Todas las personas que profesamos una fe en Dios tenemos en nuestra mente y usamos en nuestro vocabulario con bastante regularidad la palabra Iglesia; pero es curiosa la reacción de las personas cuando alguien pregunta: «¿Qué es la iglesia? … Primero un gesto de sorpresa, luego, algo así como… ¿Pero cómo alguien puede andar preguntando esto? Sin embargo, al tenor de las respuestas, la sorpresa pasa al interlocutor al darse cuenta la cantidad de respuestas diferentes que puede tener una pregunta al parecer tan simple para el mundo cristiano: ¡ la iglesia es el lugar donde nos encontramos con Dios!, ¡la Iglesia es el lugar donde el está llamando a sus escogidos! ¡la Iglesia es la casa de Dios y puerta del cielo! ¡Es en ese lugar donde podemos encontrar a Dios!, etc., etc. Obviamente ante esta disparidad en las respuestas debemos remitirnos a las Escrituras; porque se entiende que estas son la fuente de información que permiten que la Iglesia exista, por lo tanto ellas nos dirán a qué se debe esto, y cómo es posible que muchos adoradores de Dios no entiendan qué es la iglesia. El apóstol Pablo estando en Atenas donde no se conocía aun la Verdad, fue llevado al Areópago cuando comenzó su prédica sobre Cristo y allí en defensa de su accionar nos aclara tangencialmente que los templos que se erigen no son exactamente una Iglesia cuando declaró: «…Pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Aquél pues, que vosotros honráis sin conocerle, á éste os anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, No Habita En Templos Hechos De Manos…« ( Hechos 17:22 y 23) de esta manera ésta cita como aquella del discurso de esteban (Hechos7:48 y 49) corroboran que de ninguna manera algún templo puede ser considerado morada de Dios; Ahora bien, por esta misma fuente de información nos podemos dar cuenta que las posiciones poco ortodoxas o simplistas de quienes enseñan en las iglesias han permitido finalmente que se produzcan estas situaciones; la carta del apóstol Pablo (el apóstol de los gentiles) a los Filipenses, en el primer capítulo a partir del versículo 15 al 17 confirma esto cuando señala textualmente: «…algunos a la verdad predican a Cristo por envidia y porfía, mas algunos también por buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente; pensando en añadir aflicción a mis prisiones. Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto para la defensa del evangelio…» luego añadiría en el versículo 18: «… ¿Qué pues diré? que no obstante, en todas maneras, ó por pretexto ó por verdad, es anunciado Cristo; y en esto me huelgo, y aun me holgaré…» Es decir, a pesar de que muchas personas estaban recibiendo el conocimiento de la existencia del Hijo de Dios a través de la falsedad de los supuestos pregoneros de la Verdad, el apóstol se alegraba que aun por ese medio, algunos estuvieran aceptando el buscar cómo servir a Dios. Sin embargo, en el capítulo 14 de Romanos, en el versículo 22, advierte: «… ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena á sí mismo con lo que aprueba…» aquí está el apóstol entonces, haciendo notoria la necesidad de buscar diligentemente el camino de la Verdad, pues ya nuestro Señor había advertido que «no todo el que dice ¡Señor! ¡Señor! heredaría el Reino de Dios, sino quien hiciera la voluntad del Padre que está en los cielos…» De manera que está determinado en la Palabra de Dios el horrendo fin de aquellos que por torpes ganancias han privado del verdadero conocimiento a personas que genuinamente han creído encontrar el camino de Dios.

 

Las epístolas apostólicas nos explican como tempranamente Satanás, ya estaba logrando que el cristianismo verdadero se fuera corrompiendo y diversificando de acuerdo a la avaricia de nuevos dirigentes corruptos que con fines absolutamente carnales estaban llevando gente tras sí; como lo prueba y advierte el apóstol Pedro en su 2ª carta en el capítulo 2:1-3: «… Pero hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrá entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdición acelerada. Y muchos seguirán sus disoluciones, por los cuales el camino de la verdad será blasfemado; Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme..».

El capítulo 1 de la carta del apóstol Pablo a la Iglesia de Éfeso a partir del versículo16 da cuenta de su preocupación por esta iglesia gentil; para que pudieran ellos entender el verdadero significado de la Fe que habían aceptado y de este modo alcanzar poder para llegar a la meta, Ese poder tan grande dispuesto para ellos, fue el mismo usado por el Padre para levantar a Cristo del sepulcro para ponerlo como cabeza de su Iglesia. Naturalmente por muy fastuoso que sea algún templo, el Hijo De Dios no puede ser cabeza de un edificio de un material perecedero. Cuando la Iglesia es identificada como su propio cuerpo, es claro que la Iglesia son las personas que han aceptado y cumplen la Verdad establecida en la Palabra De Dios. ¿Por qué existen entonces tantas Iglesias? Naturalmente esta es una pregunta que debiéramos poder contestar todos los dirigentes religiosos con la frente en alto. Pues cuando leemos en Juan capítulo 17:20 y 21, podemos entender con mucha claridad que esta no era la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, para con su Iglesia, cuando el rogaba al Padre diciendo: «… Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste…»

El apóstol Pablo, el apóstol de los gentiles como ya lo dijimos anteriormente, en su carta a los Corintios en el capítulo 1:10; conociendo el pensamiento de nuestro Señor Jesucristo aconseja: «…Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer…» ¿Debemos creer que este es un principio de Dios que no ha llegado a las altas esferas de los enseñadores cristianos?. Cuando en este mismo capítulo citado el apóstol hace ver que en la Iglesia de Corintios habían seguidores no, tanto de Dios, sino de diferentes ministros; entonces el pregunta: ¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? ¿No es esta una pregunta para hacérnosla nosotros también hoy?

¿Cuál Es La Función Que Debe Desempeñar En La Actualidad?.- El último día que nuestro Señor Jesucristo estuvo con ellos reunidos, como ya había oído que el Hijo De Dios establecería en algún momento su Reino y resto, uno de ellos preguntó: «… Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? Tres años y medio convivieron los discípulos con Nuestro Señor; obviamente fue el tiempo necesario para que maduraran como personas a través del proceso de la conversión y ya estaban listos para comenzar sus ministerios. Sin embargo, no habiendo recibido El Espíritu Santo aun; les costaba entender la responsabilidad que pronto recaería sobre sus hombros, pues a pesar de estar en la senda correcta, no tenían en la mira en lo que debían hacer ya; entonces fue necesario que el Señor Jesús pusiese las cosas en su lugar haciéndoles ver cuál sería la misión que como la base de la Iglesia de Dios ahora les correspondía asumir, cuando les dice: «… id, y doctrinad á todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…» es interesante citar este texto que aclara y define la labor de la Iglesia en el aspecto de la responsabilidad de doctrinad a los gentiles, pues esto hace necesario que los buenos enseñadores se hagan la obligación de escudriñar en las Escrituras para así poder enseñar la doctrina que contiene la Verdadera Fe y que aparece definida en el Libro de Apocalipsis como la Fe que identificará a la Iglesia de Dios en el tiempo del Fin, cuando señala: «…Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús…»

El apóstol Pablo en su carta a los Romanos en el capítulo 6 versículo 16, consciente de lo inminente que era ya la amenaza de la Apostasía pregunta lo siguiente: «… ¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?…» Desde el establecimiento de la iglesia Católica Apostólica Romana a finales del siglo V, y luego de la instauración de la Iglesia Luterana a comienzos del siglo XVI, la forma de cristianismo establecida por estas dos entidades se ha diversificado en más de 40.000 subdivisiones, entre las cuales no quedan rasgos de la forma de Fe de la Iglesia Primitiva; es importante tener en cuenta este hecho y recordar la recomendación del Apóstol Juan en su segunda carta a la Iglesia en general, en los versículos 8 y 9, cuando escribiera lo siguiente: «…Mirad por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que hemos obrado, sino que recibamos galardón cumplido. Cualquiera que se rebela y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios, el que persevera en la doctrina de Cristo el tal tiene al Padre y tiene al Hijo…En el diálogo que se estableció entre Jesús y la mujer Samaritana en los días de su Ministerio, según el capítulo 4 del libro de Juan; nos presenta situaciones muy parecidas con personas que queriendo seguir genuinamente al Dios verdadero, por diferentes circunstancias han caído y echaron raíces en lugares equivocados. Recordemos un poco ese encuentro en el momento en que la mujer le dice: «…Señor, paréceme que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde es necesario adorar. Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros Adoráis Lo Que No Sabéis; Nosotros Adoramos Lo Que Sabemos: Porque La Salud Viene De Los Judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en Verdad es necesario que adoren…» Como en nuestros días en aquel entonces había desconocimiento respecto a la Verdad, con la diferencia que en aquel entonces los samaritanos eran descendientes de los pueblos paganos que habían sido traídos a Samaria, luego que los Asirios invadieron el Reino de Israel y deportaron a sus habitantes y, por lo tanto, es comprensible que no se conociera la Verdad; ¡Hoy no! Las causas que impiden que su Iglesia sea una sola y hablemos todos lo mismo es producto de la avaricia y la falsía con que se ha disfrazado la Verdad para convertir la devoción genuina de las personas simples y confiadas, en un vergonzoso negocio que ha concluido en el alejamiento de Dios de la humanidad.

Sin desconocer que a cada persona le cabe una parte de esta responsabilidad cuando toma ligeramente el conocimiento que tiene de Dios y lo restringe a un mero acto de presencia en algunos momentos de su vida por necesidad o costumbre y lo mediatiza sólo ateniéndose a escuchar de vez en cuando, lo que algún ministro o sacerdote dice de las SS.EE. La palabra de Dios es clara: “La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23). Dios nos exige un compromiso real con Su verdad para abrir ante nosotros todas las infinitas posibilidades de sus bendiciones y la vida eterna como dádiva reservada a aquellos que le busquen sinceramente.

«…Así ha dicho Jehová, paraos en los caminos y mirad, preguntad por las sendas antiguas cual sea el buen camino y andad por el, y hallaréis descanso para vuestras almas…» (Jeremías 6:16)…»

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