LA DOCTRINA DE LOS ORÍGENES.

(Primera Parte)

 

 

 

Los orígenes del universo y la vida son temas de conversación en todos los círculos sociales y motivo de inspiración de muchos artículos de revistas, periódicos y otros tantos programas de televisión.  Al parecer, casi todos tenemos las ideas relativamente claras al respecto, sin embargo, esto, no  pasa más allá  de la inveterada costumbre de dar por ciertos algunos hechos sin tener la certeza de lo que realmente hemos aceptado.  La prueba de esta aseveración surge cuando meditamos en cómo se maneja la información a nuestro alrededor respecto al tema del cual nos vamos a preocupar en adelante.

 

Es innegable que en nuestra cultura occidental prima el carácter “cristiano” de la misma y es, precisamente, esta situación la que origina las mayores incongruencias, tocante al asunto del origen de universo y la vida pues, mientras la ciencia,  plantea las teorías del Big-Bang y la Evolución de las Especies para explicar los Orígenes del Universo y la Vida, las SS.EE. nos propone la Doctrina de la Creación como la verdad absoluta.

 

Frente a estas posiciones, que revelan la existencia de nuestro universo, estas dos fuentes de conocimiento contrapuestas y  hasta cierto punto antagónico, la sociedad opta por una posición ecléctica, que genera otro frente de posibilidades como son los planteamientos de la filosofía con sus eternas interrogantes y cuestionamientos aún sin resolver.

 

Lo puntual del caso es que nadie puede aceptar que sea natural tener una posición cuando estamos en el  ámbito religioso y otra, cuando compartimos una reunión social, donde exponer puntos de vista religiosos denota “carencia de cultura”. De esto surge, entonces, la necesidad de analizar la teoría científica para remitirnos, finalmente, al planteamiento de las SS.EE, y así, darnos cuenta del valor de la Palabra de Dios frente a  esta materia, en que las teorías científicas se han constituido en un eslabón más, de la larga cadena de creencias que han logrado que la sociedad  definitivamente se separe de su Creador.

 

DE  LA EXPLICACIÓN CIENTÍFICA DEL ORIGEN DEL UNIVERSO.

 

Sin lugar a dudas, uno de los mayores logros alcanzado, en un momento, por el hombre en el campo de la investigación científica, fue haber llegado a la luna. Quienes participaron de esa misión, naturalmente, manejaban en su totalidad las teorías científicas respecto al origen del universo; sin embargo, John Glenn, el primer astronauta americano que orbitó la tierra en 1962, al comentar, desde el espacio la maravillosa visión del universo que estaba frente a sus ojos, lo primero que dijo en esa ocasión fue: “…No puedo creer esto que estoy viendo. Algún poder sobrenatural debe haber puesto todo esto en órbita y mantenerlo aquí…” Este fue el mensaje recibido desde el espacio y es una lección que el mundo no logró captar; pues esta declaración, guarda absoluta relación con las expresiones con que el salmista  David había proclamado su admiración por la obra de Dios en ese hermoso poema que es el salmo 19, cuando escribiera: “…Los cielos cuentan la gloria de Dios y la expansión denuncia la obra de sus manos…”. Solamente el poder sobrenatural de nuestro Dios puede mantener todo esto que vemos cada día. Sin embargo, ”la culta sociedad cristiana”, consciente de la existencia y el poder de Dios, no acepta con facilidad lo que nos enseña su Palabra; a pesar de esto, es un hecho innegable que los grandes científicos de todos los tiempos  creyeron que tras la maravillosa obra de la creación, necesariamente debía existir un poder superior que organizó en un momento dado todo lo que existe. Desde Sócrates a Hawkins, pasando por Platón, Aristóteles, Plutarco, Séneca, Copérnico, Galileo, Newton, Einstein, Pasteur, Marañón, Faye, Volta, se pueden encontrar sus testimonios que corroboran esta premisa.

 

Hace algunos siglos, se creía que el cielo era, simplemente, aquello que alcanzaban a percibir los ojos; es decir, el universo estaba constituido por unas cuantas estrellas en el espacio. Sin embargo, los avances tecnológicos en el campo de la astronomía permitieron adquirir conocimientos más específicos de lo que realmente es el universo. De este modo, se fueron sumando informaciones que dieron lugar a diversas especulaciones respecto a su origen, las que, finalmente, terminaron por hacer desaparecer el conocimiento que Dios había entregado al hombre respecto a cómo han sido los hechos desde el principio.

 

Lo que tenemos claro en la información científica es que hasta  la publicación de los estudios de Nicolás  Copérnico en el año 1543, la creencia general era que la tierra era el centro del Universo. Esta teoría del Sistema Geocéntrico predominaba desde el siglo II de esta era, gracias a los descubrimientos de Tolomeo Claudio, astrónomo y geógrafo griego. Nicolás Copérnico revolucionó estos conceptos e implantó lo que se llama  La Concepción Heliocéntrica, es decir, el sol es el centro del Universo.  Las teorías de Copérnico’ considerado el padre de la astronomía moderna, recibieron más tarde (1613) el respaldo del físico matemático y astrónomo Galileo Galilei. A la altura del siglo XVII, ya existía la noción de un Universo infinito en constante expansión, sin centro determinado y con un punto de arranque. Hasta este momento de la historia de la humanidad (1613), si bien es cierto, se había logrado grandes avances en estas materias, de las cuales el hombre no tenía mayor conocimiento e incluso les temía, no había una definición general respecto al origen del  Universo, más allá  de las concepciones religiosas que siempre han estado acompañando al hombre, aunque él no las quiera considerar.

 

Finalmente, a comienzos del siglo XX surge un nuevo planteamiento al respecto, expuesto esta vez, por Georges Le maître, que es lo que nosotros conocemos hoy como La Teoría del Big-Bang. Según esta hipótesis, formulada alrededor del año 1927, daba como punto de inicio del universo, una explosión violenta ocurrida aproximadamente hace 15.000 millones de años, a partir de la cual, la materia existente se habría expandido y, posteriormente, enfriado, dando lugar a la aparición de los elementos químicos fundamentales para el aglutinamiento de la masa planetaria y el comienzo de la vida, miles de años más tarde.

 

Según lo propuesto por Lamaître, sólo habría bastado un  átomo cuya particularidad fuera contener toda la materia en estado de fluido nuclear denso; para que, sin explicación aparente, se desencadenara una fusión nuclear a escala universal. Luego de 300.000 años, la bola de fuego resultante de esta explosión que daría lugar al universo se enfrió, creando las condiciones necesarias para que los electrones se agruparan en órbitas concéntricas alrededor de los átomos  liberando luz y, de esta manera, comenzar el proceso de evolución del universo que parcialmente conocemos. Sin embargo, como se trata de una teoría, en esta categorización está  implícita la información fundamental que amerita este estudio: LA TEORÍA DEL BIG-BANG, NO HA PODIDO SER COMPROBADA PARA CONSTITUIRSE EN UNA LEY UNIVERSAL DE CONOCIMIENTO; muy por el contrario, en décadas posteriores no han estado ausentes otros datos recopilados por la comunidad científica que ponen en tela de juicio la sustentación de tal exposición.

 

Varios cientos de páginas serían insuficientes para reproducir la serie de propuestas y contrapropuestas que a lo largo del tiempo se han planteado referentes a este tema. Así nos podemos dar cuenta que, siglos de investigación científica no han logrado establecer en forma  clara el origen del universo, mucho menos  explicar por qué existe, ni hasta cuándo va a durar; aunque no debemos, por esto, desconocer el portentoso desarrollo alcanzado por la ciencia y su gran aporte al progreso de la humanidad. Con esta declaración queremos testimoniar que de ninguna manera pensamos que la ciencia y la religión deban ser necesariamente caminos contrapuestos, aunque en este tema, lamentablemente, las posiciones de la ciencia tienden a  negar  la injerencia de Dios, en todo lo que vemos a nuestro rededor.

 

En cuanto al Origen de la Vida en la tierra, La Teoría  De La Evolución  es la máxima prevalente del pensamiento científico. Sin embargo,  al igual que la Teoría Del Origen Del Universo, la ciencia no ha logrado reunir los antecedentes que les permita quitar la etiqueta de TEORIA a este planteamiento, a tal punto, que hoy día en el propio ámbito científico, ésta propuesta, tiene más detractores que adeptos.

 

Explicado en forma bastante simple, la teoría en cuestión, sostiene que la vida se desarrolló a lo largo de tres mil millones de años y, lo que ellos llaman el HOMO SAPIENS, el pariente “más cercano al hombre”, hace su aparición 600 mil años atrás; luego de un largo proceso evolutivo de organismos unicelulares hacia un estado más elevado. Lo paradójico de esta explicación es que, aún  no pueden aclarar, cómo se desencadenaron esta serie de cambios biológicos, porqué sucedieron, cómo empezó tal proceso, ni mucho menos, porqué se detuvo; puesto que a lo largo de siglos no hemos sabido que el género humano evolucione a alguna forma  de vida superior, ni que otras formas de vida inferior evolucionen y se convierten en humanos. Todo esto es evidente, sin tener que especular con la serie de vacíos que adolece este planteamiento, como por ejemplo el hecho que aún no se logra encontrar los fósiles orgánicos que sirvan para concluir la supuesta “cadena  evolutiva”, que corrobore estas afirmaciones

.  Los evolucionistas sostienen, sin poder probarlo por supuesto, que criaturas invertebradas  evolucionaron a peces, los peces a anfibios, estos a reptiles, los reptiles a aves y mamíferos y de estos surge finalmente el hombre. No es el caso, por cierto, explicar en un estudio como éste, la complejidad de información existente en la actualidad que  contradicen los planteamientos evolucionistas, sin embargo, no podemos omitir al menos un par de consideraciones respecto a estos, que nos señalan que     “Teoría de la Evolución” no pasa de ser eso: “una simple teoría”.

 

Desde un punto de vista bastante simplista, podemos citar, la percepción que queda luego de leer diferentes textos y enciclopedias que tratan del Origen del Universo y la Vida, desde la perspectiva científica, la forma condicional en que exponen sus aseveraciones.  Por ejemplo, la Enciclopedia Interactiva Tutor, especialmente editada para la enseñanza; señala en el Tomo I Pág., 370, “…El problema del origen de la vida es sin duda uno de los más sugestivos, pero también, el más difícil de enfrentar. Sin embargo, el estado actual de la ciencia permite presentar una hipótesis aceptable…” Una “hipótesis aceptable”, por cierto; no es una verdad absoluta. Otro pasaje del mismo texto declara textualmente: “…por la acción de descargas eléctricas o de rayos ultravioleta se formaron, probablemente los primeros compuestos simples…”. Otra aseveración reza: “…En la superficie de los mares se habría formado… ¿Fue la acción de descargas eléctricas o la de los rayos ultravioleta?  ¿Se está planteando que definitivamente de esta manera se formaron  los primeros compuestos simples? Es obvio que de ninguna manera lo están asegurando, en el texto se afirma que   “probablemente”, tal situación pudo  haber sucedido como la ciencia lo expone. Lo mismo sucede con  otra frase que  dice textualmente  “…se habría formado…”.

 

En términos generales, cualquier persona que lea alguna información sobre este tema, se dará cuenta que en todas las exposiciones respecto al Origen del Universo y la Vida se maneja este paradigma que hace débil e improbable que estos planteamientos sean más valederos frente a la Palabra de Dios. Aparte de esto, no podemos obviar el hecho que el propio mundo científico ha sido incapaz  de unificar criterios, respecto a los principios con   que pretende explicar los Orígenes del Universo y la Vida a través de las teorías del “Big-Bang” y “La Evolución”.

 

La sociedad engañada por Satanás, no logra entender la importancia de reconocer que detrás de la maravillosa obra de la creación  del Universo y la Vida, está  la mano de Dios, el Omnipotente y Verdadero Genio, que con un propósito creó todo lo que vemos y aún a nosotros mismos.

 

El Origen Del Universo  En Las Sagradas Escrituras.

 

En primer lugar establecescamos como explican las Escrituras la aparición  del universo, y si estas  contemplan este hecho como un suceso casual, una obra del azar, o algo por el estilo. El profeta Isaías escribe textualmente en el capítulo 42:5: “…Así Dice Jehová, El Creador De Los Cielos, Y El Que Los Extiende; El Que Extiende La Tierra Y Sus Verduras; El Que Da Respiración Al Pueblo Que Mora Sobre Ella, Y Espíritu A Los Que Por Ella Andan…”  corroborando esta afirmación, el apóstol Pablo en su carta a los Hebreos en el capítulo 3:4, dice:  Porque Toda Casa Es Edificada De Alguno: “…Mas El Que Crió Todas Las Cosas Es Dios…”  Es más, la Palabra de Dios revelada, no tan solo nos indica que Él creó el Universo; sino que determina, además, cual fue el propósito de su obra, tal como lo expresa el capítulo 45:18, de Isaías  “…Porque Así Dijo Jehová, Que Crió Los Cielos, El Dios Que Formó La Tierra, El Que La Hizo Y La Compuso; No La Crió En Vano, Para Que Fuese Habitada La Crió: Yo Jehová, Y Ninguno Más Que Yo…”

 

Ahora bien, si creemos en su Palabra y aceptamos que Dios es creador de todo lo que nosotros podemos percibir a nuestro rededor y que por largos de quince siglos, reveló su voluntad respecto al conocimiento que la sociedad necesitaba para alcanzar su propósito de existencia, ¿Debemos suponer que Él no iba a revelar  a sus hijos algo tan elemental para su existencia, como conocer su propio origen y el origen del universo que lo circunda?  ¡Natural mente que no! El origen del universo  y la vida está declarado en las SS.EE. Estas son la fuente del verdadero conocimiento, sin embargo,  Satanás ha estado  haciendo lo suyo, y el hombre, como género, siempre proclive al mal, cegado y apartado de Dios no ha podido entender este principio.

 

No siendo la Biblia, un libro científico ni histórico, es innegable que la ciencia en general, de algún modo, se ha beneficiado con la información contenida en las SS.EE. El correr de los siglos, y el relato escrito de la Historia Universal, nos prueba su veracidad y testimonia lo remoto de  sus orígenes; de ahí su autoridad para entregar sus revelaciones que deben ser consideradas fidedignas y verdaderamente auténticas, separado del hecho de que quienes han creído verdaderamente en Dios la valoren más por el aval que significa su inspiración divina, sobre cualquier otro fundamento.

 

El Libro del Génesis, que como todos sabemos es el primero de las Escrituras, y tal como su nombre lo indica, es el relato del principio del tiempo contable para el Hombre, cuando Dios ordena la tierra a fin de poder instalar al hombre en ella. Por lo general, todos los predicadores que tratan de explicar el origen del Universo parten leyendo la cita de Génesis 1:1 y 2. Sin embargo, al leer con detención este pasaje, es fácil darse cuenta que hay  en él, dos declaraciones importantes, que indican este no es el comienzo absoluto de la historia. Aquí se nos revela que hubo un principio, y que en aquel momento Dios hizo los cielos y la tierra (Vers.1); pero no se nos habla cuándo y cómo fue ese particular momento. Luego se nos explica que la tierra estaba desordenada y vacía (Vers.2), pero tampoco se nos dice, porqué estaba desordenada.  Entonces cabe preguntarse ¿pudo Dios en su perfección crear la tierra desordenada?

 

En las Escrituras, aprendimos de la perfección y sabiduría de Dios; y desde esa perspectiva no es posible aceptar la idea que la tierra  haya sido creada de desordenada. Al leer la Biblia en su idioma original nos daremos cuenta que los términos en hebreo usados en el versículo 2 de Génesis 1, para describir el estado de la tierra son”: TOHU” y “BOHU”. Estas palabras explican que   la tierra  estaba  en un estado “CAÓTICO Y VACIA”.

Si el Caos es desorden, Dios es un  Dios de orden. El orden es consecuente con la perfección; del mismo modo, el desorden es secuela de la imperfección. Por esto decimos que este no es el comienzo de todo. Aquí faltan explicaciones: Dios, perfección, orden, es un camino. Satanás y el desorden es otro camino.

 

Es en el libro de Job en el capítulo 38:4, donde se puede comprender mejor el principio de la historia, pues ahí las SS.EE. , dan a conocer el diálogo de Dios con Job,  que confirma la apreciación, anteriormente expuesta, en relación a la creación perfecta de nuestro planeta;  cuando  Dios le confronta con las siguientes palabras: “… ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sabes sobre qué estaban fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, CUANDO TODAS LAS ESTRELLAS DEL ALBA ALABABAN, Y SE REGOCIJABAN LOS HIJOS DE DIOS?…”  He aquí dos verdades  irrefutables DIOS SE DECLARA CREADOR DE LA TIERRA y luego le dice a Job que al ver ésta,  SU OBRA, los  “HIJOS DE DIOS SE REGOCIJABAN AL VERLA”, por supuesto esto sucede cuando aún el Hombre no había sido creado, de modo que estos HIJOS DE DIOS aludidos aquí, son los Ángeles. La pregunta que aquí huelga es: ¿ALABABAN A DIOS Y SE REGOCIJABAN LOS ÁNGELES AL VER LA TIERRA SUMIDA EN EL CAOS? ¡Por supuesto que no! Dios hizo la tierra, la hizo perfecta y los  Ángeles glorificaban a Dios por la obra maravillosa que les tocó presenciar. ¡Esto es lo que enseñan las Escrituras!

 

 ¿En Qué Ocasión Se Relata El Origen Del Universo?.-  El libro de Nehemías en los capítulos 8 y 9 da cuenta que al retorno de los judíos a Jerusalén, durante la comisión de Esdras y Nehemías en los días del rey Artajerjes, luego de celebrar la Fiesta de Las Cabañas;(cap. 9:1.6) el día 24 del Séptimo mes, toda la ciudadanía decretó Ayuno Solemne a Dios.   En el versículo 6,  se narra la oración de algunos levitas, cuando instruían a los judíos que habían regresado del cautiverio babilónico a Jerusalén, y testimonia parte del conocimiento que estos tenían, respecto al tema que nos preocupa, con las siguientes palabras: “…Tu Oh Dios Era Solo, Tú Hiciste Los Cielos, Y Los Cielos De Los Cielos, Y Toda Su Milicia, La Tierra Y Todo Lo Que Esta En Ella Los Mares Y Todo Lo Que En Ellos Hay, Tu Vivifican Todas Las Cosas Y Los Ejércitos Del Cielo Te Adoran…”  En esta cita se ratifica lo relacionado con la autoría divina de la creación; además, aclara como fue el orden en que se desarrolló el proceso; esto es lo que se va a analizar a continuación; sin embargo, antes, es necesario considerar algunas ponencias científicas frente a los postulados bíblicos:

La Enciclopedia Autodidacta Océano, en la página 2044, refiriéndose al tema en cuestión dice textualmente: “…Con la escasez de confirmaciones experimentales y las incertidumbres que subsisten, el problema  del origen, y la evolución del Universo, ES UNA CUESTIÓN QUE NO ESTÁ RESUELTA…”  en la presentación de las Enciclopedias Océano se nombra un “Equipo Científico” que trabajó en la Obra; y cuando se lee esta aseveración citada, es obvio que  para estos científicos, como para muchos otros; la teoría del Big – Bang, no tiene ningún valor y que poco o nada es lo que se ha avanzado en este terreno pues como ellos mismos declaran: “…La Cuestión  No Está Resuelta…” Pese a este reconocimiento, a reglón seguido acotan: “…sin embargo, la cosmología ha progresado extraordinariamente para contrarrestar LAS INGENUAS TEORÍAS RELIGIOSAS. Hoy se trabaja sobre hechos concretos, que requieren múltiples investigaciones y verificaciones para llegar a una conclusión..”  Sin lugar a dudas, en estos largos siglos desde Galileo Galilei en adelante pasando por el nacimiento de la Astronomía, primero, y luego la Cosmología, la ciencia ha avanzado en forma sorprendente; pero a pesar de esto, todavía no puede dejar de teorizar respecto al origen del Universo  y la Vida. Las SS.EE. no teorizan, ellas afirman categóricamente que DIOS CREÓ EL UNIVERSO, y para probar la veracidad de estas, frente al errático camino de la ciencia en este terreno, basta recordar las antiguas propuestas de comienzos del siglo XV cuando los sabios de aquel entonces  suponían que la tierra era plana; contrario a esto  el profeta Isaías (Cap. 40:21-22), inspirado por Dios, escribía  más de veinte siglos antes: “¿ No sabéis, no habéis oído?, ¿nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre EL GLOBO DE LA TIERRA…? ¿Qué fue declarado por el profeta? ¡QUÉ LA TIERRA ERA REDONDA COMO UN GLOBO! ¿Quién  no sabe que fue Cristóbal Colón quién terminó por corroborar esta bíblica afirmación?; sin embargo, muchos ignoran la raíz judía de Colón y que fue, sin lugar a dudas, esta situación la que le aseguró el éxito de su empresa, pues él debió haber conocido esta declaración ¿Cuántos siglos demoró el Hombre en darse cuenta que la Verdad estaba tan cerca de ellos y se negaron en aceptarla?

 

Se podrían llenar páginas de hechos que prueban la autoridad de las Escrituras, pero sin lugar a dudas una de las  pruebas más concluyentes  es la existencia de la Nación de Israel. Desde la destrucción de Jerusalén a manos del Imperio Romano, hasta los oscuros días de la segunda guerra mundial, desapareció Israel de los mapas del Mundo, no así de los Santos Escritos, pues mientras millones de judíos morían en los campos de concentración y los hornos crematorios alemanes; la Iglesia de Dios, inspirada en estos, pregonaba la restauración del Pueblo de la Promesa y hoy cuando han desaparecido todas aquellas grandes civilizaciones que lo aplastaron y oprimieron; entre ellos, Egipcios babilonios, medos persa romanos, etc. Israel se levanta renovado imponiéndose por sobre todas las acechanzas que lo amenazaron con el exterminio. Esta es una de las razones, más poderosas para darse cuenta del valor de la información emanada de las Escrituras.

 

Volviendo al tema que nos preocupa; como lo relata Nehemías, primero: DIOS  HIZO LOS CIELOS Y LOS CIELOS DE LOS CIELOS; ¿Cómo se entiende esto? ¿Es posible probar tal aseveración? Diferentes investigaciones científicas, recién en la era moderna, nos permiten tener una idea concreta respecto a la admirable conformación de nuestro planeta. Podemos como ejemplo comentar sobre esa capa maravillosa que cubre la tierra y la protege como un escudo metálico impenetrable, que es “La Atmósfera”; Siglos antes que los científicos modernos lograran definir  la estructura de esta cubierta que envuelve la tierra, ”; En el  Salmo 104:5 – 6,  indicaban al respecto “… El fundó la tierra sobre sus bazas y no será jamás removida, CON EL ABISMO CON UN VESTIDO LA CUBRIÓ…”  La Palabra de Dios lo declaró y la ciencia lo corroboró diez siglos más tarde, dando con esto una vez más razón a la autoridad de las Escrituras. Tenemos entonces, un espacio alrededor de nuestro planeta delimitado “como por una cortina” protectora que ayuda a sostener la vida en la tierra, además de impedir los estragos de la radiación solar y el constante bombardeo de bólidos y meteoritos. Nadie puede negar que esta franja que rodea la tierra, y que delimita “nuestro cielo”, nos separa  del espacio cósmico infinito, que es muy diferente a nuestro propio espacio; y que es el lugar donde está  el resto de los planetas  del universo creado por Dios.

 

Ahora bien, fundamentados en la veracidad de las SS.EE, no hay por qué dudar de la declaración del Apóstol Pablo, cuando en la segunda carta a los Corintios en el capítulo 12:1-4 declara: “…Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años ( si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue ARREBATADO AL TERCER CIELO… DONDE OYÓ PALABRAS SECRETAS QUE EL HOMBRE NO PUEDE DECIR”,    Esta es su categórica declaración; Pablo fue transportado de forma que no podía describir al lugar donde mora Dios. A este lugar el Apóstol lo llama EL TERCER CIELO.

 

Las SS.EE. señalan que, por ahora, este Tercer Cielo, no es un espacio accesible al hombre (Timoteo 6: 13-16). Por esto, tal vez, cuando la humanidad realizaba sus primeras incursiones en el espacio exterior, un astronauta ruso al orbitar la tierra decía: “…Yo no veo a nadie aquí…” aludiendo a la enseñanza bíblica en forma irónica, pues no se había encontrado con Dios, y  difícilmente eso iba a acontecer, pero hay un lugar inaccesible al hombre, donde el Padre mora. Las Escrituras lo confirman, a pesar de la incredulidad de todos los escépticos  en el Salmo 103:19, las SS.EE señalan

“… Jehová  puso en los cielos su trono…” y sin lugar a dudas que ahí está su morada. Esta es pues la información de las SS.EE. de la CREACION DE LOS CIELOS; muchas personas pueden suponer que creer esto es una ignorancia, pero va a llegar el día en que como cada verdad revelada  por Dios hasta hoy ha sido comprobada, esta revelación respecto al origen del Universo también  lo será.

 

 

¡Porque las cosas invisibles de Dios, su eterna potencia

y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo,

siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo

que son inexcusables!   Romanos 1:20

 

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