Tras dos importantes encuentros llevados a cabo en nuestra comunidad en el mes de Febrero, El Campamento Juvenil que reunió a una veintena de jóvenes en la localidad cordillerana del Caracol en la comuna de San Fabián, y una invitación del grupo femenino en la localidad de San Rosendo, quedó muy alto el ánimo de toda la Iglesia, para el último gran evento con que terminarán las actividades del primer trimestre de este año civil: nos referimos naturalmente a La Solemnidad de la Pascua, instituida por nuestro Señor Jesucristo para sus hijos en conmemoración de su muerte.

Este hecho que debiera ser tan importante y respetado en el mundo “cristiano”, lejos de unificar el criterio de quienes dicen ser Ministros, Vicarios, Sacerdotes o Pastores de su pueblo, comprado con el sublime sacrificio de su sangre derramada; marca una actitud muy lejana al propósito del Hijo de Dios expresado en la oración descrita el capítulo 17 del libro de Juan.
El término “Pascua” que nosotros conocemos, deriva de voz hebrea “Pesaj” que significa “pasar”, que fue lo que sucedió con las casas de los hebreos en Egipto, cuando el Ángel de la muerte pasó por todo el territorio hiriendo a los primogénitos de los nativos y sus animales en cada lugar donde se encontraran, pasó por alto las casas de las tribus de Israel, salvando de este modo la simiente de Abraham que pronto se constituiría oficialmente en el pueblo de Dios. Como consecuencia de esta gran tragedia para los egipcios, Faraón decretaría la salida del pueblo a la ansiada libertad a la media noche del día 15 de Abib; la libertad definitiva todavía tardaría algunos días; según lo relata el Libro de Números en el capítulo 33, solo fue al tercer día de la salida de los hebreos de las ciudades egipcias cuando Dios en una nueva muestra de poder y amor por este pueblo, les abre una camino en medio del mar; el mismo lugar donde quedarían finalmente sepultados los ejércitos de Faraón.

Así se escribiría entonces el primer capítulo de la vida pública de la incipiente nación de Israel, primero siendo salvados de la muerte; luego, permitiéndoles abandonar las ciudades y finalmente, libres del cautiverio tras atravesar el mar rojo en seco. Estos tres hitos en la vida del pueblo elegido, marcados a fuego en su conciencia colectiva, serían luego consagrados por Dios en lo que se conocería como el Reglamento del Culto, lo mismo sucedería también con los restantes acontecimientos de la historia de esta nación hasta llegar a la tierra prometida, como lo veremos a continuación:

Salvados de la muerte de los primogénitos -> La Fiesta de La Pascua
La Salida. -> La Fiesta de Los Ázimos
La Liberación absoluta. -> El Omer de la ofrenda Mecida
El ordenamiento en el Sinaí. -> La Fiesta De Pentecostés
La culminación del juicio en 40 años. -> La Solemnidad de la Expiación.
La entrada temporal a Canaán. -> La Fiesta De Las Cabañas.

A pesar de lo grandioso de estos acontecimientos y su importancia en la formulación de la identidad de Israel como el pueblo escogido por el Dios único que les había concedido el estatus de nación, con leyes propias, con un líder preparado y un lugar en el mundo, ello no bastó para asegurar su fidelidad. En innumerables ocasiones Israel mostró su ambigüedad e inconstancia hacia Dios, lo que le trajo como consecuencia ser entregado en manos de sus enemigos. Sin embargo, Dios también les perdonó sus continuas faltas levantando oportunamente a los distintos profetas y a dirigentes apropiados que los guiaran hacia la rectitud como: Josué, Samuel, David, Ezequías, Josías Nehemías, Esdras, entre otros. En el conocimiento de estos hechos, podemos darnos cuenta que en la medida que había un acercamiento sincero de la nación al Culto Verdadero, Israel encontraba paz en Dios, del mismo modo en que los períodos de oscuridad y turbulencia que debía sufrir el pueblo; se enmarcaron en un distanciamiento de los caminos de la Verdad.

Así llegamos finalmente, varios siglos más tarde, a los días en que cumplido el tiempo determinado para que el Padre nos enviara a su Hijo amado, nuestra Pascua, con un plan específicamente preestablecido como el último salvavidas para el remanente de Israel y la redención del resto de la humanidad comprometida con Abraham. (Gálatas.4:4)

Algunos falsos maestros ignorando las Escrituras han enseñado que toda la Ley del Culto de Adoración quedó obsoleta tras la muerte de nuestro Señor, sin embargo, el libro de los Hechos da cuenta de la vida de la Iglesia Primitiva, tras la muerte de Cristo y cómo este sistema de adoración fue parte esencial en la vida de ella. En el segundo capítulo del libro se señala que en el día de Pentecostés, una de las Santas Convocaciones que supuestamente quedó clavada en la cruz, la Iglesia se reunió y fue confirmada como la Iglesia de Dios con la manifestación del Espíritu Santo; luego en el capítulo 12 se relata cuan fácil le fue a Herodes aprehender y matar al apóstol Santiago para luego ir tras el apóstol Pedro en los días de la Pascua y Los ázimos, cuando, por cierto la Iglesia estaría reunida; naturalmente no en “semana santa”, “ ni en una “santa cena”, ni en una conmemoración por haber sido salvados de la “Muerte de los Primogénitos”, pues de acuerdo a las SS.EE, así estaban dispuestas las cosas por Dios. Para entender mejor esto, veamos a continuación algunas Escrituras neotestamentarias al respecto:

Hacia los años 59-60 D.C. La Iglesia gentil de Colosas, presumiblemente surgida luego de la predicación del apóstol Pedro en el día de Pentecostés en Jerusalén, estaba siendo impugnada por observar “ritos” judaicos siendo un pueblo gentil, a ella dirige su epístola el apóstol Pablo estando preso en Roma concluido su tercer viaje misionero donde le llega el rumor que Pablo sanciona en la carta que escribe desde su prisión al respecto; advirtiéndoles en el segundo capítulo sobre la necesidad de no dejar engañarse con las filosofías que eran comunes en aquellos días, ni con las tradiciones propias de las costumbres impías que imperaban en la ciudad, en los siguientes términos: “…Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados: Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo…” Vale decir, el apóstol les conmina a no dejarse llevar por estas sutilezas que tergiversan la Verdad de Dios, ni flaquear en la fe, puesto que Las Santas fiestas por las cuales eran criticados, eran símbolos de futuros eventos dispuesto para la Iglesia; que es el cuerpo de Cristo.

Ahora bien, ¿De qué manera esto podría afectar a la Pascua celebrada por Israel en Egipto? Por cierto Nuestro Señor Jesucristo se sentó a la mesa con sus discípulos (Lucas 22:7)el día en que era necesario matar el cordero, el día 14 de Abib al comenzar el día, es decir el día 13 a la puesta de sol, acabada la cena lava los pies a sus discípulos y declara en Juan 13:12-15: “…Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose a sentar a la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis, Maestro, y Señor: y decís bien; porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros. Porque EJEMPLO OS HE DADO, PARA QUE COMO YO OS HE HECHO, VOSOTROS TAMBIÉN HAGÁIS…”

Lucas el apóstol, más tarde iba a fijar su vista en otro aspecto de estos momentos de acuerdo a lo que había recogido de boca de quienes estuvieron presentes en aquella noche con Cristo, según relata en el capítulo 22, desde el verso 15 al 20:”… Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca; Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros; Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: HACED ESTO EN MEMORIA DE MÍ. Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama…”

Esta escena presentada en las Escrituras, que contempla el lavado de pies, la participación del pan y el vino, tuvo lugar en la noche del 14 de Abib; mientras en toda la ciudad de Jerusalén, se hacían los preparativos en el templo y en cada casa, para cuando amaneciera. Esto tuvo que ver con lo planteado por Pablo en la carta a los Colosenses y que corroboraría más tarde en la carta a los Hebreos como los hitos más relevante de la historia de Israel en su marcha a la tierra prometida, y que aparecen luego insertas en el Reglamento de Culto, sujeto a esto, Cristo desde aquella noche asumía su lugar como el antitipo, es decir, la realidad que representó aquel cordero sacrificado en Egipto; dispuesto por Dios para la redención de la humanidad. Entonces tal como lo dice Pablo en la 1ª carta a Los Corintios, Jesús en ese momento fue nuestra Pascua, el sacrificio divino que llegó para reemplazar el cordero del Éxodo.

Por eso la Iglesia del Nuevo Pacto no celebra ya la Pascua judía, por decirlo de alguna manera, sino la Iglesia Verdadera, tal como lo ordenara nuestro Señor conmemora la muerte de Jesús, tal como Él lo instituyera la noche del 14 de Abib antes de ser entregado.

En el libro de Juan en el capítulo 4, los versículos 23 y 24, el apóstol hace notar la necesidad de convertirnos en verdaderos adoradores, pues a estos ama Dios.

“La Semana Santa”, como todos sabemos fue establecida por la curia romana en el Concilio de Nicea citado por el emperador pagano Constantino, fue ahí donde se decidió reemplazar el mandato divino y celebrar la resurrección de Jesús el domingo siguiente a la luna llena, del equinoccio de primavera en oriente; fundamentando equívocamente que Cristo resucitó un domingo; asunto absolutamente improbable en las Escrituras, para que hablar de los demás aditamentos paganos, como los huevos pintados para hacer más atractiva la innovación a la adulteración a la Ley de Dios. Un elemento que se tomó de la mitología egipcia, específicamente, con el cuento del ave Fénix que como relata la leyenda, que luego de quemarse su nido; habría vuelto a renacer de un huevo. Luego, el conejo otro elemento al igual que el huevo, tampoco es una tradición reciente, o inmediatamente posterior a la resurrección de Cristo; pues ya se utilizaba en celebraciones varios siglos antes, como símbolo terrenal de Eastre, la diosa sajona de la primavera, también conocida en Alemania como Ostern considerada como la diosa de la Tierra, de la resurrección de la naturaleza, tras su prolongada muerte durante el invierno y a quien se le dedicaba el mes de abril.

¿Es posible aceptar como coherente que un acto tan sagrado como es la conmemoración del sublime sacrificio de Cristo sea cambiado de forma tan irrespetuosamente y antojadiza sin considerar la orden de nuestro propio Señor, y más todavía se vea mezclado con formas paganas que nada tienen que con la Verdad?

Finalmente en los días del emperador romano Teodosio (379-395) terminó por establecerse la Iglesia Católica como la religión oficial del Imperio y como es reconocido en la propia historia de aquella iglesia, concilio tras concilio terminaron por hacer desaparecer la Verdad de la sociedad entre acuerdos y persecuciones. A finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI; la reforma Luterana dejo al descubierto las inmoralidades de esta institución, quebrando de este modo la hegemonía de la Iglesia Romana sobre el “cristianismo”.

Las iglesias cristianas, derivadas de la reforma luterana que manifiestan un abierto antagonismo y desacuerdo con estas raíces ideológicas, nada hicieron por restablecer la Verdad. Y hoy por hoy, habiendo hecho un eslogan, donde ellos manifestaban el propósito de guiarse “solo por la biblia”, y el Espíritu Santo, es incomprensible entender racionalmente cómo se han sometido a estos dogmas heréticos, tan contradictorios y tan ajenos a la Verdad revelada.

Así tenemos también, que en otros grupos y otras circunstancias, la Pascua instituida por nuestro Señor se ha convertido en “La Santa Cena”, término que no aparece en las Escrituras como ceremonia; que no es más que una mala copia del acto de la Pascua, y que lo usan con cualquier excusa para realizarlo, ya sea en un momento especial, como la visita de algún endiosado jerarca; o cualquier otra situación, pero nunca en el día que las SS.EE ordena conmemorar por instrucción divina la muerte de nuestro Señor. Si bien es cierto Israel, el pueblo de Dios, tampoco conmemora la muerte de Nuestro Señor, no debemos olvidar, ellos continúan celebrando la liberación en Egipto; en el fondo no se puede confundir su accionar equívoco, con la intencionalidad culposa del mundo que se dice “cristiano; pues a aquello les ha sido vedado entender la Verdad hasta que el último de los gentiles sea notificado y logre entrar al conocimiento y el obedecer a la Palabra de Dios establecida, mientras que los demás supuestos seguidores de Dios, no han trepidado en hacer de la fe, una ideología simplista, que al parecer, lo único que les preocupa es congregar multitudes con el fin de satisfacer su avaricia incontrolable acosta de la credulidad de quienes genuinamente buscan servir a Dios.

Nadie puede desconocer que el mundo pasa por excepcionales y difíciles circunstancias, sin embargo, pocos saben o se dan cuenta que desde los tiempos de Cristo, ya estábamos advertidos respecto algunas situaciones que sobrevendrían en algún momento dado de la humanidad, entre las cuales por supuesto está la apostasía ocupando, entre otras, un lugar predominante, con las consecuencias propias del haberse desviado de la Verdad
La carta del Apóstol Pablo a la Iglesia en Roma, escrita hacia el año 56 de nuestra era, nos habla en su primer capítulo de las graves consecuencias que acarrearía para la sociedad esta conducta hedonista donde Dios no tiene cabida. Es sorprendente leer este texto, porque nos muestra un retrato perfecto de nuestros tiempos; lo que a su vez corrobora la autenticidad de la revelación bíblica y por ende la innegable presencia de Nuestro Dios.

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