LA IGLESIA DE DIOS Y LA DE ADORACIÓN DESDE EL PRINCIPIO

“… Como  El  Ciervo  Brama  Por  La  Corriente De Las,

Aguas, Así  Clama  Por  Ti, OH  Dios, El  Alma Mía…”

 

Este precioso párrafo del Salmo 42, grafica con toda plenitud la característica más peculiar y distintiva del género humano, por sobre los demás seres vivientes, como lo es la necesidad de Dios. Desde las más remotas culturas se puede distinguir el rastro imborrable del instinto religioso de la humanidad.

Este fenómeno, tan singular, que hasta el día de hoy no ha logrado ser descifrado por la ciencia, desdice categóricamente las propuestas de la Teoría de la Evolución, pues se sabe, a ciencia cierta que, no existe dentro del Reino animal, alguna especie que tenga esta facultad, de la cual pueda haberla heredado el Hombre, en «algún proceso evolutivo».

Del instinto religioso, congénito del ser humano, surge la necesidad de la Adoración a Dios, como un cordón umbilical que une al Creador  con su obra: la Humanidad. Sírvanos esta metáfora, para darnos cuenta que: así como este nexo de vida no nace desde el hijo hacia la madre, del mismo modo,  ¡¡¡ tampoco la Adoración puede ser normada por el hombre para establecer una relación justa con Dios!!! .

 

Al leer el capítulo 13 del libro de Mateo encontramos al Señor Jesús  hablando del REINO DE LOS CIELOS, a través de siete diferentes parábolas, lo compara primero a la semilla  sembrada, luego a un grano de mostaza, desde otra  perspectiva a un hombre que se dedica a buscar perlas, también usa la semejanza de la red y los peces, a la levadura, etc. Al terminar su discurso pregunta a sus discípulos, “¿…Habéis entendido todas estas cosas…?”

Cuántas veces en interminables y plañideros sermones oímos comentar estas parábolas, en otras tantas ocasiones hemos oído hablar del Reino de los Cielos. Sin embargo, sería interesante, analizar el sentido contextual que se le da a este término en este capítulo. Veámoslo de la siguiente manera: ¿Qué entendemos por «Reino de los cielos?.

En el ámbito religioso cristiano se dan dos interpretaciones para este principio:

1.-El espacio físico ¿en el cielo? preparado para los hijos de Dios.

 

2.-El gobierno Divino que procede del cielo.

 

Independiente del hecho sobre cuál es nuestra posición sobre cómo y dónde reinarán los justos, podemos aceptar como válidas estas posiciones dentro de un contexto determinado: El término «Reino» puede, circunstancialmente, referirse al Gobierno de Dios o al territorio donde vivirán los hijos de Dios.

 

Pero, entremos ahora al capítulo 13 del libro de Mateo, y analicemos cada una de estas parábolas:

  1. a) La primera de éstas, habla de alguien que salió a sembrar. Lo puntual aquí es mostrar cuál puede ser el rendimiento de la simiente, dependiendo del terreno donde fue esparcida. No hay discusión al decir que cuando se está  hablando de «La Simiente, que se siembra», se está aludiendo a «LA PALABRA DE DIOS», este es el tema central de esta primera parábola. Veamos la siguiente:

 

  1. b) El «reino de los cielos» es semejante al hombre que siembra la buena simiente en su campo. Nuevamente el tema de esta segunda parábola tiene que ver con la divulgación de la Palabra de Dios (la Doctrina verdadera), esta vez comprometida con la siembra de la cizaña que, sin lugar a dudas, representa la divulgación de las doctrinas falsas.

 

 

 

  1. c) La tercera parábola, compara «el reino de los cielos» con un grano de mostaza que tomándolo alguno, lo siembra en el campo y, siendo la más pequeña de todas las simientes, llegará un día a ser el más grande de todos los árboles.

En una primera lectura en esta parábola, al parecer, cuando se habla del «reino de los cielos» se está refiriendo al lugar donde irán los justos. Sin embargo, cabe preguntarse por qué se podría decir que éste es el lugar más pequeño de todos los lugares. Esta no puede ser una interpretación correcta. Mucho más incorrecto sería suponer que aquí se está refiriendo al gobierno de Dios.

Difícilmente alguien puede pensar que el gobierno divino sea, el menor de los gobiernos de la sociedad.

Entonces, nuevamente, debemos concluir que el grano de mostaza, como la pequeña simiente, tiene que ver con LA PALABRA DE DIOS; desde el punto de vista de la importancia que le confiere la humanidad. Sin lugar a dudas, el mundo no está interesado en ella, y si miramos el estado de la cristiandad en general, nos daremos cuenta que aún los  quienes se dicen cristianos, no dan a ésta, la importancia que se merece. Sin embargo, si cae esta en algún corazón piadoso y logra fructificar al cien por cien, le llevará a alturas tales de ser un día a la semejanza de nuestro propio Dios.

El asunto principal es poder darnos cuenta que sólo una parábola de este capítulo no trata de «LA PALABRA DE DIOS» como tema central. Ahora bien, para aclarar lo relativo al tema que nos preocupa, veamos la parábola que aparece en el versículo 23 del capítulo 13 de Mateo: Aquí se compara el Reino de los Cielos a la LEVADURA que es puesta por UNA MUJER en TRES MEDIDAS de harina. Como las mismas escrituras nos señalan que este relato es una parábola, debemos encontrar qué elementos se representan en esta figura literaria.

 

Está claro que, en este particular caso, LA LEVADURA representa LA DOCTRINA DEL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD; se entiende esto, luego de leer Mateo 16.6  donde nuestro Señor critica la doctrina de los fariseos, llamándola precisamente «levadura».  Luego, en diferentes partes de las escrituras encontramos a la Iglesia representada por UNA MUJER, de modo que, es correcto pensar que LA MUJER que tiene LA LEVADURA, es la IGLESIA que posee EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD. Finalmente, LAS TRES MEDIDAS DE HARINA donde LA MUJER pone LA LEVADURA, representan Las Tres Diferentes Épocas Y Grupos Sociales donde a la Iglesia le ha correspondido  convivir y testificar LA PALABRA VERDADERA.

 

LAS TRES MEDIDAS, UNA POR UNA.- El apóstol Pablo en la carta a los hebreos refiriéndose a la necesidad de luchar por la santificación, explica  a los Judíos que han alcanzado el llamado de Dios a través del imperio de la gracia; que aún, habiendo sido ingeridos al pueblo de Dios, nuestro compromiso es superior al pacto que Dios hizo con el Israel natural pues, siendo rescatados de nuestra bajeza se nos abrió el camino para integrarnos a “la Jerusalén celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles y a La Congregación De Los Primogénitos”. (Hebreos 12:22-23) Esta Es Una revelación demasiado importante para no considerarla y que ha sido, lamentablemente, obviada por el mundo cristiano, en general: ¡La Iglesia Del Dios Vivo ha existido por siempre! Se inició con la Congregación de los Primogénitos, y fueron parte de ella todos los santos hombres que vivieron desde Adán a Abraham. Esta es pues,  la Primera Medida de Harina.

 

Luego con Abraham, y a través del Pacto de la Circuncisión, Dios abre una puerta por donde deberán entrar quienes quieran ser sus hijos, conformando de este modo la Nación de Israel, que fue para Dios, la Congregación del Desierto (Hechos 7:38), la Segunda Medida de Harina. Finalmente consumada ya la incredulidad de Israel el propio Señor Jesús les anuncia «… He aquí que el Reino de los cielos ser quitado de vosotros y será DADO A GENTE que haga frutos de él…»(Mateo 21:43) Luego de esto y,  con el sacrificio de su vida, rescata para sí la Iglesia del Nuevo  Pacto, que es, definitivamente, la Tercera Medida de Harina. La pregunta que cabe hacerse ahora, frente a esto es: ¿Era diferente el fundamento doctrinal de la Iglesia  de Dios, respecto a La Adoración, en una u otra época?

 

 

LA ADORACIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO.- Que la Ley de Dios fue, es y será la columna vertebral de la Religión es un asunto indiscutible. En cada acción que el hombre emprenda para acercarse a Dios la va a encontrar a su paso. Los enseñadores actuales, que tanto predican contra el pecado, aún no logran descifrar el concepto de pecado que nos entrega las Sagradas Escrituras.  Pero si aceptamos la Biblia como la Palabra inspirada por  Dios, se deberá comprender que: “… pecado es trasgresión de la Ley de Dios»… (1ª Juan 3:4), pues esta es la definición de Pecado, que Dios enseña en su Palabra.

 

Desde esta premisa podemos deducir que la imperante necesidad de dejar de pecar es simplemente: “¡DEJAR DE TRANSGREDIR LA LEY DE DIOS! La diversidad de formas y contradicciones de la liturgia en el «cristianismo moderno», como así mismo la diversidad de grupos existentes, echan de ver el desconocimiento absoluto de la voluntad de Dios respecto a LA VERDADERA ADORACIÓN (Juan 17:20-21)

 Bajo estas condiciones, resulta importante atender la recomendación del profeta Jeremías y detenernos en nuestra vida, un momento, para inquirir sobre la certidumbre de la fe que profesamos (Jeremías 6:16); para ver, si «nuestra» forma de adorar, concuerda con aquella parte de la Ley de Dios, promulgada en el Monte Sinaí (Nehemías 9:13-14), y en donde se estableció la verdadera forma del Culto de Adoración.

 

Al leer la Biblia, en forma superficial, encontramos la declaración pública de  ley  de Dios, a partir del asentamiento en Sinaí del pueblo de Israel. Sin embargo, al entender las definiciones que nos dan las escrituras del concepto, nos damos cuenta de que a través de la historia de la humanidad, así como la Iglesia de Dios vive etapas bien  definidas, cada una de ellas está marcada por un período también claramente determinado de la Ley de Dios.

 

La presencia  tácita de la ley la encontramos sin dificultad en los primeros 11 capítulos del Génesis, donde está relatada la historia de los primeros dos mil años de la Humanidad, y de la Congregación de los Primogénitos desde Adán hasta Abraham. Lo fundamental del asunto ahora es poder verificar la existencia de la Ley de Dios durante este primer período de la historia del género humano.

 

EL PRIMER PERÍODO DE LA IGLESIA Y  LEY

Para efectos de nuestro estudio hemos dado en llamar a la época que existió La Congregación De Los Primogénitos, EL PERIODO TÁCITO DE LA LEY pues, aunque no se encuentra en las SS.EE, durante esta etapa, explícitamente relatado el hecho de alguna promulgación de Ley; diferentes escrituras plantean situaciones que avalan su existencia. De otro modo, ¿Bajo qué premisa concurrieron Abel y Caín con ofrendas delante de Dios, si tal ordenamiento no se había revelado?  ¿Cómo explicarnos la preferencia de un Dios justo por el presente de Abel por sobre el de Caín? y una tercera interrogante más interesante todavía  ¿Cómo explicarnos la condena de Caín si el mandamiento “No Matarás” aún no existía?: Pues bien  veinticinco siglos después de estos hechos  al leer el libro de Levítico respecto a la Ley de los sacrificios encontramos lo siguiente

 

Sin lugar a dudas, estos dos ejemplos hacen notoria la gran característica de este período en que la Revelación Divina era declarada oralmente por Dios a sus escogidos y  trasmitida del mismo modo, por éstos,  a su descendencia. Tenemos, por ejemplo a: Adán, instruido por Dios,  vivió con Él en el Paraíso, y murió de 930 años, lo que significa que sobrevivió hasta su séptima generación siendo contemporáneo de Matusalén durante 243 años. Por su parte Matusalén que alcanzó a los 969 años, acompañó a Noé‚ durante 600 años y alcanzó a compartir con Sem, su bisnieto, durante 98 años, muriendo poco antes del Diluvio. Sem, a su vez, después del Diluvio, luego que engendrara a Arphaxad, vivió todavía 502 años; es decir, sobrevivió a la muerte de  Abraham; y debió aún haber compartido con Isaac, durante un largo período de vida.

 

Todo esto demuestra que la transmisión de la Verdad estaba guardada de generación en generación   en la longevidad de los hombres elegidos por Dios. Analicemos esta aseveración en las Escrituras  en el cuadro de  siguiente:

 
1.    Santificación Del Sábado.                                                 Génesis     Cap. 2:  1-3
    2. LA Adoración Y El Sacrificio. Génesis  Cap.4: 3-5
     3. Prescripción Del Homicidio. Génesis Cap.4: 9-11
     4. Animales Limpios E Inmundos. Génesis Cap.7: 1-2
     5. El Sacerdocio. Génesis Cap.14: 18
     6. El Mandato De Los Diezmos. Génesis Cap.14:20
    7. Abraham Guardó Estatutos y Leyes Génesis Cap. 26: 5

 

Durante este período, como ya se hizo notorio, las Escrituras no nos muestran, en alguna declaración específica, un ordenamiento definido respecto a la forma de la adoración. No es sino durante el SEGUNDO  PERIODO DE LA LEY, en el tiempo de Israel como la Iglesia De Dios; cuando encontramos EL REGLAMENTO DEL CULTO DE ADORACIÓN (Levítico23 1-44), instituido por Dios  e inserto en EL LIBRO DE LA LEY por su propia  orden.

 

Sin embargo, conociendo a través de  las Escrituras, cómo es la verdadera adoración, revelada por Dios a Moisés; nos podemos dar perfecta cuenta de la existencia específica, de una forma de Culto de Adoración, mediante diferentes figuras que aparecen en las Escrituras Sagradas durante el tiempo de los patriarcas en  Período de la Congragación De Los Primogénitos, como por ejemplo:

 

Los panes sin levadura que Lot les ofreció a los ángeles que le visitaron. Este tipo de pan, como todos lo sabemos,  era parte del formulismo de la FIESTA DE LOS ÁZIMOS como se declararía más tarde en la promulgación de La Ley de Dios.

 

Estos mismos ángeles que estuvieron con Lot, primero, estuvieron con Abraham y este no les ofreció Panes sin Levadura (Génesis 18: 4-8, y 19:3), sin lugar a dudas, porque no era aún el tiempo de consumirlos. La manifestación de Dios en una lengua de fuego, a la semejanza de la manifestación de PENTECOSTÉS, cuando Abraham moraba en Mamré, es otro ejemplo ilustrativo; y aquí hay nuevamente que fijarse en algunos detalles que se encuentran en el capítulo 15 de Génesis, del versículo 1 al 8,  respecto a esos sucesos; ahí se señala que: Se aparece Dios a Abraham y le hace la promesa del nacimiento de Isaac, esto era para el patriarca tan ansiado y tan imposible de asimilar que pudiera acontecer, que le pide a Dios una señal para que  él pudiera entender que  sería real en el tiempo, a pesar de la incapacidad  fisiológica que a esa altura de su edad les afectaba. Entonces Dios le dice a Abraham que le presente en sacrificio, una becerra, junto a una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino.

 

El versículo 10, del capítulo señala que Abraham preparó todo lo que Dios le había pedido partiendo cada animal y poniendo una mitad  frente a la otra; sin embargo, no partió las aves del sacrificio… ¿Porqué obró Abraham de esta manera? Sin lugar a dudas conocía el patriarca la Ley de Dios , aun cuando todavía estaba a más de cuatrocientos años la data de la Ley en el Monte Sinaí, pues al leer hoy  en  el primer capítulo del Libro De Levítico  se lee la forma que debían sacrificar se aves delante de  Dios y es la misma manera que lo hizo Abraham; lo que confirma la existencia sempiterna de la Ley y el conocimiento que tenía el Patriarca (Génesis 26:5) y por supuesto La Congregación De Los Primogénitos  del tema. Naturalmente, no podemos dejar de referirnos a la santificación del Sábado, como parte de la VERDADERA ADORACIÓN, durante EL PRIMER PERIODO DE LA LEY, pues, los antecedentes bíblicos e históricos, determinan que ésta es una verdad absolutamente indiscutible.

 

Todo esto nos muestra con claridad la existencia de la Ley De Dios, desde el comienzo de la vida del Hombre en la tierra, hasta el momento de la revelación universal en el Monte de Sinaí, que es a su vez el período en que existió la CONGREGACIÓN DE LOS PRIMOGÉNITOS.

 

 

 

EL SEGUNDO PERIODO DE LA IGLESIA VERDADERA Y LA LEY .

 

Esta nueva etapa en la historia de la relación de la humanidad con Dios  comienza con el Pacto llamado a Abran, y termina con el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz.  Este es, a su vez, el período de la nación de Israel como Congregación de Dios. Abraham es naturalmente el precursor de la Nación, toda vez que la circuncisión es la señal física de la ciudadanía israelita, y él es el primer circuncidado. De acuerdo con las promesas que encerró el Pacto de la Circuncisión, el nombre de Abraham sería engrandecido en la tierra, una nación  y un conjunto de  naciones saldría de sus lomos y finalmente determina: “…Que en la simiente de Abraham serían benditas todas las naciones de la tierra…” (Génesis12: 1-3)

 

La primera parte de la promesa sería una situación que se daría con el correr de los siglos. En la actualidad nos podemos dar cuenta que en las tres grandes religiones monoteístas, Abraham ocupa un lugar  relevante. La promesa del advenimiento de «la nación y el conjunto de naciones”, era, en aquel entonces, algo ya  inminente: Abraham y Sara eran la raíz del pueblo de Dios, después llegarían Isaac, el hijo de la promesa, y de  este vendría  Jacob, el padre de los 12 patriarcas. Este ciclo, llegaría a su ocaso, temporalmente, cuando apareciera la Simiente de la redención universal.

 

Así como Dios se comprometió con Abraham, reiteró más tarde su compromiso con Isaac y Jacob. Del mismo modo constituida la Nación, luego  la liberación del cautiverio de Egipto, tal como le había sido revelado a Abraham, Dios sella el Pacto con Israel en el Monte de Sinaí (Éxodo 20:1-24) A partir de este momento, aparece en el relato bíblico, por primera vez, una relación explícita de lo que es La Ley de Dios. El código de leyes que había de regular la vida de los Hijos de Dios estaba compuesto por más de 600 leyes que tenían que ver con la conducta civil, moral y religiosa de la nación que era, en ese momento, la Iglesia de Dios.

 

La humanidad no ha tomado conciencia de esta última afirmación. Como fue expuesto en párrafo anterior, entre las leyes que fueron decretadas en el monte de Sinaí, venían establecidas por Dios, Las Leyes de la Adoración. Aquí surgen entonces las interrogantes que la cristiandad debe responder: Si todos creemos en el Dios Creador del Universo, en las SS.EE. como fuente de la revelación de la Verdad y en Jesucristo como nuestro único Salvador, ¿Por qué no se ha logrado unificar criterios respecto de La Verdadera Adoración teniendo todos una misma fuente de información y reconociendo todos el mismo Dios?

 

La respuesta ya la vimos: Porque la humanidad ha reemplazado los mandamientos de Dios por Mandamientos de hombres. ¿Cuáles podrían ser las consecuencias para la humanidad respecto a esta actitud? Nuestro propio Señor Jesús nos da la respuesta cuando nos dice: “…Este pueblo de labios me honra Y EN VANO ME HONRAN enseñando como  doctrina mandamientos de hombres…” (Marcos 7:6-7) “… Porque no todo el que dice Señor, Señor  entrará en el Reino de los cielos, sino el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los  cielos”… (Mateo 7:21) “… Si alguno dice que ama a Dios Y NO GUARDA SUS MANDAMIENTOS, el tal es mentiroso y no hay verdad en él…” (1ª Juan 2:4)

 

Quién desconozca el contenido del Libro de la Ley de Dios, desconoce también un elemento importante de su salvación. Las Escrituras enseñan que “… La Justicia de Dios, es Justicia Eterna y SU LEY LA VERDAD…” (Salmo 119:142) Los predicadores en la actualidad han dado en enseñar la incompatibilidad de la Ley de Dios con estos tiempos modernos, particularmente la de aquellos  mandamientos que tienen que ver con La Adoración. Esta es la razón por la que la cristiandad carece absolutamente del conocimiento de LA VOLUNTAD DE DIOS  a este respecto. El caso más representativo puede es el Mandamiento de Dios en relación con EL DIA DE REPOSO.

Las SS.EE, nos enseñan que el Sábado es el día de reposo consagrado por Dios desde el principio. Sin embargo, la apostasía ha llegado a tanto que en las versiones modernas de la Biblia han cambiado la palabra Sábado por Reposo pero, aún así, sigue apareciendo todavía en las Escrituras reposar el séptimo día por orden de Dios y el Diccionario de la Lengua Española nos señala que el Sábado es el Séptimo día de la semana.

No cabe ninguna duda que en un día, no muy lejano, la palabra “Sábado”, como el día del reposo instituido por Dios, desaparecerá tanto en el diccionario como en las nuevas versiones de Las Escrituras; y algunos «seguidores de Dios» y las nuevas generaciones, no se darán siquiera cuenta porque estamos viviendo en medio de la apostasía, pues, la sociedad no se ha alcanzado a percatar que está siendo engañada por Satanás a través de sus propios líderes. Es importante considerar que cuando Dios “Bendijo y Santificó el Sábado”, desde la perspectiva del significado del término “santificar”,  Él estaba apartando este día para sí; y aún cuando las personas suponen que “todos los días son iguales” frente a Dios, estas dos características son prerrogativas exclusivas del séptimo día, por mandato  de Dios.

 

EL CONOCIMIENTO AUSENTE DE LOS SERMONES MODERNOS.

 

Leyendo en las escrituras la historia concerniente a la Iglesia verdadera, encontramos que, durante EL Primer período de la Ley, existió la Congregación de Los Primogénitos, que estaba representada en la parábola de Jesús como la Primera medida de Harina. Con Abraham, Dios inicia el Segundo  Período de la Iglesia, introduciendo en la familia del patriarca el conocimiento de La Verdad, como lo testimonia la cita de Génesis 26:5. Constituido Israel, el Pueblo de la Promesa, que está representado en la parábola citada, como la Segunda Medida de harina, se inicia para la humanidad, El Segundo Período De La Ley, con «esta Congregación del Desierto» (Hechos 7:38), como se le denomina en el discurso de Esteban.

Siglos más tarde, el Apóstol Pablo, destacando la importancia  de la nación de Israel, invoca el hecho  que fue éste el único pueblo de entre todos las naciones de la tierra que recibiera:“.la adopción, la gloria, el Pacto, la  Data de la Ley, el Culto y las promesas». (Rom.9:4)

 

Todo este  conocimiento, que quedó escrito en el Libro de La Ley, sería protegido, custodiado y administrado por siglos por el pueblo de Israel, hasta que viniera la generación a la cual le estaba reservada ésta dispensación (Gálatas 4:4-5. Al comprender esto, resulta fácil darse cuenta de la importancia de la Ley  como un nexo entre Dios y la humanidad; pues ella, aparte de darnos a conocer el pecado (Romanos 7:7), nos enseña la verdadera forma de adoración ordenada por Dios, y que nos revela, en su formulismo, el Plan de Salvación universal diseñado  para el hombre pues, como lo señalan las Escrituras: “… Las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas…”. Sin embargo, esta parte de la revelación divina es absolutamente desconocida en la actualidad   ha sido sustituida por mandatos y tradiciones humanas, que poco o nada tienen que ver con las SS.EE.

 

A través de la lectura seria de la palabra revelada, nos daremos cuenta que la Ley de Dios es la columna vertebral de la adoración verdadera por lo tanto, es importante que la humanidad la conozca. El Diccionario de la Lengua Española define el concepto Ley como: “…un conjunto de reglamentos y ordenanzas, por los cuales se rigen los seres y  las cosas según su esencia…” Sin lugar a dudas, todo el universo religioso «cristiano” reconoce a Dios como la esencia misma de su origen:

 

La historia es de todos conocida,  la Biblia enseña que Dios hizo al hombre a su imagen (Génesis 1:27) Pablo inspirado del Espíritu Santo, escribiría más tarde respecto a alguna de nuestras responsabilidades, en atención a nuestra relación de linaje con Dios (Hechos 17:28-29) Todo esto conduce a entender nuestra dependencia de la Ley Dios en virtud de nuestro origen. Lamentablemente con el transcurso de los años, tal como estaba previsto en la Palabra de Dios (Daniel 7:27), Satanás, por intermedio de sus emisarios, ha atentado en forma sistemática contra  casi todas las estructuras doctrinales bíblicas, particularmente la Santa Ley de Dios, engañando a la humanidad.

 

ALGUNAS PRECISIONES RESPECTO A LA LEY DE DIOS.

 

La gran mayoría de los creyentes da por sentadas algunas consideraciones erróneas respecto a LA LEY, enseñada por sus Pastores y predicadores. Por ejemplo, se supone, equívocamente, que:

  • LA LEY DE DIOS FUE CREADA POR MOISÉS. Y SOLO EXISTE A PARTIR DE ISRAEL EN ADELANTE.

 

  • QUE TENÍA VALOR SÓLO PARA EL PUEBLO DE ISRAEL.

 

Veamos que dice la Palabra de Dios al respecto: Primero, las escrituras nos señalan con mucha claridad que las leyes que rigieron al Pueblo de Israel, son de Dios, y no-invención de Moisés, ni mucho menos de la nación. Los hombres más destacados en la historia de las Escrituras tenían un alto concepto de ésta Ley; el salmista David, por ejemplo, escribió: “…La Ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma, los mandamientos de  Jehová, rectos, que alegran el corazón…” (Salmo 19:7-8) Entendían con claridad su origen: El apóstol Santiago, no señala: “…  Uno (Dios) es el dador  de la Ley, que puede salvar o perder…” (Santiago 4:12)

Entendiendo que la Palabra de Dios  nos enseña que NO HAY NOMBRE dado a los hombres en el cual podamos SER SALVOS sino el nombre de Jesús, debemos aceptar que Moisés no tiene esta facultad y al no tenerla  No puede ser el dador de la Ley. En los relatos del Libro de Nehemías encontramos cómo es que Dios descendió en el Monte de Sinaí para entregar su Ley (Nehemías 9:13-14) de modo que, la autoría divina de La Ley es un asunto indiscutible en las Escrituras.

El segundo punto importante, del cual ya hemos visto más información en párrafos anteriores; es establecer: desde cuándo la Ley de Dios rige para la humanidad, en atención a la creencia de que sólo a partir de Moisés existe. Veamos esta consideración desde la siguiente perspectiva: Si pecado es trasgresión de la ley, naturalmente que no habiendo Ley, es imposible que en justicia exista delito, esto lo declara con autoridad el propio apóstol Pablo en Romanos 4:15: “…  Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco hay transgresión…” ahora bien, ¿Cómo pudo Dios acusar al mundo antiguo de pecado y condenarlo en el Diluvio cuando, no habiendo ley, el pecado no existía?  Este simple razonamiento nos demuestra que desde la aparición del  género humano en el mundo existe la Ley de Dios. Como se citara en párrafos anteriores, Moisés en el capítulo 26, versículo 5 del libro del Génesis declara textualmente que: “…Abraham guardó Preceptos, Mandamientos, Estatutos y Ley…”

 

Finalmente, respecto de la afirmación errónea de que la Ley de Dios es sólo para Israel, las SS.EE. afirman absolutamente lo contrario. Podemos leer en el Profeta Isaías, en el capítulo 56-6: “…Y a los hijos de los extranjeros que se allegaren a Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos, a todos los que guardaren el Sábado de profanarlo y abrazaren mi Pacto, yo los llevaré al Monte de mi Santidad y los recrearé en mi casa de oración…”. La palabra de Dios es clara, los hijos de los extranjeros que  acataren los términos del Pacto de Dios, es decir, observaren sus Santas Leyes, gozarán de las mismas prerrogativas del pueblo elegido; entonces luego tras la muerte de nuestro Señor Jesucristo nosotros todos los creyentes seríamos  añadidos a su pueblo, pues nosotros no hemos elegido a Dios, sino Él nos eligió a nosotros

 

Por otra parte, es importante considerar el consejo en la carta de Judas respecto a la necesidad de luchar por esta nuestra Fe, que ha sido dada una vez a los santos; entendiendo que “La Fe” por la cual el Apóstol nos insta a luchar, no es otra sino, aquella que le fue entregada a Israel en el Monte Sinaí. Otra observación importante que nos ayudara a desterrar de nuestra mente el concepto de  que la LEY DE DIOS perdió vigencia; y que ahora se puede vivir cualquier forma de Evangelio, lo aporta una escritura del Apóstol Pablo a los Gálatas en el cap.1 versículos 6-9, donde afirma que no hay otro Evangelio, pero que algunos han pervertido el Evangelio de Jesucristo. Que queda entonces para nosotros, cuando miramos a nuestro derredor y vemos como inexorablemente el sistema social se derrumba, la inmoralidad imperante comienza en el mismo ámbito de la religión. Las declaraciones de las Escrituras son claras: desde el comienzo de la humanidad la fe es una sola, la diversidad de   planteamientos respecto de ésta, es un testimonio claro de que los principios generados en  la Palabra de Dios se han pervertido. En ninguna parte de las SS.EE. encontrará un principio que señale que observar la ley de Dios nos podría condenar; por el contrario aquí tenemos el testimonio de uno de los grandes profetas de Dios que declara: “… ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido…” El Apóstol Pablo en la carta a los Romanos en el cap.  2:13-15 nos enseña que debemos ser hacedores de la Ley y no oidores olvidadizos: “…Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados. Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley a sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros…”.  Es

Necesario entender estas palabras como una invitación de Dios a considerar los caminos de nuestra vida en relación con “nuestra fe”  pues las SS.EE. nos indican que: “…Hay caminos que al hombre le parecen derechos, en su opinión Pero su fin son veredas  de muerte…” Proverbios. 14:2

 

 

 

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