante los atenienses: “…Linaje de Dios somos también…” (Hechos 17:28)

LA HISTORIA DE LA IGLESIA EN UNA PARÁBOLA.

Declarado en las Escrituras los derroteros de la humanidad a partir de la trasgresión de nuestros primeros padres; la misma nos pone al tanto de la existencia innegable de “La Iglesia” en ciernes en los albores de la existencia humana. Esto lo podremos entender con mayor claridad, a través de la parábola de Jesús que precede al título del tema que estamos tratando, pues ella grafica la historia universal de la Iglesia de Dios.

Teniendo en cuenta que la escritura que se va a analizar, es una parábola; se hace necesario determinar el significado real de las figuras simbólicas expuestas, en cada   frase declarada: De la declaración, «El reino de los cielos es semejante…”, que encabeza el versículo, existen muchas interpretaciones, en algunas ocasiones, se refiere con este término al lugar de donde procede el gobierno de Dios.

 En otras circunstancias se alude al lugar donde Dios habita. En este particular caso la frase en cuestión apunta a que: La presencia del Reino de Dios, es semejante a “La Levadura”.  “La Levadura”, en este caso representa, “El conocimiento de la Palabra Divina”.  La frase “La Mujer”, es un término que no requiere mayores explicaciones, pues no son pocas las citas bíblicas donde se usa para representar a la Iglesia.  Finalmente “Las Tres Medidas de Harina, corresponden a los tres segmentos de la humanidad en que ha tenido que interactuar “La Iglesia de Dios”. Entonces la idea vertida en la parábola hasta aquí, queda de la siguiente manera: La presencia del Reino de Dios, es semejante al conocimiento de La Palabra Divina administrado por la Iglesia Verdadera y proclamado a la sociedad en tres distintas etapas.

1ª etapa: La Iglesia de Dios (La Mujer) representada por “La Congregación de los Primogénitos” (hebreos 12:23), proclamando el “Conocimiento de la Voluntad de Dios (La Levadura), a la sociedad en el tiempo que va desde Adán, hasta Abraham (La primera medida de harina)

2ª etapa:  La Iglesia de Dios (La Mujer) representada por Israel, “La Congregación del Desierto” (Hechos cap. 7:38), testificando con su presencia y a través de los profetas la Palabra de Dios (La Levadura) a la sociedad desde Abraham y su descendencia (La segunda medida de harina), hasta los tiempos del Ministerio del Señor Jesucristo.

3ª Etapa:  La Iglesia que estableció el Señor Jesucristo (La Mujer), comienza a proclamar “El Evangelio del Reino” (La Levadura) a toda la humanidad (la tercera medida de harina), tras la muerte de nuestro Señor, luego de ser investida del Espíritu Santo en Pentecostés.  La historia de la “Congregación de los Primogénitos” y la historia de Israel como la Congregación de Dios, está clara en las Escrituras, por lo tanto, su autenticidad resulta irrefutable.   Aun cuando los antropólogos y otros estudiosos sostienen la teoría que el hombre evoluciona de especies inferiores, durante muchos siglos para llegar finalmente al estado actual es absolutamente reñida con la Verdad revelada por Dios.

De modo que la teoría del hombre balbuceante, que va inventando dioses para superar su ignorancia y sus temores; no tiene nada que ver con la realidad de los hechos. El apóstol Pablo testifica del conocimiento que siempre ha tenido la humanidad respecto a la existencia de Dios, en el capítulo1: 19, de la carta a los Romanos donde declara textualmente: “… porque todo lo que de Dios se conoce a la humanidad es manifiesto, porque Dios se lo manifestó…”

La historia de la Iglesia de los Apóstoles, en cambio, a partir del siglo II D.C. resulta mucho más difícil de reconstruir; pues los textos que informan respecto a esa época, nos ilustran de un “seudo-cristianismo” infiltrado por el paganismo romano y absolutamente ajeno a las prácticas que nos muestran las Escrituras como la forma de vida de la Iglesia Primitiva. Los cuatro Evangelios y el libro de los Hechos solamente permiten conocer sucesos de la iglesia relacionados con las actividades de los apóstoles hasta aproximadamente el año 64 o 65 después de Cristo. Pues aun considerando que el Apóstol Juan escribe Apocalipsis y sus tres cartas entre los años 96 y 98 D.C, estas escrituras, no aportan una mayor información histórica que nos permitan tener un testimonio claro del aspecto interno de la vida de la iglesia en esta época; cuánto a las consecuencias derivadas de la apertura de la fe al mundo gentil, como tampoco en el aspecto de la sucesión del mando, en la medida que desatada la persecución contra  La Iglesia, murieron los principales Apóstoles.

Lo que sí queda absolutamente claro, particularmente en el Libro de “Los Hechos”, es la forma en que la Iglesia que instauró nuestro Señor Jesucristo adoraba a Dios, mientras él estuvo presente, y una vez muerto Él, las conservaron y las enseñaron a las generaciones con las que les tocó compartir. Normas que, lamentablemente, hoy en día no se conocen ni se practican en ninguna de las iglesias que hoy se dicen “cristianas”.

Sin embargo, aunque sea lamentable reconocerlo, no debe extrañarnos, pues nuestro propio Señor Jesús nos lo había advertido: …” Mirad que nadie os engañe, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo y a muchos engañarán… porque se levantarán falsos profetas y harán milagros y darán señales y grandes prodigios; de tal manera que engañarán aún si es posible a los escogidos”. Tal vez ni siquiera los Apóstoles se imaginaban todo lo cerca que estaba el cumplimiento de estas palabras, para aquel entonces; aun cuando, podemos leer en el libro de los Hechos que el Apóstol Pablo, camino a Jerusalén al reunirse con  los Ancianos de la Iglesia en Éfeso, sabiendo que su fin está cercano, les advirtió: “…Mirad por vosotros mismos y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para apacentar la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán el ganado…”

Muchos  síntomas de la apostasía se manifestaron tempranamente, en la naciente Iglesia Apostólica, Lucas, en su primer tratado hace notorio la existencia de personas poco idóneas tergiversando la historia verdadera, sobre el nacimiento de Juan Bautista y del propio Señor Jesús, por ejemplo: (Lucas 1:1-4) Pocos años después, en su segundo tratado, Lucas relata como Simón el mago, aun no habiéndose convertido, intentó usar para provecho propio la Gracia de Dios (hechos 8:17-24), al querer comprar la potestad que tenían  los apóstoles de poner las manos sobre las personas y que éstas recibieran el espíritu Santo, lo cual por supuesto, fue categóricamente rechazado. El apóstol Juan, el último testigo ocular de la existencia del Señor Jesús en la tierra; en su tercera carta da cuenta de Diótrefes, quién habiéndose separado de la Iglesia Apostólica, arrastraba detrás de sí engañosamente a toda la congregación. También Pablo informa respecto a Himeneo y Alejandro, y éste es un punto importantísimo a considerar, pues cuando el apóstol denuncia particularmente a Alejandro, él está en Roma e informa a la Iglesia en general por medio de su 2ª carta a Timoteo, la rebelión a la fe de un miembro de la Iglesia en Roma: Alejandro. El hecho es más que claro, había ya en aquel tiempo en la ciudad, un grupo disidente de la Iglesia Verdadera. Es posible que este haya sido el comienzo, de otra iglesia en Roma; que por supuesto no es aquella a la cual Pablo dirige su carta.

A estos cuatro casos específicos se suman muchos y variados testimonios que podemos recoger en la lectura de las epístolas que demuestran la existencia de la apostasía dentro de la Iglesia de Dios y certifican la existencia temprana de grupos “cristianos” paralelos a la comunidad apostólica.

¿PARTICIPA UD.  DE LA IGLESIA DE DIOS FUNDADA POR JESÚS?

¿Cómo podemos determinar qué iglesia sigue el camino establecido por el Señor Jesús, cuando cada una de las “denominaciones cristianas” en la actualidad se arrogan el primado de la Verdad descalificándose unas a otras?

Lo primero que debemos considerar es la situación histórica, que, aun siendo tan obvia, los creyentes no le han dado la debida importancia, y esto es, que nuestro Señor Jesús y sus discípulos, no fueron ni católicos, ni evangélicos, no participaron de ninguna de las prácticas que conocemos hoy en día en la liturgia y los ceremoniales, de las “iglesias cristianas modernas”. Tanto el Señor Jesús como sus apóstoles eran judíos. Nacieron en Israel, la oliva maravillosa, como le llama el apóstol Pablo, cuyas ramas fueron cortadas para ingerirnos a nosotros, y estas denominaciones cristianas, por cierto, NO EXISTÍAN. Jesús y sus discípulos, nacieron y se formaron dentro de un medio que vivía una forma de fe, y reglas de conductas reveladas por Dios mismo. Como todos sabemos, Israel practicaba la forma de adoración milenaria, que Dios mismo les había revelado, en el desierto de Sinaí, tal como se testimonia en el libro de Nehemías 9:13-14: “…Sobre el monte de Sinaí descendiste y hablaste con ellos desde el cielo, y dísteles juicios rectos, leyes verdaderas, estatutos y mandamientos buenos. Y notificástele el sábado tuyo y les prescribiste por mano de Moisés tu siervo, mandamientos, estatutos y ley…”

No hay en la historia de las S.S.E.E. un Patriarca, un rey o un profeta que se declare autor de las leyes del pueblo elegido, aunque engañosamente algunos “enseñadores” afirmen lo contrario. Tampoco existe otra nación o iglesia, sacerdote o pastor, que pueda declarar y probar que Dios habiendo hablado con ellos, les haya mostrado alguna forma de adoración y que ésta sea diferente a la que practicó el Pueblo Elegido, o la Iglesia Apostólica, en dos etapas históricas diferentes y avaladas en los testimonios de las SS.EE.

El capítulo 2, de Los Hechos, por ejemplo, en el versículo primero, dice que: “…como- se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos…” ¿Quiénes estaban reunidos aquí?  El capítulo 1º, señala que esta era una compañía como de 120 personas, de los que habían sido fieles al llamado de nuestro Señor Jesucristo.  ¿Cuántas veces en los años que cree haber servido a Dios se ha reunido en este día igual que los Apóstoles?, ¿Qué es Pentecostés? Es extraño que ni siquiera las Iglesias pentecostales, o aquellas que se vanaglorian de que el Espíritu Santo se manifiesta en ellas, conozcan el origen de esta costumbre de reunirse en el día de Pentecostés. Pues bien, Pentecostés es una de las seis solemnidades anuales instituidas por Dios a perpetuidad, además del Sábado en el Reglamento del Culto Divino, que encontramos en el capítulo 23 del Libro de Levítico.

La manifestación del Espíritu Santo en el Aposento Alto, fue, a no dudarlo, la prueba del beneplácito de Dios para con las formas de adoración de la Iglesia de los Apóstoles. Después de regreso de nuestro Señor a la diestra de Dios, éste hecho demuestra, que ésta, es la única congregación puede mostrar históricamente, una conducta aprobada delante de Dios.  Es Importante para nuestra vida espiritual conocer principalmente de ella y para poder comparar sus usos y costumbres con la institución a la cual nos hemos acogido. Muchos “maestros de las Escrituras” enseñan equívocamente que todos estos mandatos quedaron clavados en la cruz. Sin embargo, contrario a lo que tales enseñadores

“cristianos” afirman, el relato del libro de los Hechos corresponde a la época de la Iglesia cuando ya nuestro Señor Jesús había regresado a la diestra de su Padre.  Es decir, Jesús había muerto, resucitado y regresado ya al cielo, y la iglesia guardaba el Pentecostés.  A esta altura del tiempo Saulo el gran enemigo dela Iglesia emergente era  ya un gran maestro de la Iglesia Verdadera. En el capítulo 18:1-4, el apóstol Pablo enseñando en la sinagoga el día sábado, en el versículo 21, aprontándose a celebrar Pentecostés en Jerusalén. En el capítulo 12, versículos 3 y 4, la Congregación de los Apóstoles en la solemnidad de la Pascua y los días de los Ázimos; en el capítulo 20 el apóstol Pablo en el día de Pentecostés; en el libro de Juan, en el capítulo 7 del verso 1 al 10, Jesús y sus apóstoles en la Fiesta de los Tabernáculos; en Lucas capítulo 23 versículo 56, muerto el Señor Jesús, las santas mujeres reposaron el Sábado conforme al mandamiento. En esta singular forma de vivir la fe, perseveró, primero, el Señor con sus discípulos, y luego, toda la Iglesia Primitiva, tal como lo testimonia el Nuevo Testamento.  Si sumamos esto, al hecho que celebrando una de estas convocaciones, Dios les envió el Espíritu Santo; se prueba que tal forma de adoración, contaba con la aprobación divina. Es más, contrario a todo lo que enseñan algunos que se dicen ministros de Dios, esta forma de adoración, aún conservaba la observancia del Sábado y las Solemnidades, incluso entre quienes habían participado antes en los sacrificios en el Templo; así los señalan las propias Escrituras que acontecía, tras la predicación de los discípulos: “…también una gran multitud de Sacerdotes obedecía a la Fe…” (Hechos 6:7)

¿CÓMO SE DESARROLLÓ LA IGLESIA DE DIOS?

Durante casi un siglo, a pesar de vivir bajo la hegemonía romana desde el año 70 A.C., la sociedad judía siguió manteniendo sus propias instituciones jurídicas. Cuando surge en Jerusalén la comunidad apostólica en acción, a través de la actividad de los apóstoles Pedro y Juan principalmente, con el poder que les confería el respaldo del Espíritu Santo, esta institucionalidad se vio amenazada y la reacción de los Saduceos, que no creían en la resurrección, apoyados por el magistrado del Templo y los sacerdotes, que también pertenecían a la misma orden, no se hizo esperar, como lo podemos leer en los capítulos 3° y 4° del Libro de los Hechos. Fue así como la Iglesia de Dios entró al difícil camino profetizado por el Señor Jesús, conociendo la dura prueba del escarnio, los azotes y la cárcel para estos dos apóstoles.

Hacia el año 37 del primer siglo de esta era, una disputa teológica de facciones judías dentro de la sinagoga, impulsa la intervención de Esteban, que se encuentra registrada en los capítulos 6 y 7 del Libro de los Hechos, cuyo precio fue su propia vida, a manos del celo judío donde incluso participó Saulo, en sus últimos días de impiedad. Este doloroso suceso, sin embargo, fue el trampolín que proyectó la acción de la iglesia de Dios fuera de Jerusalén. Es así, que temerosos los fieles por su vida, salieron de la ciudad llevando consigo el mensaje del evangelio por las tierras de Judea y Samaria, quedando en la capital solamente los apóstoles (Hechos 8:1) Este fue el punto de partida de la expansión del evangelio del Reino hasta llegar al mundo gentil. El mismo capítulo 8 destaca la importante acción de Felipe en la difusión de la verdad, la que requirió, finalmente, que Pedro y Juan subieran a Samaria. Posteriormente, tras la conversión de Saulo, el otrora perseguidor de la Iglesia, la predicación del evangelio se extiende a Siria. Las asechanzas contra su vida en Damasco, le obligan a viajar a Jerusalén, y tras la mediación de Bernabé, le es posible entrevistarse con el apóstol Pedro y con Jacobo, el hermano del Señor Jesús, tres años después de su conversión. Sin lugar a dudas, el ministerio del Apóstol Pablo, permitió el establecimiento de la mayoría de las iglesias de Asia, que se nombran en las escrituras, y la proyección de la iglesia en Europa. Entre tanto, tal como había sido el acuerdo del concilio de Jerusalén los apóstoles que estuvieron con Jesús, con Pedro a la cabeza, llevarían la predicación a los judíos en el exilio, y Pablo a la ciudades gentiles (Gálatas 2: 1-9) Esta información bíblica, un tanto en desacuerdo con los historiadores “cristianos” modernos nos enfrenta a tres interrogantes referente a la vida y obra del apóstol Pedro que analizaremos a continuación; pues lo que de aquí en adelante pasará con la historia real de  la Iglesia de Dios, ha sufrido toda suerte de tergiversaciones para hacer aparecer como tal, una iglesia que ha trastocado la esencia fundamental de la Fe verdadera, transmitida por las Sagradas Escrituras. De modo que es importante tener en claro, que una cosa es la historia del “cristianismo”, que se identificará con la Iglesia de Roma y sus ramificaciones; y otra cosa es la huella de la Iglesia Verdadera, después de la vida de los apóstoles. Vean pues estas tres interrogantes que nos plantea la historia del “cristianismo” y que son presentadas como prueba que legitiman la existencia de esta institución:

1º) ¿Dirigió el Apóstol Pedro la iglesia en Roma?

2º) ¿Señalan las Escrituras que Pedro Murió en Roma?

3º) ¿Fue Pedro” La Piedra fundamental y Primer Papa de la iglesia Romana? – Antes de entrar a responder estas interrogantes es necesario ubicarnos en el contexto histórico en que se desarrolla esta polémica. Pasando por alto, momentáneamente, referirnos a de la historia de la Iglesia Verdadera, luego de la muerte del Apóstol Juan; nos remontaremos  a comienzos del siglo IV en Roma, específicamente entre los años 312 y 337 en que Constantino, era el Emperador de Roma:  La historia secular relata, que en el año 313, Constantino, proclamó el edicto de Milán en el que se decreta la tolerancia para el “cristianismo”, que en aquel entonces se debatía en fuertes controversias  teológicas. Esto mismo provocó, dado el gran auge alcanzado en el Imperio por esta “nueva religión”; que 12 años más tarde el propio Emperador Constantino se interesara en citar un Concilio en Nicea, en el año 325, con el fin de unificar y contar con el apoyo de este importante segmento de la sociedad romana. Más tarde, en el año 394 siendo Emperador Teodosio declara al “Cristianismo”, como la religión oficial del Imperio, y decreta la abolición de los cultos paganos. Sin lugar a dudas, podemos decir que esta fecha, históricamente, consagra el establecimiento definitivo de la institución: Iglesia Católica Apostólica Romana.

La división del Imperio romano, a la muerte de Teodosio, trajo grandes dificultades para la unidad del” cristianismo”. Tras la caída del Imperio de Occidente, la importancia adquirida por el Imperio Bizantino se proyectó también en el seno de la religión, a tal punto que el Patriarca de Constantinopla fue elevado como jefe espiritual de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, en el mismo rango que exigía para sí el obispado romano.

Esta peculiar pugna de poderes en la cúpula de las facciones “cristianas” oriente- occidente, además de algunas discrepancias teológicas respecto al Hijo de Dios y la veneración de las imágenes; llevó al Obispo Romano, Gelasio entre los años 492 y 496 a invocar el texto de Mateo 16:13 – 19, intentando probar que, bíblicamente, Pedro, fue elegido por Jesús, como “la Piedra”, para levantar la Iglesia del Nuevo Pacto. Esto en la perspectiva de Gelasio, le confería propiedad a Roma, para reclamar el derecho a constituirse en cabeza universal de “la iglesia cristiana”, obviamente, si era posible establecer históricamente, una presunta estadía del apóstol Pedro dirigiendo tal comunidad. El mejor apoyo de este planteamiento, fue “el hallazgo de su sepultura”. Analizamos la veracidad de estas aseveraciones en nuestra próxima entrega…

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