Existe en la mentalidad del mundo «cristiano moderno» la idea que el mandato bíblico de La Pascua y la Semana Santa del calendario Gregoriano, corresponden a un mismo evento y que la llamada Semana Santa sería en la actualidad la continuidad de la Solemnidad de La Pascua instituida por Dios en los días que Israel estaba cautivo en Egipto. Al preguntar a algunas personas ¿Qué entiende Ud. por Pascua? Algunos respondieron que la Pascua era una fiesta Judía, otros que Pascua era la celebración la resurrección de Nuestro Señor Jesús, el último domingo de Semana Santa; otros, el momento de hacer la Santa Cena, etc.

Desde luego es necesario aclarar varias situaciones al respecto, la primera de ellas, pasa por conocer la etimología del término que nos hará trasladarnos al origen de esta expresión: la Palabra española «Pascua», proviene del Latín «Páscae» que a su vez procede del griego «Pasja» que nos lleva finalmente al Hebreo «Pésaj»; y significa «saltar o pasar por alto». El siguiente paso para aclarar el origen de la Pascua necesariamente nos lleva a introducirnos en la cultura hebrea y escudriñar en las SS.EE. cómo surge en este medio el término en cuestión, en el más fidedigno documento histórico de la nación israelita.

La Biblia entonces nos revela que su origen está en el tiempo del cautiverio de Israel en Egipto cuando Dios determinó liberar a la nación de este flagelo para conducirlo a la tierra de Canaán; este hecho histórico tuvo lugar al comienzo de la primavera del año 1523 A,C. de acuerdo a la cronología bíblica, luego de nueve plagas que no lograran quebrantar la dureza de corazón del Faraón de Egipto, Jehová Dios decretó la pena de muerte de todos los primogénitos en el territorio de Egipto; donde por cierto, también habitaba la familia de Jacob, según escribiera Moisés: «…Jehová ha dicho así: A la media noche yo saldré por medio de Egipto, Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca fue, ni jamás será…» La orden para Israel entonces fue que HABLO Jehová á Moisés y á Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; será este para vosotros el primero en los meses del año. Hablad á toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de aqueste mes tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero por familia: Mas si la familia fuere pequeña que no baste a comer el cordero, entonces tomará á su vecino inmediato á su casa, y según el número de las personas, cada uno conforme a su comer, echaréis la cuenta sobre el cordero. El cordero será sin defecto, macho de un año: tomaréislo de las ovejas ó de las cabras: Y habéis de guardarlo hasta el día catorce de este mes; y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus intestinos. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana y lo que habrá quedado hasta la mañana, habéis de quemarlo en el fuego. Y así habéis de comerlo: ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré á todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y haré juicios en todos los dioses de Egipto. YO JEHOVA. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre, y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando heriré la tierra de Egipto. Y este día os ha de ser en memoria, y habéis de celebrarlo como solemne á Jehová durante vuestras generaciones: por estatuto perpetuo lo celebraréis. (Éxodo 12:1-14) Como se puede leer textualmente este es el origen de Pascua, establecida como un memorial de carácter perpetuo de la noche en que los israelíes fueron librados de la muerte de los primogénitos, con fecha y ritos para la nación de Israel, y que aparece después en el Reglamento de Culto, en Libro de las ordenanzas sacerdotales (Levítico 23:5). Ninguna de las «iglesias cristianas» actuales existía en aquellos días, por supuesto. Sin embargo, en la lectura de las escrituras griegas, se puede ver que a pesar de los siglos transcurridos y aun cuando por algunos períodos, por diferentes razones, Israel no pudo conmemorar este evento, en los días de nuestro Señor Jesucristo, la Pascua estaba absolutamente vigente (Lucas 2:41-52) es en estas circunstancias que concluye el Ministerio de Nuestro Señor y su muerte marca el comienzo de la era Nuevo Pacto. Dos momentos en la vida del Mesías marcan la Pascua en Jerusalén, primero, en los días de la infancia del Hijo de Dios para mostrarnos su vigencia hasta esos momentos y el día que todos conocemos cuando el Hijo de Dios en su condición de Hombre entrega su vida por la humanidad.

Ahora bien, ¿Cómo fue, de acuerdo al relato bíblico, ese día de Pascua para Jesús y sus discípulos y que consecuencias tendría para la humanidad? El apóstol Lucas 22:7-9, lo relata de la siguiente manera: Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua. Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? De acuerdo a este versículo y según lo establecido estaba Cristo con sus discípulos llegando ya al comienzo del día 14 de Abib; el versículo 14 nos señala que llegada la hora Jesús y sus discípulos se sentaron a la mesa y luego de la cena común empieza el gran ceremonial que debería seguir en el futuro, es decir, lavó los pies a sus discípulos, bendijo y repartió el pan y el vino a cada uno de ellos y según el testimonio del apóstol Pablo, en su carta a los Corintios en el capítulo 11:23-26;esos momentos fueron así: «…Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí. Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga…» El sacrificio del cordero que era el elemento central de celebración que hacía el pueblo de Israel, en conmemoración de la liberación de la muerte de los primogénitos en Egipto; como todos lo sabemos, era un símbolo de este momento de la vida del Señor, todo eso aquí tocaba a su fin con la muerte de Cristo ese 14 de Abib, pero Él en su suprema potestad le daba una nueva vigencia y sentido ahora, no como la conmemoración pasada, sino como la Conmemoración de su propia muerte; lo dicen muy claramente las Escrituras; y que daría la oportunidad a millones de personas de conocerle y llega a ser sus hijos, salvándolos de la muerte como consecuencia natural del pecado.

Queda claro que el cordero pascual, y la sangre para marcar los dinteles no iban a ser necesarios en la vida de la Iglesia del Nuevo Pacto ¿Qué queda vigente entonces? El versículo 14 de Éxodo 12 señala que esta santa citación tenía carácter de estatuto perpetuo, y eso no iba a cambiar, de manera que tanto como cuando Cristo lavó los pies a sus discípulos, como relata Juan cap.13, o como cuando repartió el pan ázimo y el vino en Lucas 22:18; reiteró la orden «… haced esto en memoria de mi…» otorgándole un nuevo carácter y formulismo a ésta solemnidad establecida a perpetuidad. Ahora bien; aun cuando el repartir el pan y el vino serían para la Iglesia la forma de testimoniar ante la sociedad, el reconocimiento a la grandeza del sacrificio de Jesús; el capítulo 10 de la 1ª carta del apóstol Pablo a los Corintios en los versículos 16 y 17, lo ratifica:»… La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?. Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan…»; en esta respuesta que él mismo hace, está indicando que además de la simbología anteriormente aludida; el pan que se ha de partir señala que la Iglesia en el mundo entero es un solo cuerpo.

Esto es lo que nos revelan las Escrituras. Este es el sentimiento que todo cristiano verdadero debe abrigar; al momento de Conmemorar La Muerte De Nuestro Señor Jesucristo.

Como lo hemos explicado en otros artículos, ya en los días del apóstol Pablo había particularmente en Roma un grupo de creyentes que se había apartado de la Iglesia Primitiva (1ª Timoteo 1:19 y 20, 2ª Timoteo 2:16-18, cap. 4:14 y 15) y cuando el apóstol nos revela que algunos que se han apartado de la Verdad, podemos descubrir en esa pista cómo es que fueron surgiendo otras formas de adoración , o de culto, que en este caso, salvo la cercanía en las fechas, no tienen mucho que ver con La Solemnidad de La Pascua revelada a la humanidad en el Monte Sinaí y modificada por nuestro Señor Jesucristo en el principio del 14 de Abib para la Iglesia del Nuevo Pacto.

El establecimiento de La Semana Santa, como fiesta de guardar surge recién en el Concilio de Nicea, en el seno de la incipiente Iglesia católica apostólica Romana; es decir, casi tres siglos más tarde de la muerte y resurrección de nuestro Señor. De la veracidad de esta información, la podemos corroborar en la historia de la iglesia católica: En la Web, bajo el título «Semana Santa» aparece la siguiente explicación: “ Para especificar la fecha de este evento, el emperador romano Constantino el Grande estableció, en el primer Concilio de Nicea (año 325 d.C.), una fórmula por la cual se determinaría cuándo caería la celebración de la Semana Santa y ésta sería siempre en el domingo siguiente a la primera luna llena tras la entrada de la primavera (Domingo de resurrección). Se acordó que a la Semana Santa le precedería un espacio de cuarenta días (la Cuaresma) en los que, obligatoriamente, se debía realizar unos actos de sacrificio y penitencia, entre ellos el ayuno y abstinencia. Este periodo comenzaba el Miércoles de ceniza, por lo que esta era la fecha límite (en los siguientes cuarenta días) para poder comer de todo, divertirse y celebrar cualquier tipo de festejo, motivo por el que se popularizó una celebración durante los tres días previos al inicio de la Cuaresma, trasladándose la fiesta y jolgorio de las Saturnales a esa fecha” (para así no hacerla coincidir en diciembre con la Navidad, Sic).

En la historia secular es conocida la disputa acontecida en el año 155, entre el discípulo del apóstol Juan llamado Policarpo y el Obispo Romano Aniceto respecto a porque el incipiente catolicismo había cambiado la conmemoración de la muerte de nuestro Señor Jesucristo el día 14 de Abib por la celebración de la resurrección de Cristo, que según se cree haya acontecido el primer domingo después de la luna llena. El Cristianismo Moderno, debe entonces definirse a quien es necesario obedecer, a un mandato de Dios o a un mandato humano, la posición de Dios al respecto en la voz del profeta Isaías en el capítulo 29:10-13 o en la voz de Jesús en Mateo15:8, hace la siguiente crítica al acomodo de la adoración según conceptos humanos: «…Porque Jehová extendió sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró vuestros ojos: cubrió vuestros profetas, y vuestros principales videntes. Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado. Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer. Dice pues el Señor: Porque este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, mas su corazón alejó de mí, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamiento de hombres…» Las cúpulas de la iglesia católica, por cierto, no tienen que darse cuenta de nada, ellos crearon esta nueva forma de adorar, ellos saben que la institución deliberadamente cambió la Ley de Dios; pero los feligreses que con un corazón limpio y sincero buscan a Dios entre ellos deben darse cuenta que han sido engañados respecto al verdadero camino para llegar a Dios.
De la Pascua Florida, demás está decir que si se quiere hacer entender que se trata de la misma ceremonia instituida por nuestro Señor Jesucristo; obviando sus orígenes paganos en la estrategia de la iglesia romana de mezclar estas fechas impías con la Verdad establecida en las Escrituras dándole un carácter religioso cristiano, se está encubriendo el propósito maligno de hacer más fácil la integración del mundo pagano a la fe «cristiana romana». La historia universal nos muestra con claridad como cada elemento que compone esta celebración, encuentra sus orígenes en el paganismo, en este particular caso el gran festival de la celebración de la llegada de la primavera en el oriente donde el conejo y los huevos eran símbolos de la fertilidad. La Pascua Florida, se integra a la celebración de Semana Santa alrededor del siglo Xll, como un triunfo de la lucha interna del «cristianismo romano» impuesto por la curia y el paganismo vigente en el Imperio. Por cierto, cualquier persona que ve a sus hijos divirtiéndose con esto, puede preguntarse qué tiene de malo al ver la alegría inocente de los niños. Tener momentos de alegría y recreación nunca ha sido contrario a los principios de Dios; lo verdaderamente negativo que esas formas y momentos es que perteneciendo estas costumbres a un culto dedicado a una diosa pagana; han terminado reemplazando las normas establecidas por Dios y la particular reverencia que deben ser para la humanidad esos hechos tan grandiosos como lo es la muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Sólo queda reflexionar profundamente qué significado real puede tener cualquier acto de contrición que realice el mundo llamado creyente o cristiano al intentar vanamente recordar y exaltar el sacrificio hecho por el Hijo de Dios para la humanidad, cuando no lo entendemos a cabalidad, no sabemos su origen real y, por tanto, no entendemos la profundidad de su simbología y la trascendencia que éste tiene para nuestra vida religiosa toda vez que lo que creemos que hacemos correctamente está en contra de los establecido por Dios en las SS.EE. y contaminado de prácticas de origen pagano que nada tienen que ver con su origen y propósito. Debemos conocer a Dios en su plenitud, no es posible que, teniendo la voluntad de acercar a la humanidad hacia el conocimiento de sus principios que encierran la promesa de vida en abundancia, no entregue al mismo tiempo la información necesaria para que el Hombre la encuentre. No somos llamados solamente para ocupar un sitio cómodo en alguna congregación, somos llamados a buscar a Dios con la mente, el corazón y con el alma, lo que requiere de nosotros la permanente inquietud de buscar la Verdad aunque ella esté diametralmente opuesta a lo que por hábito hemos practicado por mucho tiempo.

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